29 nov. 2007

Olvida los ayeres, olvida los mañanas. Este es nuestro día; celebrémoslo y vivámoslo.

"Lo que estoy haciendo aquí es multidimensional. No son plenamente­ conscientes de lo que estoy intentando hacer; quizá sólo puedan darse cuenta cuando me haya ido. No estoy intentando darles esperanzas en el futuro --porque eso ha fallado--; estoy intentan­do darles una esperanza en el aquí y ahora. ¿Por qué preocuparse del mañana?... porque el mañana no ayuda....

Estoy intentando hacer que este momento sea de una plenitud, de un contentamiento tan profundo que no haya necesidad de dese­ar vivir. Se necesita el deseo de vivir porque no estás vivo. El deseo te mantiene en alto; tú te vas deslizando cuesta abajo y el deseo te sube. Yo no estoy intentando darte un nuevo deseo de vivir, estoy simplemente intentando enseñarte a vivir sin ningún deseo, a vivir gozosamente. Es el mañana lo que te envenena. Olvida los ayeres, olvida los mañanas. Este es nuestro día; celebrémoslo y vivámoslo. Y sólo con vivirlo serás lo suficientemente fuerte como para, sin la voluntad de vivir, ser capaz de resistir toda clase de enfermedades, todas las actitudes suicidas.

Simplemente estar plenamente vivo es un poder tal que no sólo puedes vivir tú, sino que puedes hacer que otros se inflamen, se enciendan.
Este es un hecho bien conocido. Cuando hay grandes epide­mias, ¿te has preguntado por qué los doctores y las enfermeras y otros no se infectan? Son seres humanos igual que tú, y están des­bordados de trabajo y son más vulnerables a la infección porque están continuamente cansados. Cuando hay una epidemia no pue­des limitarte a una jornada de cinco o seis horas o a una semana de cinco días. Una epidemia es una epidemia; a ella no le importan tus vacaciones o si estás desbordado: tienes que trabajar. La gente tra­baja dieciséis horas, dieciocho horas, cada día, durante meses. Aun así, los doctores, las enfermeras, el personal de la Cruz Roja no se infectan....

No, esas personas están tan implicadas en ayudar a los demás que no tienen ningún mañana. Este momento les concierne tanto que no tienen ningún ayer. No tienen ningún momento para pensar, ni tan siquiera para preocuparse: «Puedo infectarme». Su implica­ción... Cuando hay millones de personas muriendo, ¿puedes pensar en ti mismo, en tu vida, en tu muerte? Toda tu energía está encami­nada a ayudar a la gente, a hacer lo que puedas hacer. Te olvidas de ti mismo, y debido a que te has olvidado de ti mismo no puedes infectarte. La persona que podría infectarse está ausente; no está, porque está completamente implicada en hacer algo, está inmersa en algún trabajo.

No importa si estás pintando o esculpiendo o si estás sirviendo a un ser humano moribundo; no importa lo que estás haciendo, lo que importa es: ¿estás completamente implicado en el aquí y ahora? Si estás implicado en el aquí y ahora estás completamente fuera del área donde es posible infectarse. Cuando estás tan impli­cado tu vida se convierte en una fuerza torrencial. Y ya verás: en un tiempo de epidemia, cuando las personas mueren a cientos, hasta un doctor perezoso se olvida súbitamente de su pereza; un doctor anciano se olvida súbitamente de su edad...
Sólo la meditación puede liberar tu energía aquí y ahora. Y entonces ya no hay ninguna necesidad de ninguna esperanza, de ninguna utopía, de ningún paraíso en parte alguna. Cada momento es un paraíso en sí mismo....".

Osho, De la medicación a la meditación
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Si estás a punto de enfadarte...

"Si estás a punto de enfadarte y la energía ha llegado hasta tu mano para golpear a la persona, para abofetear a la persona, y no la abofeteas sino que continúas sonriendo, la energía se quedará retenida en la mano. No puede regresar, no hay manera. Esa energía se convertirá en una pesada carga en la mano. Destruirá la belleza y la gracia de la mano. Matará a tu mano.
Por tanto, siempre que surja una energía, ve con ella. Si es algo que puede ser peligroso para alguien --por ejemplo, si es ira-- entonces ve a tu cuarto y golpea un cojín. Pero haz algo. No hay necesidad de ser destructivo con nadie, no seas violento con nadie, pero puedes ser violento con una almohada. Tu energía se liberará y sentirás que fluye una energía fresca. Nunca retengas ninguna energía".

Osho, De la medicación a la meditación
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Cada persona es una cara oculta de lo divino

"Amar es el arte de estar con otros. Meditar es el arte de estar contigo mismo. Son las dos caras de la misma moneda. Una persona que no sabe como estar consigo misma no puede relacionarse verdaderamente con otros. Su relación será incómoda, carente de gracia, desagradable, ocasional y accidental. En un momento dado todo va bien y al momento siguiente todo desaparece. Siempre pasará por altibajos; no ganará profundidad. Será muy ruidosa. Con seguridad te dará en que ocuparte, pero no será melodiosa ni te podrá llevar a las cumbres de la existencia o a las profundidades del ser.

Y viceversa: la persona que no es capaz de estar con otros, de relacionarse, le será muy difícil relacionarse consigo misma, porque el arte de relacionarse es el mismo. El hecho de relacionarte con otros o de relacionarte contigo mismo no es muy diferente; es el mismo arte. Estas artes se tienen que aprender en conjunto, simultáneamente; son inseparables. Procura estar con la gente, no de manera inconsciente sino muy conscientemente. Relaciónate con la gente como si estuvieras cantando una canción, como si estuvieras tocando una flauta; cada persona tiene que ser considerada como un instrumento musical. Respétalos, ámalos y venéralos, porque cada persona es una cara oculta de lo divino.

Por tanto, se muy cuidadoso, pon mucha atención. Recuerda qué estás diciendo; recuerda qué estás haciendo. Precisamente las cosas pequeñas destruyen relaciones y las pequeñas cosas hacen las relaciones muy hermosas. A veces una simple sonrisa te abre el corazón de otro; a veces una mirada equívoca de tus ojos cierra al otro; es un fenómeno muy delicado. Piensa en ello como un arte: tal como el pintor es muy cuidadoso con lo que está haciéndole al lienzo, cada simple pincelada va a crear una enorme diferencia. Un pintor de verdad puede cambiar toda una pintura con una sola pincelada.

La vida se tiene que concebir como un arte, con mucha precaución, con mucha deliberación. Por tanto la relación con los demás tiene que convertirse en un espejo: mira lo que estás haciendo, cómo lo estás haciendo y qué está sucediendo. ¿Qué le está sucediendo al otro? ¿ Le estás haciendo su vida más desgraciada? ¿Le estás ocasionando dolor? ¿ Le estás creando un infierno? Entonces aléjate. Cambia tus procedimientos. Haz hermosa la vida que te rodea. Permite que cada persona sienta que un encuentro contigo es un regalo, que sólo por estar contigo algo empieza a fluir, a crecer, algunas canciones empiezan a brotar del corazón, algunas flores empiezan a abrirse. Y cuando estés solo entonces siéntate profundamente silencioso, en completo silencio, y obsérvate a ti mismo.

Así como el pájaro tiene dos alas, permite que el amor y la meditación sean tus dos alas. Crea una sincronía entre ellos de manera que no estén de ninguna manera en conflicto entre ellos, sino que se nutran mutuamente, se cuiden mutuamente, se ayuden mutuamente. Este va a ser tu camino: una síntesis entre el amor y la meditación".

Osho, The Rainbow Bridge
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Observar, observar simplemente, es el arte de la paciencia

"De las 24 horas del día, necesitas estar en silencio durante una hora más o menos, cuando sea conveniente. El diálogo interior seguirá, pero no hagas parte de él.

Escuchar sin involucrarse:

La clave de todo esto está en escuchar la conversación interior simplemente, como si escucharas hablar a dos personas, pero te mantuvieses aparte. No te involucres, simplemente escucha lo que una parte de la mente le dice a la otra. Sea lo que sea, déjalo venir; no intentes reprimirlo. Se solamente un testigo.

Caballos salvajes:

Un montón de basura que has acumulado durante años saldrá a la luz. La mente nunca ha tenido la libertad de tirar esta basura.

Si se le da la oportunidad, la mente corre como un caballo que ha roto las riendas. Déjalo correr. Tú siéntate y observa. Observar, observar simplemente, es el arte de la paciencia. Tú querrás conducir el caballo, dirigirlo en uno u otro sentido, porque éste es un viejo hábito. Tendrás que tener paciencia para romper este hábito.

Donde quiera que vaya la mente, observa únicamente. No trates de forzar una orden, ya que una palabra da lugar a otra y a otra, y a mil más, porque todas las cosas están conectadas.

Que hable tu mente!

Si es posible y te conviene, expresa tus pensamientos en voz alta, de manera que tú también los puedas escuchar, porque en el interior de la mente los pensamientos son muy sutiles y existe el temor de que puede que no seas muy consciente de ellos. Exprésalos en voz alta, y permanece muy alerta y atento a fin de mantenerte bien separado de ellos. Decide expresar lo que te llegue a la mente, pero permanece absolutamente imparcial y neutral.

Es absolutamente necesario vaciar la mente con paciencia durante seis meses, porque durante toda tu larga vida no has hecho más que cargarla de pensamientos. Si persistes con paciencia y diligencia, solo seis meses serán suficientes; de otra manera te puede llevar seis años, o seis vidas! Todo depende de ti y de qué tan sinceramente trabajes en este método con todo tu corazón. Gradualmente, ligeramente, empezarás a escuchar las pisadas del silencio, y a experimentar el arte de escuchar.”

Osho, The True Name
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26 nov. 2007

Toda persona necesita amor, y toda persona necesita también amar

"En muchos sentidos solemos pensar de un modo complejo acer­ca de cosas que son simples. La mayoría de nuestros problemas son muy simples, pero la mente te confunde. Y hay gente que te explota. Hacen que tus problemas sean todavía más complejos.

En una ocasión me trajeron un muchacho. Debía de tener dieciséis o diecisiete años y su familia estaba confusa y preocupada, a pesar de que no había necesidad de que nadie estuviera preocupa­do. El muchacho iba diciendo que se le habían introducido dos moscas en el vientre y que se estaban moviendo por el interior de su cuerpo: ahora estaban en la cabeza, ahora llegaban a la mano.

Le llevaron a los doctores, a los médicos, y ellos decían: «No es una enfermedad». Le miraron por rayos X y no había ni moscas ni nada. Probaron a decirle: «No tienes ninguna mosca».

Pero el decía: «¿Cómo puedo creerles? Las moscas se están moviendo por todo mi cuerpo. ¿Debo creer en mi experiencia o en su explicación?».
Fue sólo por casualidad que alguien me sugirió ante sus padres, así que trajeron al chico. Yo escuché toda la historia. El muchacho parecía muy reacio, terco, porque se estaba cansando de este doctor y de aquel doctor y de que todo lo que decían fuese: «No hay moscas».

Yo dije: -Le habéis traído a la persona adecuada. Yo puedo ver las moscas. El pobre muchacho está sufriendo y vosotros le habéis estado diciendo que es un estúpido.

El muchacho se relajó. Yo le era favorable: había por primera vez una persona que aceptaba su idea de las moscas.

-Sé cómo han entrado --dije--. Debes de haber estado durmiendo con la boca abierta.

El muchacho dijo: -Sí.

-Es algo muy simple --dije--. Cuando duermes con la boca abierta puede introducirse cualquier cosa. Tienes suerte de que sólo hayan entrado moscas. He visto a gente... a quien se le han metido ratas.

-Dios mío, ¿ratas? --dijo él...

-Y no sólo ratas, sino que detrás de las ratas también gatos.

Él dijo: -Esa gente debe de haber tenido muchos problemas. -Así es dije-. Lo tuyo no es nada, tu caso es muy simple; sólo son dos moscas. Nada más túmbate aquí y yo te las sacaré.

Él dijo: -Eres la primera persona que ha mostrado comprensión por un pobre chico. Nadie me escucha. Estoy insistentemente diciendo que están ahí. Les muestro dónde: están aquí, ahora se han trasladado aquí... y todos ellos se ríen y hacen que me sienta un estúpido.
Dije: -Todos ellos son unos estúpidos. No se han cruzado con casos así, pero yo soy un experto en esto. Yo sólo trabajo con gente que duerme con la boca abierta.

-Yo sé que me entiendes --dijo-- porque has reconocido inmediatamente que están ahí, exactamente donde estaban.

Pedí a sus padres que aguardaran fuera de la casa y lo dejaran conmigo durante quince minutos. Le pedí que se tumbara. Le tapé los ojos y le pedí que mantuviera abierta la boca.

Pero él dijo: --¿Y si entran más moscas...?
-No te preocupes -dije-; aquí tengo aire acondicionado y no hay moscas. Tú simplemente túmbate con la boca abierta y yo intentaré persuadir a las moscas para que salgan.

Le dejé allí y corrí alrededor de la casa para cazar un par de moscas de un modo u otro, y por primera vez, porque nunca antes lo había hecho. Pero de algún modo me las arreglé y traje dos mos­cas en una pequeña botella. Y mientras sostenía la botella cerca de su boca, le quité la venda de los ojos y dije: -¡Mira!

Él dijo: -Estas dos pequeñas moscas... ¡pero qué alboroto han organizado! Habían arruinado mi vida. ¿Puedes darme estas mos­cas?

-Puedo, sí --dije, y cerré la botella y se la di--. ¿Qué vas a hacer? -le pregunté.

Él dijo: -Voy a ir a ver a todos esos doctores y médicos que han estado cobrando sin hacer nada y que sólo me decían: «No hay moscas». A todo el que me haya dicho eso... le voy a enseñar que estas son las moscas.

Se curó. Lo único que ocurría es que su mente se había queda­do estancada en una idea. Pero si vas al psicoanalista, él hará una montaña de un grano de arena: tantas teorías, explicaciones... Pasan años y el problema todavía está ahí, porque el problema no se ha tocado. Se pasan el tiempo filosofando acerca del problema y poniendo a prueba su filosofía a costa del pobre paciente.


Pero la mayoría de las enfermedades de la mente --y el seten­ta por ciento de las enfermedades son de la mente-- pueden ser fácilmente curadas. Lo más fundamental es aceptar, no negar; por­que tu negación va contra el orgullo de la persona. Cuanto más nie­gas, más insistirá ella: es simplemente una cuestión de lógica. Estás negando su entendimiento, estás negando su sentir, estás negando su humanidad, su dignidad. Estás diciendo: «No sabes nada». ¡Y es su propio cuerpo!

El primer pasó es aceptar: «Tienes razón. Los que te han nega­do estaban equivocados». E inmediatamente se ha hecho la mitad de la tarea. Ahora hay una relación de simpatía con la persona. Quienes padecen de cualquier problema mental necesitan simpatía; necesitan aprobación, no negación. No quieren verse reducidos a personas trastornadas y dementes. Dales simpatía, dales compren­sión, sé amoroso...

Mi propia comprensión es que toda persona necesita amor, y toda persona necesita también amar. Toda persona necesita amis­tad, amigabilidad, simpatía, y toda persona quiere también dar todo eso.
Esto me recuerda algo: sucedió cuando George Bernard Shaw tenía casi ochenta años. Su doctor --su médico personal-- tenía noventa años y ambos eran grandes amigos.

En una ocasión Bernard Shaw sintió en medio de la noche un dolor repentino en el corazón y se atemorizó: pudiera tratarse de un ataque al corazón. Telefoneó al doctor y dijo: --Ven inmediata­mente porque puede que no vuelva a ver un amanecer.

El doctor dijo: -Resiste. Ya voy, no te preocupes.

El doctor llegó. Había tenido que subir tres tramos de escaleras --¡un anciano de noventa años llevando su maletín!--; estaba sudando.
Fue y puso su maletín en el suelo, se sentó y cerró los ojos. Bernard Shaw le pregunto: -¿Qué sucede?

El doctor se puso la mano sobre su corazón y Bernard Shaw dijo: -Dios mío, ¡tienes un ataque al corazón!-- y vio... a un anciano de noventa años, tres tramos de escaleras en mitad de la noche, y estaba sudando.
Fue y puso su maletín en el suelo, se sentó y cerró los ojos.

Bernard Shaw le preguntó: -¿Qué sucede?
El doctor se puso la mano sobre su corazón y Bernard Shaw dijo: -Dios mío, ¡tienes un ataque al corazón!– Y vio… a un anciano de noventa años, tres tramos de escaleras en mitad de la noche, y estaba sudando.
Bernard Shaw se levantó, comenzó a abanicarlo, le lavó la cara con agua fría, le dio de beber algo de brandy porque la noche era fría, e intentó todo lo que pudo... le cubrió con mantas y se olvidó completamente de su propio ataque al corazón, que era el motivo de que hubiera llamado al doctor.

Después de media hora el doctor se sintió mejor y dijo:
-Ya estoy bien. Este fue un gran ataque al corazón. Es la tercera vez que pasa y pensaba que sería la última, pero tú me has ayu­dado inmensamente. Ahora págame mis honorarios.

-¿Tus honorarios? -dijo Bernard Shaw-. Pero si he estado corriendo y trayéndote cosas y sirviéndote. Eres tú quien deberías pagarme a mí.
El doctor dijo: -Tonterías. Todo esto no fue más que actua­ción. Lo hago con todos los pacientes del corazón y siempre funciona.­ Se olvidan de su ataque al corazón y comienzan a ocuparse de mí, de un anciano de noventa años. Págame mis honorarios. Ha pasado ya de la media noche y tengo que irme a casa.
Y cobró sus honorarios.

Y Bernard Shaw dijo: «Esto es algo grande. Yo solía pensar que era un bromista, pero este doctor es un bromista práctico. Él me trató de veras». El doctor trató su corazón, que estaba perfecta­mente bien. Bernard Shaw se olvidó completamente de él. Era sólo un pequeño dolor que su mente había multiplicado... su temor a un ataque al corazón, la idea de un ataque al corazón, la idea de la muerte lo magnificaron.

Pero el doctor era realmente muy bueno. Consiguió que Bernard Shaw se levantara, que le prestara todos sus servicios, que le diera una copa y, finalmente, tomó sus honorarios y se marchó escaleras abajo. Y Bernard Shaw se quedó completamente descon­certado. «Este hombre dice que ha estado haciendo esto con todos los casos de corazón, y que siempre ha tenido éxito. Precisamente por su edad se las arregla estupendamente. Cualquiera se olvidaría... Cualquier otro doctor habría comenzado a hacer de ello un fenómeno complejo, con inyecciones y medicinas y todo lo demás, le habría recetado un cambio de clima, o una enfermera las veinticuatro horas. Pero ese hombre lo resolvió rápidamente, con celeridad, sin ninguna complejidad»...

He visto toda clase de casos que conciernen a la mente. Todo lo que necesitan es ser abordados con simpatía, amigabilidad y amor...
Todo el mundo parece estar cerrado. Nadie tiene un corazón con las ventanas abiertas. Y nadie tiene las puertas abiertas para dar la bienvenida a un invitado. Toda esta situación crea cosas muy extrañas. Las auténticas necesidades de la mente humana no se satisfacen y entonces la mente empieza a comportarse de formas extrañas....
No veo que haya otra psicoterapia que el amor. Si el psicotera­peuta puede derramar su amor, la enfermedad desaparecerá sin ningún análisis....
Los problemas son simples. Las soluciones son simples. Basta con que uno salga fuera de la mente para ver su simplicidad. Y entonces cualquier cosa hecha por un hombre de silencio, de paz, de alegría será medicinal, será una difusión de salud. Será una fuer­za sanadora".

Osho, De la medicación a la meditación
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24 nov. 2007

La vida sucede sim­plemente aquí y ahora. Vívela. Vívela totalmente, vívela conscien­temente, vívela gozosamente y te sentirás plenamente satisfecho

Pregunta:
Siempre he sentido la necesidad de algunas pequeñas recom­pensas al final del día: unas cervezas, cigarrillos, drogas. Ahora nada de ello me aporta satisfacción, y sin embargo el deseo de algo, de alguna forma de gratificación, subsiste. ¿Qué es este anhelo y que puede satisfacerlo?

"Nada lo satisfará. Hay que comprender el sutil mecanismo del deseo. El deseo funciona de la siguiente forma: el deseo te pone una condición para ser feliz: «Seré feliz si puedo conseguir este coche, esta mujer, esta casa». El cumplimiento del deseo eli­mina esa condición para tu felicidad. Al colmarse el deseo te sien­tes bien. En realidad lo único que has hecho es eliminar un impedi­mento innecesario para tu felicidad, pero no tardarás en encontrar­te pensando: «Si puedo crear de nuevo ese impedimento, entonces lo eliminaré y volveré a sentir el mismo alivio, volveré a sentirme bien». Por eso los deseos, incluso al colmarlos, nos llevan una y otra vez a la creación de nuevos deseos.


¿Lo entiendes? Primero pones una condición. Dices: «A menos que consiga esta mujer no voy a ser feliz. Solamente puedo ser feliz con esta mujer». Entonces empiezas a esforzarte para conseguir esa mujer. Cuanto más difícil es, mayor es tu entusiasmo y tu desaso­siego.

Cuanto más difícil es, mayor es el desafío. Cuanto más difícil es, mayor es tu empeño, mayor tu disposición en apostar. Y, por supuesto, mayores las esperanzas y mayor el deseo de poseer la mujer. Siendo tan difícil debe ser algo extraordinario --piensas, por eso es tan difícil, por eso cuesta tanto. Persigues a la mujer hasta que un día la consigues. El día que la consigues la condición ha sido eliminada. «Si consigo esta mujer seré feliz», pensaste. Tú fuiste quien puso la condición. Al conseguir a la mujer te relajas: la persecución ha terminado, lo has conseguido; el resultado está en tus manos, te sientes bien. Te sientes bien gracias al alivio de haber­lo conseguido.

Un día me encontré a Mulla Nasrudin con aspecto de estar sufriendo mucho y le pregunté:

-¿Qué te pasa? ¿Tienes dolor de estómago?, ¿tienes dolor de cabeza?, ¿te duele algo? ¿Qué te pasa? Pareces estar sufriendo mucho.

-Los zapatos que estoy usando son demasiado pequeños -–me respondió.

-¿Por qué los usas?

-Porque este es el único alivio que consigo al final del día: Sacarme los zapatos. Esta es mi única alegría, por eso no puedo prescindir de estos zapatos. Son una talla demasiado pequeña, usar­los es un verdadero infierno; pero por la noche, al sacármelos, me dan el paraíso. Cuando llego a casa y me saco los zapatos y me arrellano en mi sofá, me digo: «Por fin he llegado». Es muy pla­centero.

Eso es lo que estás haciendo. Creas sufrimiento, angustia, per­secución, desasosiego; hasta que un día llegas a casa, te quitas los zapatos y exclamas: «¡Por fin; por fin lo conseguí! He llegado». ¿Pero cuánto tiempo dura? El alivio dura sólo unos instantes. Entonces empiezas a desear de nuevo.

Ahora esta mujer ya no sirve, porque la has conseguido. No puedes volverla a poner como condición. Ya no puedes volver a decir: «Si consigo esta mujer seré feliz», porque ya la has consegui­do. Ahora empiezas a mirar a otras mujeres: «Si consigo esa otra mujer...». Ahora conoces el truco: primero tienes que poner una condición para ser feliz, entonces tienes que cumplir la condición desesperadamente hasta el día que llega el alivio...

Esto es fútil. Una persona con entendimiento se da cuenta que no hay ninguna necesidad de poner condiciones. Tú puedes ser feliz incondicionalmente. ¿Qué necesidad hay de calzarse unos zapatos pequeños para sufrir con el fin de conseguir un alivio? ¿Por qué no sentir siempre el alivio? Pero entonces no lo sientes, ese es el pro­blema. Para sentirlo necesitas el contraste. Estarás contento, pero no lo sentirás.

La definición de un hombre feliz es ésta: un hombre realmente feliz es aquél que no sabe nada acerca de la felicidad, que nunca oyó nada acerca de ella. Es tan feliz, tan incondicionalmente feliz, que, ¿cómo puede saber que es feliz? Sólo la gente infeliz dice: «Soy feliz, todo me va estupendamente». Esta es la gente infeliz. La persona feliz ¡no sabe nada acerca de la felicidad. Simplemente está ahí, siempre está ahí. Es como la respiración....

La felicidad está aquí y ahora; no requiere de ninguna condi­ción. La felicidad es natural. Simplemente date cuenta. No pongas condiciones a tu felicidad. Sé feliz sin ninguna razón. Para ser feliz no hace falta encontrar ninguna razón, ninguna causa. Simplemente sé feliz. Si no puedes ser feliz, no lo dificultes poniendo condicio­nes...

Pero tú dices: «Solamente seré feliz el día que esa magnífica casa sea mía». Estás poniendo una gran condición. Necesitarás años para colmarla, te agotarás, y de aquí a que consigas el palacio de tus sueños te faltará poco para morir. Eso es lo que ocurre. Has malgastado toda tu vida, y tu magnífica casa se convertirá en tu tumba. Dices: «A menos que tenga un millón de dólares no voy a ser feliz». Entonces tendrás que trabajar y desperdiciar toda tu vida. Mulla Nasrudin es mucho más inteligente: pon condiciones pequeñas y sé tan feliz como quieras.

Y si tienes entendimiento, no hay necesidad de poner ninguna condición. Simplemente ve el quid de la cuestión: que crear condi­ciones no crea la felicidad; sólo te ofrece un alivio. Pero el alivio no es permanente, ningún alivio puede ser permanente. Solamente dura unos instantes.

¿No lo has observado una y otra vez? Querías comprarte un coche; el coche está estacionado en tu porche, durante unos instan­tes eres feliz. ¿Cuánto tiempo dura esa felicidad? Mañana será un coche viejo. Todo el vecindario lo ha visto y lo ha apreciado; ¡se acabó el asunto! Ahora ya no le interesa a nadie, nadie habla de ello. Por eso los fabricantes de automóviles tienen que sacar nue­vos modelos cada año, para que puedas tener nuevas condiciones...

La gente anhela cosas únicamente para tener un alivio, pero el alivio siempre está disponible. ¿Has oído la siguiente historia?:

Un mendigo estaba recostado bajo la sombra de un árbol cuan­do a un hombre rico se le estropeó el coche. Mientras el chofer esta­ba reparando el coche, el hombre rico vio al mendigo haciendo la siesta. Era un día hermoso, soplaba una brisa fresca. El hombre rico se sentó junto al mendigo y le dijo:

-¿Por qué no trabajas?

-¿Para qué? -le preguntó el mendigo.

El hombre rico se sintió un poco incómodo: -Para tener un buen saldo en tu cuenta bancaria.

Pero el mendigo le volvió a preguntar: -¿Para qué?

El hombre rico se irritó: -¿Para qué? Para que cuando seas viejo puedas retirarte y descansar.

¡Ya estoy descansando ahora! --dijo el mendigo--. ¿Por qué esperar a viejo? ¿Para qué todo este absurdo de ganar dinero para tener un buen saldo bancario para finalmente descansar. ¡Ya estoy descansando ahora! ¿Por qué esperar?

¿Por qué has de esperar a que llegue la noche? ¿Por qué espe­rar por una cerveza? ¿Por qué no bebes agua y la disfrutas?...

Puedes beber agua con tal entusiasmo, con tal devoción, que se convierta en vino. En la ceremonia zen del té, es tal la ceremonia, es tal la presencia que incluso el té se convierte en algo extraordi­nario: el té ordinario se transforma. Los actos ordinarios pueden transformarse; un paseo matinal puede ser embriagador. Y si un paseo matinal no puede convertirse en algo embriagador es que hay algo en ti defectuoso. El simple hecho de observar una rosa puede ser embriagador. Si una rosa no puede embriagarte, nada puede embriagarte. Mirar los ojos de un niño puede ser embriagador.

Aprende cómo vivir el instante gozosamente. No busques resul­tados, no los hay. La vida no va a ninguna parte, no tiene objetivos. La vida no es un medio para lograr una meta. La vida sucede sim­plemente aquí y ahora. Vívela. Vívela totalmente, vívela conscien­temente, vívela gozosamente y te sentirás plenamente satisfecho..."


Osho, De la medicación a la meditación
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Ser rico y no ser pobre es un gran arte. Ser rico siendo pobre es el otro aspecto del arte

     "...Cuando el hombre alcanza sus preciosos objetivos, entonces se da cuenta que hay muchas cosas alrededor de ellos. Por ejemplo, tal vez te hayas esforzado toda la vida en ganar dinero creyendo que el día que lo consigas podrás vivir relajadamente. Pero has estado tenso durante toda tu vida, la tensión se ha convertido en tu disciplina, y al final de tu vida, cuando has conseguido todo el dinero que querías, no puedes relajarte. En consecuencia no eres un ganador, eres un perdedor. Pierdes tu apetito, destruyes tu salud, destruyes tu sensibilidad, destruyes tu sentido de la estética porque no tienes tiempo para todas esas cosas que no producen dinero.
     Estás corriendo detrás del dinero: ¿quién tiene tiempo para contemplar las rosas?, ¿quién tiene tiempo para contemplar el vuelo de los pájaros?, ¿quién tiene tiempo para contemplar la belleza de los seres humanos? Todas esas cosas las estás posponiendo para cuando tengas todo, entonces te relajarás y disfrutarás... Pero de aquí al día que tengas todo te habrás vuelto un cierto tipo de persona: alguien ciego a las rosas, alguien ciego a la belleza, alguien que no puede disfrutar de la música, alguien que no puede entender la danza, alguien que no puede entender la poesía, alguien que solamente puede entender el dinero. Pero ese dinero no da la satisfacción.
     Esa es la causa de la depresión. Esa es la razón por la cual solamente hay depresión en los países desarrollados y entre las clases más ricas de los países desarrollados --en los países desarrollados también hay pobres, pero no padecen depresiones--, y ahora ya no puedes dar una esperanza a esa persona que haga desaparecer su depresión, porque ya tiene todo, más de lo que tu puedes prometerle. Su situación es realmente lamentable. Nunca pensó en las implicaciones, nunca pensó en las consecuencias, nunca pensó en lo que perdería ganando dinero. Nunca pensó que perdería todo lo que podía haberle hecho feliz; dejó de lado todas esas cosas. No tenía tiempo, la competencia era atroz y tenía que ser insensible. Y al final descubre que su corazón ha muerto, que su vida no tiene sentido. No ve ninguna posibilidad de cambio en el futuro, porque: «¿Qué otra cosa hay...?».
     Cuando visitaba Sagar, solía ser huésped de un hombre muy rico; era el mayor productor de bidis de la India. Tenía todo lo que puedas imaginar, pero era absolutamente incapaz de disfrutar de nada. Hay que aprender a disfrutar de las cosas. Se requiere una cierta disciplina, un cierto arte; el contacto con las grandes cosas de la vida requiere tiempo. Pero el hombre que persigue el dinero pasa por delante de todo aquello que es una puerta a lo divino, y llega al final del camino y delante de él no hay nada excepto la muerte.
     Toda su vida fue miserable. Lo toleraba, lo ignoraba, con la esperanza de que las cosas cambiarían. Hasta que ya no puede seguir ignorándolo y tolerándolo porque mañana sólo está la muerte y nada más. Y toda la miseria ignorada acumulada durante toda una vida, todo el sufrimiento que ha ignorado explota en su ser.
     El hombre más rico es, en el fondo, el hombre más pobre. Ser rico y no ser pobre es un gran arte. Ser rico siendo pobre es el otro aspecto del arte. Hay gente pobre en la que encontrarás una inmensa riqueza. No tienen nada, pero son ricos. Su riqueza no es material, su riqueza es su ser, sus experiencias multidimensionales. Y hay gente rica que tiene de todo pero que es absolutamente pobre, vacía. En su interior sólo hay un cementerio...
     Lo principal en la vida es encontrarle el sentido al momento presente.
El aroma básico de tu ser debería ser de amor, de alegría, de celebración. Entonces puedes hacer cualquier cosa; el dinero no lo destruirá. Pero dejas todo de lado corriendo detrás del dinero, creyendo que el dinero puede comprado todo. Y entonces un día descubres que no puedes comprar nada y que has consagrado toda tu vida al dinero...
     En occidente, al final, el camino simplemente concluye. Puedes regresar, pero volver atrás no te ayudará en tu depresión. Necesitas, una nueva dirección. Gautama Buda, Mahavir y Parshvanath llegaron a la cúspide de la riqueza y vieron que era una carga. Hay que encontrar algo más antes de que la muerte te alcance. Ellos fueron lo suficientemente valientes como para renunciar a todo. Su renuncia ha sido mal interpretada. Renunciaron a todo porque no querían preocuparse ni un instante más por el dinero o por el poder, porque vieron que en la cúspide no hay nada. Llegaron al peldaño más alto de la escalera y descubrieron que no conduce a nada; es solamente una escalera que conduce a ninguna parte. Mientras te encuentras a medio camino, o más abajo de la mitad, tienes esperanza porque hay otros peldaños por encima tuyo. Pero llega un momento en que alcanzas el peldaño más alto y sólo te queda la posibilidad del suicidio o la locura... o la hipocresía: sigues sonriendo hasta que la muerte te acalla, aunque en tu interior sabes que has desperdiciado tu vida...
     En occidente la gente que está deprimida va al psicoanalista, al terapeuta y a toda clase de charlatanes que están más deprimidos que sus pacientes. Es natural, ya que están todo el día oyendo hablar de depresiones, desesperaciones y carencias de sentido... Viendo a tanta gente con talento en un estado tan lamentable, ellos mismos empiezan a perder el ánimo. No pueden ayudar; ellos mismos necesitan ayuda....
     Yo no enseño renuncia a la riqueza o a ninguna otra cosa. Deja las cosas tal como están. Solamente añade a tu vida una cosa más. Hasta ahora has estado añadiendo a tu vida nada más que cosas. Añade ahora algo a tu ser, y eso hará que suene la música, eso hará el milagro, eso creará la magia, eso creará un nueva sensación, una nueva juventud, una nueva frescura.
     No es irremediable. El problema es grande, pero la solución es muy simple".

Osho, De la medicación a la meditación
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El infierno es cuando estás tenso, el cielo es cuando estás relajado. La relajación total es el paraíso

Pregunta: 
¿Puedes hablar acerca de la relajación? Estoy percibiendo tensión dentro de mí y sospecho que probablemente nunca me he relajado totalmente.

Respuesta de Osho:


"La relajación total es lo definitivo. Ese es el momento en que uno se vuelve un Buda. Ese es el instante de la realización, de la ilu­minación, de la consciencia crística.


Ahora mismo no puedes relajarte totalmente; en tu interior per­sistirá la tensión. Pero empieza a relajarte. Empieza por la circun­ferencia; ahí es donde estamos, y solamente podemos empezar desde donde estamos. Relaja la circunferencia de tu ser, relaja tu cuerpo, relaja tu comportamiento, relaja tus actos. Camina de forma relajada, come de forma relajada, escucha de forma relajada... Reduce la velocidad de cada proceso. No tengas prisa. Muévete como si toda la eternidad estuviese a tu disposición. De hecho está a tu disposición; estamos aquí desde el principio y vamos a estar aquí hasta el final, si es que hay principio y hay final...

Tensión significa: prisa, miedo, duda. Tensión significa un esfuerzo constante en protegerse, en buscar seguridad. Tensión sig­nifica preparar el mañana ahora... temeroso de que pasado mañana no serás capaz de afrontar la realidad; ¡así que prepárate! Tensión significa que el pasado --un pasado que no has vivido realmente sino solamente pasado de largo-- está en el aire, te envuelve, es como una resaca.


Recuerda algo fundamental acerca de la vida: cualquier expe­riencia que no haya sido vivida persistirá, te asediará: «¡Acábame! ¡Víveme! ¡Complétame!». Hay una cualidad intrínseca en toda experiencia que quiere ser acabada, completada, y tiende a ello. Una vez completada se evapora; incompleta, persiste, te mortifica, te persigue, atrae tu atención. Te dice: «¿Qué vas a hacer conmigo? Sigo sin completar: ¡complétame!».

Todo tu pasado te asedia porque no lo has completado, no lo has vivido realmente, lo has vivido parcialmente, a medias, tímida­mente. No ha habido intensidad, pasión. Has vivido como un sonámbulo. Por eso el pasado te asedia y el futuro te asusta. Y entre el pasado y el futuro se estruja tu presente, la única realidad.


Tendrás que relajarte desde la circunferencia. El primer paso de la relajación es el cuerpo. Recuerda mirar dentro del cuerpo tantas veces como te sea posible para ver si estás acarreando alguna tensión en alguna parte: en el cuello, en la cabeza, en las piernas. Relájala conscientemente. Simplemente céntrate en esa parte del cuerpo y persuádela, dile amorosamente: «¡Relájate!».


Te sorprenderá comprobar que si te aproximas a alguna parte de tu cuerpo, te escucha, te sigue; ¡es tu propio cuerpo! Cierra los ojos y adéntrate en tu cuerpo --desde los dedos de los pies a la cabeza­ en busca de dondequiera que haya tensión. Entonces háblale a esa parte amistosamente; deja que haya un diálogo entre tú y tu cuerpo. Dile que se relaje; dile: «No temas, no hay nada que temer. Estoy aquí para cuidarte; puedes relajarte». Poco a poco aprenderás el truco. Entonces el cuerpo se volverá más relajado.


El siguiente paso es un poco más profundo: es decirle a la mente que se relaje. Y si el cuerpo escucha, la mente también escucha; pero no puedes empezar con la mente, tienes que empezar desde el principio. No puedes empezar por la mitad. Mucha gente empieza con la mente y fracasa; fracasan porque empiezan desde un punto equivocado. Todo tiene que hacerse en su debido orden.


Si eres capaz de relajar tu cuerpo voluntariamente serás capaz de ayudar a tu mente a que se relaje voluntariamente. La mente es un fenómeno más complejo. Una vez que adquieras la confianza de que el cuerpo te escucha, ganarás una nueva seguridad en ti mismo.
Ahora incluso la mente puede escucharte. Requerirá un poco más de tiempo, pero sucederá.


Cuando la mente esté relajada, empieza a relajar el corazón --el mundo de los sentimientos, las emociones--, que es incluso más complejo, más sutil. Pero ahora te moverás con una gran confianza en ti mismo. Ahora sabes que es posible. Si es posible con el cuer­po y con la mente, también es posible con el corazón. Y solamente entonces, cuando has pasado por estos tres pasos, puedes dar el cuarto paso. Ahora puedes adentrarte en el centro de tu ser el cual está más allá de tu cuerpo, de tu mente y de tu corazón-, el propio centro de tu existencia. Y también serás capaz de relajarlo.
Y esa relajación te traerá, con toda seguridad, el mayor gozo posi­ble, el éxtasis supremo, la aceptación. Estarás lleno de gozo y feli­cidad. Tu vida albergará la cualidad de una danza.


Toda la existencia es una danza, excepto el hombre. Toda la existencia forma parte de un movimiento muy relajado. El movimiento está ahí, ciertamente, pero es un movimiento totalmente relajado. Los árboles están creciendo, los pájaros están cantando, los ríos están fluyendo, las estrellas están moviéndose: todo está moviéndose de forma muy relajada... sin prisas, sin agobios, sin desperdicios --excepto el hombre--. El hombre ha caído víctima de su propia mente...


Empieza por el cuerpo, y poco a poco adéntrate más profunda­mente. Y no empieces con algo a menos que hayas resuelto los pre­liminares. Si tu cuerpo está tenso, no empieces con la mente. Espera. Trabaja con el cuerpo. Esas pequeñas cosas son muy importantes.


Caminas a un cierto ritmo; se ha vuelto un hábito, algo automá­tico. Trata de caminar lentamente... Buda solía decir a sus discípu­los: «Caminad muy lentamente, dad cada paso conscientemente».
Si puedes dar cada paso conscientemente, caminarás lentamente. Si andas con prisas, corriendo, te olvidarás de estar consciente. Por eso Buda camina muy lentamente.
Trata de caminar lentamente y te sorprenderás: una nueva per­cepción empieza a manifestare en el cuerpo. Come despacio y te sorprenderás de sentir una profunda relajación. Haz todo lentamen­te, simplemente para cambiar los viejos hábitos, para salirte de los viejos hábitos....


La relajación es uno de los fenómenos más complejos, ricos y multidimensionales. Todas estas cosas forman parte de ello: soltar­se, confiar, entregarse, amar, aceptar, fluir, unión con la existencia, disolución del ego, éxtasis. Todo ello forma parte de la relajación, y todo ello empieza a suceder si aprendes a relajarte.


Tus presuntas religiones te han vuelto muy tenso, porque han creado remordimientos dentro de ti. Todo mi esfuerzo consiste en ayudarte a que te deshagas de todos tus remordimientos y de todos tus miedos. Me gustaría decirte: no existen ni el cielo ni el infier­no. Así que no temas al infierno y no ambiciones el cielo. Lo único que existe es este momento. Tú puedes hacer de este momento un cielo o un infierno --eso es cierto-, pero no hay un cielo o un infierno en ninguna otra parte. El infierno es cuando estás tenso, el cielo es cuando estás relajado. La relajación total es el paraíso".


Osho, De la medicación a la meditación

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22 nov. 2007

Muere con una sonrisa en tu rostro, una sonrisa de agradecimiento, de gratitud por todo lo que la vida te ha dado

Pregunta:
La semana pasada supe que tengo cáncer. Desde entonces, excepto durante unos pocos momentos de miedo y pánico, he sentido que una profunda calma y relajación llegaba a mi ser. ¿Es la calma de la aceptación o es que he dado ya por perdida mi vida?

     "... Pero para el hombre que llega a saber que el cáncer va a golpe­arle al cabo de siete días todo en la vida se torna insignificante. Todas las urgencias desaparecen. Estaba pensando en construirse un hermoso lugar: toda la idea desaparece. Estaba preocupado por la tercera guerra mundial: ya no se preocupa más. No le importa. Lo que suceda después de que desaparezca no tiene importancia, sólo tiene siete días para vivir.Si está un poco alerta durante esos siete días puede llegar a vivir setenta años o setecientos años o toda la eternidad; porque ahora la meditación se vuelve una prioridad, el amor se vuelve una prioridad... la danza, el regocijo, la experiencia de la belleza, todo eso que nunca antes había sido una prioridad. Durante esa semana la luna llena nocturna será una prioridad, porque nunca verá de nuevo la luna llena. Esta es su última luna llena. Ha vivido durante años: las lunas han venido y se han ido, y nunca se preocupó de ellas; pero ahora tiene que tomársela en serio. Esta es la última luna, esta es la última oportunidad de amar, esta es la última oportunidad de ser, esta es la última oportunidad de experimentar todo lo que es hermoso en la vida. Y ya no dispone de energía para la rabia, para luchar. Puede posponerlo; puede decir: «Después de una semana te veré en el juzgado, pero déjame esta semana de vacaciones».

     Sí, al principio sentirás tristeza, desesperación de que la vida se te deslice entre las manos. Pero siempre ha estado deslizándose entre tus manos ya sea que te dieras cuenta o no. Se desliza entre las manos de todo el mundo, ya sea que se den cuenta o no. Tú eres afortunado por saberlo.

     Esto me recuerda a un gran místico: Eknath. Un hombre había estado acudiendo a él durante años. Un día fue por la mañana tem­prano, cuando no había nadie, y le dijo a Eknath:

     -Perdóname, por favor. He venido temprano para que no hubiera nadie más, porque voy a hacerte una pregunta que siempre quise hacerte pero me sentía tan azorado que la contenía.
     Eknath dijo: -No hay motivo para estar azorado. Podías haber­me hecho cualquier pregunta en cualquier momento. Siéntate aquí.
     Así que se sentaron en el templo y el hombre dijo:
     -Me resulta difícil; ¿cómo plantearla? Mi pregunta es que he venido a verte durante años y nunca te he visto triste, frustrado. Nunca te he visto ansioso ni en ningún estado de inquietud. Siempre estás feliz, siempre satisfecho, contento. No puedo creer­lo. Mi mente dubitativa me dice: «Este hombre está aparentando». He estado batallando con mi mente, diciéndole que no se puede disimular durante años y años. Me he dicho: «Si está aparentando, intenta hacerlo tú». Y lo he intentado durante cinco minutos, siete minutos como máximo, y me he olvidado de ello. Llegan las preo­cupaciones, llega la rabia, llega la tristeza, y si no viene nada ¡entonces llega mi esposa!... y todas mis pretensiones desaparecen. ¿Cómo te las arreglas día tras día, mes tras mes, año tras año? Siempre he visto en ti la misma dicha, la misma gracia. Por favor, perdóname, pero persiste en mí la duda de que estás aparentando. Tal vez sea que no tienes una esposa; esa parece ser la única dife­rencia entre tú y yo.
     Eknath dijo: -Muéstrame tu mano.
     Tomó su mano entre las suyas, la miró y se puso muy serio.
     El hombre dijo: -¿Hay algo mal? ¿Qué sucede? -Se olvidó de todas sus dudas y de sus pretensiones y de Eknath.
     Eknath dijo: -Antes de responder a tu pregunta, te diré que he visto que tu línea de la vida se acaba... sólo te quedan siete días más. Quería decírtelo en primer lugar porque podría olvidarme. Una vez haya comenzado a responder a tu pregunta podría ser que me olvidara.
     El hombre dijo: -Ya no estoy interesado en la pregunta ni estoy interesado en la respuesta. Sólo ayúdame a sostenerme en pie.
     Era un hombre joven. Eknath dijo:
     -¿No puedes sostenerte en pie?
     -Siento que se me ha ido toda la energía -dijo el hombre.
Sólo siete días, y tenía tantos planes... todo se ha hecho añicos. ¡Ayúdame! Mi casa no está lejos, llévame a mi casa.
     Eknath dijo: -Puedes irte. Puedes caminar. Has venido caminando perfectamente bien hace apenas unos instantes.
     El hombre intentó incorporarse; parecía como si le hubieran arrebatado toda su energía. Y cuando estaba bajando las escaleras parecía como si hubiera envejecido súbitamente: tenía que apoyar­se en la barandilla. Mientras se alejaba por la carretera parecía que fuera a caerse en cualquier momento, estaba caminando como un borracho. Pero se las arregló para llegar a su casa.
     Todo el mundo se estaba levantando -era por la mañana, muy temprano- y él se fue a dormir. Todos le preguntaron: -¿Qué sucede? ¿Estás enfermo, no te encuentras bien?
     El dijo: -Ahora ni siquiera me importa la enfermedad. El que me sienta bien o no es irrelevante. Mi línea de la vida se ha acaba­do, sólo me quedan siete días. Hoy es domingo; el próximo domingo, cuando se ponga el sol, me habré ido. ¡Ya casi me he ido!
     Todos en la casa se pusieron tristes. Los parientes comenzaron a reunirse, los amigos... porque Eknath nunca había dicho una men­tira, era un hombre de palabra. Si él lo había dicho, la muerte era cosa segura. Al séptimo día, justo antes de que se pusiera el sol, la esposa estaba llorando y los niños estaban llorando y los hermanos estaban llorando y el anciano padre y la anciana madre habían perdido el conocimiento. Eknath llegó a la casa y todos le dijeron:
     -Has llegado justo a tiempo. Bendícele; está a punto de emprender el viaje hacia lo desconocido.
     En esos días el hombre había cambiado mucho; hasta Eknath tuvo que hacer un esfuerzo para reconocerle. Era un puro esquele­to. Eknath le sacudió; él intentó abrir los ojos. Eknath dijo:
     -He venido a decirte que no vas a morir. Tu línea de la vida es todavía lo suficientemente larga. Te dije que ibas a morir al cabo de siete días como respuesta a tu pregunta. Esa fue mi respuesta.
     El hombre se incorporó de un salto diciendo:
     -¿Esa fue tu respuesta? ¡Dios mío! Ya casi me habías matado.
     Estaba mirando por la ventana viendo el sol, y cuando se hubiera puesto me habría muerto.
     Hubo un gran regocijo, pero el hombre preguntó:
     -¿Qué clase de respuesta es esta? Esta clase de respuestas pueden matar a la gente. ¡Pareces un asesino! Creemos en ti y tú sacas partido de nuestra fe.
     Eknath dijo: -Excepto esa respuesta, nada habría podido ayu­darte. He venido a preguntarte: durante estos siete días, ¿te has peleado con alguien, te has enfadado con alguien? ¿Has ido a los juzgados?, que es tu práctica habitual; todos los días se te encuen­tra en los juzgados.
     Y es que él era un hombre de esa clase, ese era su negocio. Estaba dispuesto a atestiguar hasta en casos de asesinato; bastaba con que se le pagara lo suficiente. Fue testigo en un juicio por ase­sinato, y el juez sabía que este hombre no podía haber visto nada. ­Era un testigo profesional.
     Eknath preguntó: -¿Qué le ha pasado a tu negocio? En estos siete días, ¿cuántas veces has atestiguado?, ¿cuánto has ganado?
     Él dijo: -¿De qué estás hablando? No me he movido de la cama. No he comido, no tenía apetito ni sed. Estaba casi muerto. No sentía ninguna energía, ninguna vida en mí.
     Eknath dijo: -Ahora levántate, ya es hora. Date un buen baño, come bien. Mañana tienes un caso en el juzgado. Continúa con tu trabajo. Y yo he respondido a tu pregunta, porque desde que me di cuenta de que todo el mundo tiene que morir... Y la muerte puede llegar mañana; tú tuviste siete días. Yo no tengo ni siquiera siete días; puede que mañana no vuelva a ver salir el sol. Yo no tengo tiempo para estupideces, para estúpidas ambiciones, para la codi­cia, para la rabia, para el odio. Simplemente no tengo tiempo, por­que mañana puede que no esté aquí. En este pequeño lapso de tiempo puedo regocijarme en las bellezas de la existencia, en las bellezas de los seres humanos. Si puedo compartir mi amor, si puedo com­partir mis canciones puede que la muerte no sea dura conmigo.

     He oído de los antiguos que aquellos que saben morir, automá­ticamente saben vivir. Su muerte es algo hermoso porque sólo mue­ren exteriormente; interiormente el viaje de la vida continúa.

     El que hayas llegado a saber que tienes cáncer ciertamente habrá sido impactante, te traerá tristeza y desesperación. Pero eres uno de mis sannyasins; tienes que hacer de esto una oportunidad para que se produzca una gran transformación en tu ser. Estos pocos días que estés aquí deberían ser días de meditación, de amor, de compasión, de amistad, de juegos, de risa. Y si puedes hacer eso serás recompensado con una muerte consciente. Esa es la recom­pensa a una vida consciente....
     Acepta que la muerte es sólo parte de tu vida, y acepta el hecho de que hayas llegado a saberlo antes de tiempo. De otro modo la muerte llega y tú no puedes escuchar sus pisadas, los sonidos de la muerte aproximándose. Es por eso que te dije que eres afortunado: la muerte ha llamado a tu puerta siete días antes. Utiliza estos días con profunda aceptación. Haz de estos siete días el mayor disfrute posible; que sean siete días de risas. Muere con una sonrisa en tu rostro, una sonrisa de agradecimiento, de gratitud por todo lo que la vida te ha dado...."

Osho, De la medicación a la meditación
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19 nov. 2007

Cómo podemos relajarnos mientras estamos trabajando

Pregunta:
¿Te he oído hablar acerca de la importancia de la relajación. ¿Pero cómo podemos relajarnos mientras estamos trabajando?

"La sociedad está concebida para el trabajo. Es una sociedad adicta al trabajo. No le interesa que aprendas a relajarte. Por eso desde la infancia te impregna de ideas antirrelajación.

No te estoy diciendo que debas relajarte durante todo el día. Haz tu trabajo, pero guárdate un tiempo para ti mismo, y ello sólo puedes lograrlo con la relajación. Si puedes relajarte durante una o dos horas cada 24, te sorprenderá la profunda percepción que obtendrás de ti mismo. Cambiará tu comportamiento externo: te volverás más tranquilo, más sosegado. Cambiará la calidad de tu trabajo: será más armónico, más artístico. Cometerás menos errores de los que solías cometer anteriormente, porque ahora estás más integrado, más centrado. La relajación tiene poderes milagrosos.

No es holgazanería. El holgazán, visto desde afuera, puede parecer inactivo; pero su mente es un torbellino. La persona relajada tiene el cuerpo relajado, su mente está relajada, su corazón está relajado. Durante dos horas está casi ausente, relajado en los tres niveles: el cuerpo, la mente y el corazón. En esas dos horas su cuerpo se restablece, su corazón se restablece, su inteligencia se restablece, y reconocerás ese restablecimiento en su trabajo.

No será un perdedor aunque ya nunca más será un frenético, ya no correrá innecesariamente de aquí para allá. Irá directamente al punto que quiere ir. Hará aquello que debe hacerse, y no se perderá en asuntos innecesarios. Solamente dirá aquello que precisa decirse. Sus palabras se volverán telegráficas, sus movimientos se volverán armónicos, su vida se volverá poesía".

Osho, De la medicación a la meditación
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Este es el paraíso

"Una educación verdadera enseñará a la gente a vivir el aquí ahora, a crear un paraíso en esta tierra, no a esperar un paraíso que habrá de llegar tras la muerte, no a sufrir hasta que la muerte acabe con su sufrimiento. Deja que la muerte te encuentre danzando, alegre, amoroso. Es una extraña experiencia, pero cuando un hombre puede vivir su vida como si ya estuviera en el paraíso, la muerte no puede arrebatarle nada de esa experiencia.

Mi enfoque consiste en enseñarte que este es el paraíso, que no hay ningún otro paraíso y que no se precisa ninguna preparación para ser feliz, que no se necesita ninguna disciplina para amar; solamente estar un poco alerta, un poco despierto, tener un poco de entendimiento".

Osho, De la medicación a la meditación
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El trabajo de los padres es muy delicado

"El trabajo de los padres es muy delicado, y es precioso, porque la vida entera del niño depende de él. No le des ningún programa positivo; ayúdale de todas las formas posibles en lo que él desee. Por ejemplo, yo solía trepar a los árboles. Ahora, hay algunos árboles que son seguros para trepar: sus ramas son fuertes, su tronco es fuerte. Tú puedes ir incluso a la misma copa, y no hay necesidad de asustarse porque una rama se vaya a romper. Pero hay algunos árboles que son muy suaves. Debido a que trepaba a los árboles para conseguir mangos, jamuns --otra fruta hermosa-- mi familia se preocupaba mucho, y enviaban siempre a alguien para advertirme.

Le dije a mi padre: “En vez de advertirme, explícame por favor qué árboles son peligrosos, de modo que pueda evitarlos, y qué árboles no son peligrosos, de modo que pueda subirlos. “Pero si tú intentas evitar que suba, hay un peligro: Puedo trepar a un árbol incorrecto, y la responsabilidad será tuya. No voy a parar de trepar, amo hacerlo". Es realmente una de las experiencias más hermosas el estar en la copa del árbol, al sol, con un fuerte viento, y el árbol entero bailando; una experiencia muy nutritiva.

Le dije: “No voy a dejarlo. Tu trabajo consiste en decirme exactamente a qué árboles no tendría que trepar porque puedo caerme de ellos, puedo tener fracturas, puedo dañar mi cuerpo. Pero no me dés una orden en blanco: “Para de trepar". Esto no lo voy a hacer". Y él tuvo que venir conmigo y circundar la ciudad para mostrarme qué árboles eran peligrosos. ¿Entonces yo hice la segunda pregunta: “Conoces a buen trepador en la ciudad que pueda enseñarme incluso a subir a los árboles peligrosos?

Él respondió: “¡Eres demasiado! Ahora esto ya va demasiado lejos. Tú me lo dijiste, yo lo entendí…".

Le dije: “Lo haré, porque yo mismo te lo he propuesto. Pero los árboles que tú estás diciendo que son peligrosos son irrestibles, porque los jamuns --una fruta de la India-- crecen en ellos. Es realmente deliciosa, y cuando está madura puede que no sea capaz de resistir la tentación. Tú eres mi padre, es tu deber… tú debes conocer a alguien que pueda ayudarme.

Él dijo: “Si hubiera sabido que ser padre iba a ser así de difícil, nunca habría sido padre ¡por lo menos tuyo! Sí, conozco a un hombre”. Y él me presentó a un anciano que era un trepador raro, el mejor. Él era un leñador, y estaba tan viejo que tú no podrías creer que él podría cortar leña. Él hacía solamente trabajos raros, que nadie estaba dispuesto a hacer… a los árboles grandes que se extendían por las casas... él les cortaba las ramas. Era simplemente un experto, y lo hacía sin dañar sus raíces o las casas...

Así que mi padre le dijo: “Enséñale algo, particularmente sobre los árboles que son peligrosos, que pueden romperse. Las ramas que pueden romperse…”. Yo tenía ya dos o tres caídas. Todavía llevo las marcas en mis piernas.

El anciano me miró y dijo: “Nadie ha venido jamás, ¡particularmente un padre trayendo a un muchacho…! Es una cosa peligrosa, pero si él lo quiere, me gustaría enseñarle". Y él me enseñaba a subir a los árboles peligrosos. Él me mostró toda clase de estrategias sobre cómo protegerse: Si quieres subir a lo alto del árbol y no deseas caerte al suelo, entonces primero átate con una cuerda a un punto donde sientas que el árbol es suficientemente fuerte, y entonces sube. Si te caes, colgarás de la cuerda, pero no caerás al suelo. Y eso realmente me ayudó; ¡no me he caído desde entonces!

La función de un padre o una madre es grande, porque ellos están trayendo a un nuevo huésped al mundo, quién no sabe nada, pero trae un cierto potencial en él. Y a menos que su potencial crezca, él permanecerá infeliz. A ningún padre le gusta pensar que sus hijos son infelices; quisieran que fueran felices. Simplemente tu forma de pensar es incorrecta. Ellos piensan que si ellos llegan a ser doctores, si ellos llegan a ser profesores, ingenieros, científicos, entonces serán felices. ¡No lo saben! Pueden solamente ser felices si hacen lo que han venido hacer. Pueden llegar a ser solamente la semilla que están llevando dentro de ellos.

Así que ayuda de todas las formas posibles a darles libertad, a darles oportunidades. Ordinariamente, cuando un niño le pregunta a su madre cualquier cosa, sin escuchar siquiera al niño, a lo que él está preguntando, la madre le dice simplemente no. “No” es una palabra autoritaria; “sí” no lo es. Así que ni el padre ni la madre o cualquiera que tenga autoridad desea decir sí a cualquier cosa ordinaria. El niño desea jugar fuera de la casa: “¡No!” El niño desea salir mientras está lloviendo y desea bailar en la lluvia: ¡“No! Te resfriarás.” Un resfriado no es un cáncer, pero un niño al que se ha impedido bailar en la lluvia, y nunca ha podido bailar otra vez, se ha perdido de algo grande, de algo realmente hermoso. Un resfriado habría merecido la pena, y no tendrá necesariamente un resfriado.

De hecho, entre más lo proteges, más llega a ser vulnerable. Entre más lo dejas, más él llega a ser inmune. Los padres tienen que aprender a decir sí. En el noventa y nueve por ciento de los casos, cuando dicen ordinariamente no, no es por ninguna otra razón que simplemente la de demostrar autoridad. No todo el mundo puede ser el presidente del país, no puede tener autoridad sobre millones de personas. Pero todos pueden convertirse en maridos, pueden tener autoridad sobre su esposa; cada esposa puede ser una madre, puede tener autoridad sobre el niño; cada niño puede tener un oso de felpa, y tener autoridad sobre el oso de felpa… patearlo con el pie de una esquina a la otra esquina, darle unas buenas palmadas, las palmadas que él realmente deseó darle a la madre o al padre. Y el pobre oso de felpa no tiene nadie por debajo de él.

Ésta es una sociedad autoritaria. Lo que estoy diciendo es que al criar niños que tengan libertad, que hayan oído “sí” y raramente hayan oído “no”, la sociedad autoritaria desaparecerá. Tendremos una sociedad más humana".

Osho, Beyond Psycology
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La meditación no está separada de la vida

"Haz las pequeñas cosas de tu vida con una conciencia relajada. Mientras comas, come totalmente: mastica totalmente, saborea totalmente, huele totalmente. Toca el pan, siente la textura. Huele el pan, huele el sabor. Mastícalo, deja que se disuelva en tu ser y permanece consciente; entonces estás meditando. Y entonces la meditación no está separada de la vida. Cuando la meditación está separada de la vida algo va mal. Se vuelve en contra de la vida. Entonces uno empieza a pensar en ir a un monasterio o a una cueva del Himalaya. Entonces uno quiere escapar de la vida, porque la vida parece distraernos de la meditación. La vida no es una distracción, la vida es la ocasión de meditar.
Un discípulo vino a ver a Ikkyu, su maestro. El discípulo ya llevaba cierto tiempo practicando. Estaba lloviendo y, al entrar, dejó los zapatos y el paraguas fuera. Después de presentar sus respetos, el maestro le preguntó a qué lado de los zapatos había dejado el paraguas.

Ahora bien, ¿qué tipo de pregunta es esta...? Uno no espera que los maestros pregunten tonterías... más bien espera que hablen de Dios, del despertar de la kundalini, de la apertura de los chacras, de luces que aparecen en la cabeza. Uno pregunta cosas ocultas, esotéricas. Pero Ikkyu hizo una pregunta muy ordinaria. Ningún santo cristiano, ningún monje jaina, ningún swami hindú la hubiera planteado. Sólo lo puede hacer alguien que esté con Buda, en Buda, alguien que sea realmente un buda.

El maestro preguntó a qué lado de los zapatos había dejado el paraguas. Ahora bien, ¿qué tienen que ver los zapatos y los paraguas con la espiritualidad? Si se te hubiera planteado la misma pregunta a ti, te habrías sentido molesto. ¿Qué clase de pregunta es ésta? Pero hay algo tremendamente valioso en ella. Si hubiera preguntado algo sobre Dios, sobre la kundalini o los chacras, eso habría sido necio, totalmente carente de sentido. Pero esta pregunta tiene sentido. El discípulo no lo podía recordar, ¿a quién le importa donde se dejan los zapatos y de qué lado se deja el paraguas, a la izquierda o a la derecha? ¿A quién le puede importar? ¿Quién presta tanta atención a los paraguas? ¿Quién piensa en los zapatos? ¿Quién es tan cuidadoso? Pero eso fue suficiente. El discípulo fue rechazado.

Ikkyu le dijo: —Ve y medita siete años más.

—Siete años —dijo el discípulo—, ¿por esta pequeña falta?

Ikkuy respondió: —Esto no es una pequeña falta. Las faltas no son grandes o pequeñas; simplemente no estás viviendo meditativamente, eso es todo. Ve, medita siete años más y después vuelve.

Éste es el mensaje esencial: Sé cuidadoso, cuidadoso con todo. Y no establezcas distinciones entre las cosas, esto es trivial y lo otro espiritual. Depende de ti. Presta atención, sé cuidadoso, y todo se convierte en espiritual. No prestes atención, no seas cuidadoso, y todo se convierte en profano.

Tú eres el que imparte la espiritualidad, es tu regalo al mundo.

Cuando un maestro como Ikkyu toca su paraguas, el paraguas es tan divino como puede serlo cualquier otra cosa. La energía meditativa es alquímica. Transforma los metales básicos en oro; transforma lo más bajo en lo más alto. Y en la cumbre última, todo es divino. Este mismo mundo es el paraíso, y este mismo cuerpo es el cuerpo de buda".

Osho
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14 nov. 2007

¿Qué es relajarte?

"¿Qué es relajarte? Es situarte en un estado en el que tu energía no se mueve hacia ninguna parte. Ni hacia el futuro ni hacia el pasado. Simplemente está contigo. Te envuelves en el silencioso estanque de tu propia energía, en su calidez. Este momento lo es todo. No hay ningún otro momento. El tiempo se detiene y surge la relajación. Si hay tiempo, no hay relajación. Simplemente el reloj se detiene. El tiempo desaparece. Este momento lo es todo. No pides nada más; simplemente lo disfrutas. Disfrutas de cosas corrientes porque son hermosas. En realidad, nada es corriente, pues, si Dios existe, todo es extraordinario....

Pequeñas cosas... Caminar por la hierba cuando el rocío aún no se ha evaporado, estando ahí totalmente: la textura, el roce de la hierba, el frescor de las gotas del rocío, el viento del amanecer, el sol saliendo... ¿Qué más necesitas para ser feliz? ¿De qué otra manera puedes ser feliz? .... ¿Qué más necesitas? Con eso es suficiente. En ti surge una profunda gratitud. Eso es relajación".

Osho, Tantra: la suprema comprensión
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La madre debe mimar al hijo cuando éste esté feliz

"Una madre no debe prestar demasiada atención a su hijo cuando éste cae enfermo; de lo contrario, el niño caerá enfermo siempre que quiera que le presten atención. Cuando el niño cae enfermo, no os preocupéis tanto por él para que no se establezca en su mente ninguna asociación entre enfermedad y amor. El niño no debe captar la impresión de que siempre que caiga enfermo su madre lo acariciará y le contará cuentos. Por el contrario, la madre debe mimar al hijo cuando éste esté feliz, para que el amor se asocie a la alegría y a la felicidad.

Hemos asociado el amor a la desgracia, y eso es muy peligroso, porque significa que, siempre que alguien necesite amor, llamará a la desgracia para que pueda venir después el amor. Pero nunca se encuentra al amor por la enfermedad. Recordadlo: la enfermedad produce lástima, no amor, y ser objeto de lástima es insultante, es muy degradante. El amor es una cosa completamente diferente. Pero no tenemos conciencia del amor".

Osho, Aquí y ahora. Sobre la muerte, el morir y las vidas anteriores
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Ayer terminó ayer

"El mayor secreto de la vida es aprender a morir, aprender a aceptar la muerte. Dejad que muera el pasado todos los días. Muramos todos los días. No estamos dejando que muera el pasado de ayer. El hombre de setenta años mantiene vivos los recuerdos felices de su infancia. Su infancia no ha muerto todavía. El hombre todavía conserva el deseo de regresar a su infancia... En realidad, nuestro ayer no muere nunca. Nunca acopiamos el valor de morir; nunca dejamos que muera nada y, en consecuencia, todo se amontona. No dejamos lo muerto por muerto; por el contrario, lo acumulamos como una carga pesada, y entonces resulta imposible vivir bajo su peso. Así pues, una de las claves del arte de morir es ésta: dejad lo muerto por muerto...

Mantened también presente esta clave: si queréis aprender el arte de morir, dejad lo muerto por muerto. Ni siquiera hace falta que lo conservéis en vuestra memoria. Decidle adiós, dejadlo marchar. Ayer terminó ayer; ahora ya no existe; pero, a pesar de ello, mantiene su presa sobre nosotros."

Osho, Aquí y ahora. Sobre la muerte, el morir y las vidas anteriores
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13 nov. 2007

Sé como un espejo

"El ser interior es como un espejo. Refleja aquello que tiene enfrente convirtiéndose en aquél que lo presencia todo. Suceda lo que suceda, llegue lo que llegue --salud o enfermedad, hambre o saciedad, invierno o verano, infancia o vejez, nacimiento o muerte-- , todo sucede ante un espejo. Nunca le sucede al espejo.

Convertirse en el espejo es no identificarse, es cortar la raíz, la raíz misma. Y para mí, sanyas es esto: convertirse en un espejo... Sé como un espejo. Las cosas vienen y van y el espejo permanece limpio, vacío...

El espejo no tiene pasado. Si pasas ante él, el espejo no se aferrará a tu fantasma. Si pasas ante él no se aferrará a tu sombra. El espejo nunca trata de retener el reflejo de lo que sucede ante él. Pasas ante él y tu reflejo desaparece. Ni por un solo segundo el espejo lo ha retenido. Ésta es la mente del Buda. Cuando pasas ante él se llena de ti; cuando te alejas, desapareces. No queda ni un recuerdo. El espejo no tiene pasado, ni un Buda tampoco. Para el espejo no existe el futuro. Para un Buda tampoco....

Trata de entender la metáfora del espejo porque ésta es la situación real de tu consciencia interior..."

Osho, Tantra: la suprema comprensión
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8 nov. 2007

La creatividad no tiene nada que ver con el nombre y la fama, con el éxito y el dinero

Pregunta:
Siempre he soñado con ser famoso y rico, con triunfar. ¿Puede ayudarme a que mi sueño se haga realidad?
     "Pues no, señor mío, porque ese deseo es suicida, y no puedo ayudarlo a suicidarse. Puedo ayudarlo a madurar y a ser, pero  no a suicidarse, no puedo ayudarlo a destruirse por nada.

     La ambición es un veneno. Si quiere ser mejor músico, sí puedo ayudarle, pero no piense que va a adquirir fama mundial. Si quiere ser mejor poeta, también puedo ayudarlo, pero no piense que va a obtener el Nobel. Si quiere ser buen pintor, también puedo ayudarlo, porque yo ayudo a aumentar la creatividad; pero la creatividad no tiene nada que ver con el nombre y la fama, con el éxito y el dinero. Y no digo que si se presentan tenga que renunciar a ellos; si se presentan, estupendo; disfrútelos, pero que no sean lo que le motiven, porque cuando una persona intenta alcanzar el éxito, ¿cómo va a ser un auténtico poeta? Si su energía es política, ¿cómo puede ser poética? Si alguien intenta hacerse rico, ¿cómo va a ser un auténtico pintor? Toda su energía está centrada en hacerse rico, mientras que un pintor necesita toda su energía para pintar, y pintar es algo de aquí y ahora. Y la riqueza puede surgir en algún momento del futuro; puede surgir o no. No hay ninguna necesidad; todo es casualidad: el éxito es algo casual, como la fama.

     Pero la dicha no es algo casual. Puedo ayudarlo a ser dichoso; puede pintar y ser dichoso. Tanto si sus cuadros se hacen famosos como si no, tanto si llega a ser un Picasso como si no, eso no tiene importancia, pero yo puedo ayudarlo a pintar de tal manera que mientras pinte incluso Picasso hubiera sentido envidia. Puede perderse por completo en su pintura, y en eso consiste el verdadero gozo.

     Esos son los momentos de amor y meditación; esos son los momentos divinos.

Un momento divino consiste en perderse por completo, cuando desaparecen las limitaciones, cuando no eres y Dios es.
     Pero no puedo ayudar a alcanzar el éxito. Insisto en que no estoy en contra del éxito. No digo que no haya que alcanzarlo; no tengo nada en su contra y me parece muy bien. Lo que digo es que no debe ser la motivación, porque entonces perderás de vista la pintura, la poesía, la canción que estás cantando ahora mismo, y cuando llegue el éxito tendrás las manos vacías porque a nadie le puede llenar el éxito...."

Osho, El libro del Ego
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