14/2/2008

Una dieta correcta

“Para una dieta correcta, lo primero que hay que recordar es que no debería provocar excitación, no debería intoxicar, no debería ser pesada. Después de comer correctamente no debe­rías sentir pesadez ni somnolencia...

Un gran médico, el doctor Kenneth Walker, ha dicho en su autobiografía que según la experiencia acumulada a lo largo de su vida, la mitad de lo que la gente come llena sus estómagos y la otra mitad llena los estómagos de los médicos. Si comiesen la mitad de lo que comen normalmente, no enfermarían y no ha­bría necesidad de médicos.

Algunas personas enferman porque no tienen suficiente co­mida y otras enferman porque tienen demasiada comida. Algu­nas personas se mueren de hambre y otras de sobrealimentación...

Hay personas cuyas ideas nos provocan una extraña sensa­ción. Hubo un gran emperador llamado Nerón. Tenía dos mé­dicos cuyo trabajo consistía en hacer que vomitara después de cada comida para que pudiera seguir disfrutando de la comida durante quince a veinte veces al día. Comía y después tomaba una medicina que le hacía vomitar para poder volver a disfru­tar de la comida. Pero lo que hacemos nosotros no es muy di­ferente...

La segunda cosa sobre la alimentación es que cuando estás comiendo, tu estado mental es mucho más importante que lo que comes. La comida te afectará de un modo distinto si comes con alegría y felicidad que si comes cuando estás lleno de tristeza y preocupaciones.

Si comes cuando estás en un estado de preocupación, has­ta la comida más sana tendrá un efecto venenoso. Y si comes con alegría a veces es posible que ni siquiera un veneno pueda llegar a afectarte totalmente, es muy probable. Por tanto, es muy importante el estado de tu mente cuando estás comiendo...

¿Qué pasa con tu situacion? Vives preocupado las veinti­cuátro horas del día. Es un milagro que digieras la comida que comes, pero la existencia lo consigue a pesar de ti. Tú no tienes deseos de digerirla. Es un absoluto milagro que se pueda digerir. ¡Y también es un milagro que sigas vivo! Tu mente debería es­tar en un estado de gracia y de dicha.

Pero en vuestras casas, la mesa del comedor está en el esta­do más deprimente. La esposa se pasa todo el día esperando a que llegue el marido y todo el dolor emocional que ha ido acumulando en las últimas veinticuatro horas se desata mientras el marido está comiendo. No sabe que está actuando como si fue­se un enemigo. No sabe que está sirviendo veneno en el plato de su marido.

El marido también tiene miedo y está preocupado después de un largo día de trabajo, engulle la comida y se marcha. No tie­ne ni idea de que este acto que ha realizado tan rápido y del que ha huido debería haber sido un acto de devoción. No es algo que haya de hacerse deprisa y corriendo. Se debería hacer igual que se entra en un templo, igual que uno se arrodilla para rezar, igual que alguien se sienta para tocar su veena, o igual que alguien le canta una canción a su amado. Este acto es incluso más importante: está alimentando su cuerpo. Debería hacerse en un estado de tremenda beatitud; debería ser un acto amoro­so y piadoso.

Cuanto más alegre y feliz, y cuanto más relajada y sin preocupaciones esté una persona al comer, más se convertirá su co­mida en una buena alimentación...

La otra parte de una buena alimentación es, que deberías comer en un estado de paz y alegría. Si no estás en ese estado, es mejor que esperes y no comas nada durante un rato...

A nivel corporal una buena alimentación debería ser sana, no debería estimularte y debería ser no violenta; a nivel psico­lógico la mente debería estar en un estado de dicha, gracia y felicidad; y a nivel del alma debería haber un sentimiento de gra­titud, de agradecimiento. Estas tres cosas convierten a la comida en la alimentación correcta.

Deberías sentir: «Estoy agradecido porque hoy tengo comi­da. He recibido otro día de vida y estoy tremendamente agra­decido. Esta mañana me he despertado y sigo vivo; hoy el sol me ha vuelto a dar su luz; hoy podré ver de nuevo la luna; ¡hoy sigo estando vivo! No era necesario estar vivo, podía haber esta­do en mi tumba, pero de nuevo he vuelto a recibir vida. No me la merezco; la he recibido a cambio de nada». Aunque sólo fuera por este motivo, en tu corazón debería haber un sentimiento de agradecimiento y gratitud. Estás comiendo, estás bebiendo, es­tás respirando, deberías sentirte agradecido por todo esto. De­berías estar agradecido a la vida, al mundo entero, a todo el uni­verso, a la naturaleza, a lo divino: «He recibido un día más de vida. Un día más he vuelto a recibir alimentos. Un día más vuel­vo a ver el sol y las flores. Hoy sigo estando vivo»...

Este sentimiento, este sentimiento de gratitud debería estar presente en todos los aspectos de la vida y particularmente en los relativos a tu dieta. Únicamente así podrá tu dieta convertirse en una buena alimentación”.


Osho, El Libro del Hara. El viaje hacia el centro del ser