29 feb. 2008

Siempre que estás enamorado de cosas que fluyen, cosas que se mueven, tienes una visión diferente de la vida

"Lo primero que mi padre me enseñó --y lo único que me enseñó-- fue a amar el pequeño río que discurría al costado de nuestra ciudad. Me enseñó justo esto, a nadar en el río. Eso es todo lo que me enseñó; pero le estoy tremendamente agradecido porque eso produjo muchos cambios en mi vida. Exactamente igual que Siddhartha, me enamoré del río.

Mi rutina diaria era estar en el río por lo menos de cinco a ocho horas. Estaba con el río desde las tres de la mañana; el cielo estaba lleno de estrellas y las estrellas se reflejaban en el agua...

Lo he visto en la oscuridad de la noche estrellada, bailando su curso hacia el océano. Lo he visto con el primer sol naciente. Lo he visto con la luna llena. Lo he visto al anochecer. Lo he visto sentado en la orilla solo, o con amigos, tocando la flauta, bailando en la orilla, meditando en la orilla, remando en un bote o cruzándolo a nado. Durante las lluvias, en invierno, en verano...

Puedo entender a Siddhartha de Herman Hesse y su experiencia con el río. A mi también me sucedió: se revelaron muchas cosas porque, poco a poco, toda la existencia se convirtió en un río para mi. Perdió su solidez; se volvió líquida, fluida.

Y le estoy tremendamente agradecido a mi padre. Nunca me enseñó matemáticas, lengua, gramática, geografía, historia. Nunca estuvo preocupado por mi educación. Tenía otros diez niños... y lo he visto suceder muchas veces, la gente preguntaba: "¿En qué clase está estudiando su hijo?" y él tenía que preguntárselo a alguien porque no lo sabía. Nunca le preocupó ninguna otra educación. La única educación que me dio fue la comunión con el río. Él mismo estaba profundamente enamorado del río.

Siempre que estás enamorado de cosas que fluyen, cosas que se mueven, tienes una visión diferente de la vida. El hombre moderno vive en carreteras de asfalto, edificios de cemento y hormigón. Esos son sustantivos, recuérdalo, no son verbos. Los rascacielos no siguen creciendo; la carretera sigue siendo la misma de día o de noche, sea una noche de luna o una noche totalmente oscura. Esto no le afecta a la carretera asfaltada, no le afecta a los edificios de cemento y hormigón.

El hombre ha creado un mundo de sustantivos y se ha quedado encerrado en su propio mundo. Ha olvidado el mundo de los árboles, el mundo de los ríos, el mundo de las montañas y de las estrellas. Allí no se conocen los sustantivos, no han oído hablar de los sustantivos; sólo conocen los verbos. Todo es un proceso. Dios no es otra cosa que un proceso."


Osho, Autobiografía de un místico espiritualmente incorrecto

27 feb. 2008

Vamos por la vida como autómatas. Decimos lo que no queremos decir; hacemos lo que no queremos hacer

"La gente aparente estar trabajando. Cuando regresa a casa cada noche, el coche gira hacia la izquierda hasta el garaje; usted aplica el freno cuando llega ante la puerta. No continúe bajo la ilusión de que hace todo esto conscientemente. Todo sucede inconscientemente por la mera fuerza del hábito. Es únicamente en determinados momentos, momentos de gran peligro, cuando, en realidad, estamos alerta. Cuando el peligro es tal que no podemos seguir adelante sin la conciencia, despertamos. Por ejemplo, si un hombre le pone un cuchillo ante su pecho, usted salta hacia la conciencia.... Con excepción de estos pocos momentos de nuestra vida, vivimos como sonámbulos.

Los esposos no ven adecuadamente sus respectivas caras. Si el esposo trata de visualizar el rostro de su mujer, no será capaz de hacerlo. Las líneas de su cara comenzarán a desvanecerse y le será difícil decir si era la misma cara que ha visto los últimos treinta años. Usted no la ha visto nunca, porque, para ello, tendría que haber una persona despierta dentro de usted.

El que está "despierto" aparenta estar viendo pero, en realidad, no es así, porque está dormido por dentro, soñando, y todo le está sucediendo en ese estado de sueño. Usted se enfada y entonces dice : "No sé cómo me he llegado a sentir airado; no quería hacerlo". Luego dice: "¡Perdóneme!, no he querido ser grosero; se me fue la lengua". Ha proferido una obscenidad, y es usted mismo quien niega la intención de haberlo hecho. Los criminales dicen siempre: "Yo no quería matar. Todo sucedió a pesar mío". Esto comprueba que vamos por la vida como autómatas. Decimos lo que no queremos decir; hacemos lo que no queremos hacer...

No se puede confiar en un hombre dormido. Este mundo nuestro es un mundo de gente dormida; de ahí que exista tanta confusión, tantos conflictos, tantas peleas, tanto caos. Todo ello es la obra de personas dormidas.

Existe otra diferencia importante que debemos tener en mente entre una persona dormida y una despierta. Una persona dormida no sabe quién es, de modo que siempre se está esforzando por mostrar a los demás que es esto o aquello. Este es el gran empeño de su vida. Trata de probarse a sí mismo en múltiples formas. Algunas veces se encarama a la escalera de la política y declara: "Yo soy fulano de tal". Otras veces se construye una casa y exhibe su riqueza, o escala una montaña y exhibe su fuerza. Trata por todos los medios de probarse a sí mismo. Y, en todos estos esfuerzos, de hecho, está tratando inconscientemente de encontrar por sí mismo quién es, porque no lo sabe".

Osho, En busca de la trascendencia

25 feb. 2008

Si soy tranquilo, soy yo el responsable de ello; si no tengo sosiego, yo me lo he trabajado

"Este concepto de Dios como persona ha causado muchos problemas. La mente desearía que fuese una persona, con objeto de poder transferir sobre él toda la responsabilidad, y habiéndole hecho responsable, comenzar a cargarlo con todas las pequeñeces. Si una persona encuentra trabajo, le da gracias a Dios; si lo pierde , se enfurece con él. Si a alguien le sale una verruga, sospecha que es obra de Dios; si se cura, se lo agradece. Nunca nos damos cuenta de cómo estamos utilizando a Dios; ni siquiera nos paramos a pensar cuán egocéntrica es nuestra actitud cuando asumimos que Dios ha de preocuparse hasta de nuestras verrugas...

La ventaja de considerar a Dios como persona es que podemos atribuirle las responsabilidades.

Pero un buscador mantiene la responsabilidad sobre sí. De hecho, ser un buscador significa no hacer responsable de nada a nadie excepto a uno mismo. Si hay tristeza en mi vida, soy responsable, y si hay felicidad también soy responsable. Si soy tranquilo, soy yo el responsable de ello; si no tengo sosiego, yo me lo he trabajado. No hay otro responsable más que yo por cualquier estado en el que me halle. Si me caigo y me rompo una pierna, es por mi culpa, y no puedo echarle la culpa a la gravedad. Si esta es la actitud de su mente, habrá comprendido correctamente...".


Osho, En busca de la trascendencia

19 feb. 2008

Cuando la vida está en juego, haces todo lo que puedes… y cuando haces todo lo que puedes totalmente, ¡las cosas ocurren!

"En mi infancia me enviaron a un maestro, un maestro de natación. Era el mejor nadador de la ciudad y nunca me había cruzado con un hombre que estuviera tan enamorado del agua….

Cuando me llevaron a él --porque yo quería aprender a nadar-- me miró y sintió algo. Dijo: “Pero no hay manera de aprender a nadar; yo sólo puedo tirarte al agua y entonces el nadar llegará por sí mismo. No hay forma de aprenderlo, no puede enseñarse. Es una habilidad, no es un conocimiento”.

Y eso es lo que hizo: me tiró al agua y se quedó en la orilla. Durante dos o tres veces me hundí y sentí que casi me ahogaba. Él estaba allí parado, ¡ni siquiera intentaba ayudarme!. Desde luego, cuando tu vida está en juego haces todo lo que puedes. Así que empecé a mover los brazos; los agitaba al azar, a lo loco, pero descubrí la habilidad. Cuando la vida está en juego, haces todo lo que puedes… y cuando haces todo lo que puedes totalmente, ¡las cosas ocurren!.

¡Logré nadar! ¡Me estremecí de emoción! . “La próxima vez , dije, no necesitarás tirarme; saltaré solo. Ahora sé que el cuerpo se mantiene a flote naturalmente. Que no es cuestión de nadar sino sólo de sincronizarse con el elemento agua. Una vez te sincronizas con el elemento agua, él te protege”.

Y desde entonces ¡he estado tirando a mucha gente al río de la vida!. Y yo sólo me quedo allí…. Casi nadie falla nunca, si es que da el salto. Entonces no le queda más remedio que aprender".

Osho, Meditación. La primera y última libertad

Sólo los jugadores saben lo que es la vida

"Valor es arriesgar lo conocido por lo desconocido,
lo familiar por lo poco corriente
y lo confortable por el incómodo
y arduo peregrinaje a algún destino inexplorado.
Uno no sabe nunca si será capaz de alcanzarlo o no.
Se trata de un juego;
pero sólo los jugadores
saben lo que es la vida".

Osho, El ABC de la Iluminación

Un profesor es alguien que imparte saber prestado

"Un profesor es alguien que imparte saber prestado. No sabe nada ni ha experimentado nada: no le ha sucedido a él; pero lo ha oído o lo ha leído. Es experto en transmitirlo oralmente; intelectualmente: está dotado para la comunicación.

….El gran profesor es el que enseña, pero es consciente de que “esto no es mío”. No sólo lo sabe, sino que se lo aclara a todo el mundo: “No soy más que un intérprete; un comentarista. He estudiado y soy un erudito, un profesor; pero enseño cosas sobre las cuales no tengo ninguna experiencia”, y es capaz de mantener tal grado de conciencia que jamás se engaña. Aunque los demás empiecen a creer en él, nunca cree en sí mismo a menos que se ponga a experimentar".

Osho, El ABC de la Iluminación

18 feb. 2008

Cada individuo nace con algún talento específico; algún don exclusivo

"Cada individuo nace con algún talento específico; algún don exclusivo. Tal vez no sea un poeta como Shelley o Rabindranath Tagore ni un pintor como Picasso o Rembrandt ni un músico como Beethoven o Mozart, pero seguro que tiene algo. Ese algo tiene que ser descubierto. Hay que ayudarle a descubrir con que don ha venido al mundo
Nadie llega sin un don; todo el mundo aporta un cierto potencial. Pero el concepto de igualdad es peligroso, pues, la rosa ha de ser una rosa y la caléndula una caléndula y el loto ha de ser un loto. Si intentas que sean iguales, las destruirás a todas: las rosas, los lotos y las caléndulas; todas serán destruidas. Tal vez consigas hacer flores de plástico exactamente iguales las unas a las otras, pero estarán muertas".


Osho, El ABC de la Iluminación

Tener capacidad de decisión es absolutamente necesario

"Tener capacidad de decidir es una cualidad muy esencial. Hay mucha gente incapaz de decidir que no hace más que pensar. Se pasan la vida pensando si hacer esto o no hacerlo, ser o no ser. Y siempre dudan, son incapaces de actuar y sin acción la vida es fútil. No logran decidir, y sin capacidad de decisión no hay crecimiento posible. Sí, deberíamos considerar todas las alternativas, pero no por mucho tiempo. No debería convertirse en un hábito. Deberíamos considerar todas las posibilidades y, a partir de ahí, ser capaces de decidir. No hay que esperar a tomar una decisión perfecta, recuérdalo, porque en la vida no puede haber ninguna decisión perfecta.
Tener capacidad de decisión significa saber que la vida es imperfecta y que la vida es corta, saber que estamos limitados y, sin embargo, debemos decidir. Las alternativas son limitadas, no podemos esperar eternamente. Una vez tomada la decisión te metes de lleno en ella y lo arriesgas todo. Hay que ser jugador, pues sólo entonces algo es posible: el crecimiento es posible, un nuevo nacimiento es posible, un nuevo ser es posible. De otro modo, nada es posible. Tener capacidad de decisión es absolutamente necesario.
Osho, El ABC de la Iluminación


15 feb. 2008

Tienes que darte cuenta de que está sucediendo la ira, ¡obsérvala!

"Puedes controlar tu ira, pero, ¿qué harás? La re­primirás. ¿Y qué sucede cuando reprimes algo? La di­rección de un movimiento cambia: iba hacia afuera y si la reprimes empieza a ir hacia adentro; sólo cambia su dirección. Y para la ira era bueno salir, porque el veneno ne­cesita ser arrojado fuera. Es malo que la ira vaya adentro, porque eso significa que envenenará todo tu cuerpo, tu mente, tu estructura...

Los psicólogos dicen ahora que casi el ochenta por ciento de las enfermedades están causadas por las emociones reprimidas: tantos fallos cardíacos significan que ha sido reprimida tanta ira en el cora­zón, tanto odio, que el corazón está envenenado.¿Por qué? ¿Por qué el hombre reprime tanto y se vuelve insano? Porque la sociedad os enseña a con­trolar, no a transformar, y el camino de la transfor­mación es totalmente diferente. Por un motivo: no es en absoluto el camino del control, es justo lo opues­to.

Primero de todo: controlando reprimes, en la transformación expresas. Pero no hay necesidad de ex­presar sobre otra persona, porque esa "otra persona" es irrelevante. La próxima vez que te sientas enfadado, ve y co­rre alrededor de la casa siete veces y después siéntate bajo un árbol y observa a dónde se ha ido la ira. No la has reprimido, no la has controlado, no se la has arro­jado a otro. Porque si se la arrojas a otro se crea una cadena, porque el otro es tan tonto como tú, tan in­consciente como tú. Si se la arrojas a otro, y el otro es una persona Iluminada, no habrá problema; él te ayu­dará a arrojarla y liberarla y pasar por una catarsis. Pero el otro es tan ignorante como tú, ¡ si le arrojas la ira, reaccionará! ¡Te arroja más ira, está tan reprimido como tú! Entonces viene una cadena: tú le arrojas a él, él te arroja a ti, y os hacéis enemigos.

No se la arrojes a nadie. Es igual que cuando tie­nes ganas de vomitar: no vas y vomitas sobre alguien. La ira necesita del vómito. ¡Vete al cuarto de baño y vomita! Si reprimes el vómito, será peligroso, y cuando hayas vomitado te sentirás fresco, te sentirás descarga­do, desahogado, bien, sano. Algo estaba malo en la co­mida que tomaste y el cuerpo lo rechaza, no sigas for­zándolo en tu interior.

La ira es sólo un vómito mental. Has tomado algo que está malo y todo tu ser psíquico quiere echarlo fuera; pero no hay necesidad de arrojárselo a alguien. Sin embargo, como la gente lo arroja sobre los demás, la sociedad les dice que lo controlen.
No hay necesidad de arrojar ira sobre nadie. Pue­des ir al baño, puedes dar un largo paseo. Hay algo dentro que necesita una actividad rápida para ser libe­rado, así que corre un poco y sentirás que se libera; o coge una almohada y golpéala, lucha con la almohada y muerde la almohada hasta que tus manos y dientes estén relajados. En cinco minutos de catarsis te senti­rás descargado, y una vez que sepas esto nunca arroja­rás la ira a nadie, porque es absolutamente innecesario. Lo primero en la transformación es, entonces, ex­presar la ira, pero no sobre nadie, porque si la expre­sas sobre alguien no puedes expresarla totalmente. Puede que quieras matar, pero eso no es posible; puede que quieras morder, pero no es posible. Pero todo eso lo puedes hacer con una almohada; almohada significa "ya iluminada"; la almohada está iluminada, es un Bu­da. La almohada no reaccionará, no irá a ningún juz­gado, no llevará ninguna enemistad contra ti, no hará nada; la almohada será feliz. Y la almohada se reirá de ti...

En la transformación nunca controlas, simplemen­te te vuelves más consciente. Está sucediendo la ira: tienes que darte cuenta de que está sucediendo la ira, ¡obsérvala! Es un bello fenómeno: la energía movién­dose en tu interior, ¡calentándose!...

Si te das cuenta de tu ira, la comprensión penetra; tan sólo observando, sin ningún juicio, s in decir bue­no, sin decir malo, sólo observando en tu cielo interno; hay un relámpago, ira, te sientes caliente, todo el sis­tema nervioso tiembla y se estremece, y sientes una sacudida por todo el cuerpo: un bello momento, porque cuando la energía funciona puedes observarla fácilmente, cuando no está funcionando no puedes obser­var...

Cuando la ira está ahí, mira, observa, y pronto verás un cambio. En el mo­mento en que entra el observador, la ira ya ha empeza­do a refrescarse, se pierde el calor, entonces puedes comprender que el calor lo pones tú; tu identificación con ella la hace caliente, y en el momento en que sientes que no es caliente, que el miedo se ha ido, ya no te sientes identificado con ella, te sientes diferente, a distancia. Está ahí, relampagueando a tu alrededor, pero tú no eres ella. Una colina comienza a surgir ha­cia arriba. Te conviertes en un observador: abajo en el valle hay muchos rayos y relámpagos... la distancia crece más y más... y llega un momento en que, de pronto, no estás unido a ella en absoluto. Se ha roto la identificación, y en el momento en que se rompe la identificación, inmediatamente todo el proceso caliente se convierte en un proceso fresco: la ira se convierte en compasión".


Osho, ...Y llovieron flores. Charlas sobre historias zen

14 feb. 2008

Una dieta correcta

“Para una dieta correcta, lo primero que hay que recordar es que no debería provocar excitación, no debería intoxicar, no debería ser pesada. Después de comer correctamente no debe­rías sentir pesadez ni somnolencia...

Un gran médico, el doctor Kenneth Walker, ha dicho en su autobiografía que según la experiencia acumulada a lo largo de su vida, la mitad de lo que la gente come llena sus estómagos y la otra mitad llena los estómagos de los médicos. Si comiesen la mitad de lo que comen normalmente, no enfermarían y no ha­bría necesidad de médicos.

Algunas personas enferman porque no tienen suficiente co­mida y otras enferman porque tienen demasiada comida. Algu­nas personas se mueren de hambre y otras de sobrealimentación...

Hay personas cuyas ideas nos provocan una extraña sensa­ción. Hubo un gran emperador llamado Nerón. Tenía dos mé­dicos cuyo trabajo consistía en hacer que vomitara después de cada comida para que pudiera seguir disfrutando de la comida durante quince a veinte veces al día. Comía y después tomaba una medicina que le hacía vomitar para poder volver a disfru­tar de la comida. Pero lo que hacemos nosotros no es muy di­ferente...

La segunda cosa sobre la alimentación es que cuando estás comiendo, tu estado mental es mucho más importante que lo que comes. La comida te afectará de un modo distinto si comes con alegría y felicidad que si comes cuando estás lleno de tristeza y preocupaciones.

Si comes cuando estás en un estado de preocupación, has­ta la comida más sana tendrá un efecto venenoso. Y si comes con alegría a veces es posible que ni siquiera un veneno pueda llegar a afectarte totalmente, es muy probable. Por tanto, es muy importante el estado de tu mente cuando estás comiendo...

¿Qué pasa con tu situacion? Vives preocupado las veinti­cuátro horas del día. Es un milagro que digieras la comida que comes, pero la existencia lo consigue a pesar de ti. Tú no tienes deseos de digerirla. Es un absoluto milagro que se pueda digerir. ¡Y también es un milagro que sigas vivo! Tu mente debería es­tar en un estado de gracia y de dicha.

Pero en vuestras casas, la mesa del comedor está en el esta­do más deprimente. La esposa se pasa todo el día esperando a que llegue el marido y todo el dolor emocional que ha ido acumulando en las últimas veinticuatro horas se desata mientras el marido está comiendo. No sabe que está actuando como si fue­se un enemigo. No sabe que está sirviendo veneno en el plato de su marido.

El marido también tiene miedo y está preocupado después de un largo día de trabajo, engulle la comida y se marcha. No tie­ne ni idea de que este acto que ha realizado tan rápido y del que ha huido debería haber sido un acto de devoción. No es algo que haya de hacerse deprisa y corriendo. Se debería hacer igual que se entra en un templo, igual que uno se arrodilla para rezar, igual que alguien se sienta para tocar su veena, o igual que alguien le canta una canción a su amado. Este acto es incluso más importante: está alimentando su cuerpo. Debería hacerse en un estado de tremenda beatitud; debería ser un acto amoro­so y piadoso.

Cuanto más alegre y feliz, y cuanto más relajada y sin preocupaciones esté una persona al comer, más se convertirá su co­mida en una buena alimentación...

La otra parte de una buena alimentación es, que deberías comer en un estado de paz y alegría. Si no estás en ese estado, es mejor que esperes y no comas nada durante un rato...

A nivel corporal una buena alimentación debería ser sana, no debería estimularte y debería ser no violenta; a nivel psico­lógico la mente debería estar en un estado de dicha, gracia y felicidad; y a nivel del alma debería haber un sentimiento de gra­titud, de agradecimiento. Estas tres cosas convierten a la comida en la alimentación correcta.

Deberías sentir: «Estoy agradecido porque hoy tengo comi­da. He recibido otro día de vida y estoy tremendamente agra­decido. Esta mañana me he despertado y sigo vivo; hoy el sol me ha vuelto a dar su luz; hoy podré ver de nuevo la luna; ¡hoy sigo estando vivo! No era necesario estar vivo, podía haber esta­do en mi tumba, pero de nuevo he vuelto a recibir vida. No me la merezco; la he recibido a cambio de nada». Aunque sólo fuera por este motivo, en tu corazón debería haber un sentimiento de agradecimiento y gratitud. Estás comiendo, estás bebiendo, es­tás respirando, deberías sentirte agradecido por todo esto. De­berías estar agradecido a la vida, al mundo entero, a todo el uni­verso, a la naturaleza, a lo divino: «He recibido un día más de vida. Un día más he vuelto a recibir alimentos. Un día más vuel­vo a ver el sol y las flores. Hoy sigo estando vivo»...

Este sentimiento, este sentimiento de gratitud debería estar presente en todos los aspectos de la vida y particularmente en los relativos a tu dieta. Únicamente así podrá tu dieta convertirse en una buena alimentación”.


Osho, El Libro del Hara. El viaje hacia el centro del ser

12 feb. 2008

Siempre que eres inconsciente se fortalecen las perversiones, los des­equilibrios y el caos de la mente

"Un amigo mío tenía un problema con la rabia:
-Estoy muy molesto por esta cuestión -dijo-, y el poco control que tengo sobre la rabia. Enséñame un método para con­trolarla sin tener que hacer algo por mi cuenta, porque estoy a punto de rendirme, no creo que pueda hacer nada. No creo que pueda deshacerme de la rabia con mi propio esfuerzo.
Le di un papel en el que había escrito estas palabras: «Ahora me estoy enfadando».

-Pon este papel en tu bolsillo -le dije- y cada vez que te enfades sácalo, léelo y vuélvelo a guardar.
Y le dije:
-Es lo menos que puedes hacer, es lo mínimo; no puedo darte menos para hacer. Lee este papel y vuelve a guardarlo en tu bolsillo.
Él dijo que lo intentaría.
Al cabo de dos o tres meses, cuando me lo volví a encontrar, le dije:
-¿Qué tal te ha ido?
-Estoy asombrado -respondió-. Ese papel ha funciona­do como si fuese un mantra. Siempre que me enfado lo saco. En cuanto lo saco, mis manos y mis pies se quedan adormecidos. Cuando meto la mano en el bolsillo me doy cuenta de que me estoy enfadando, y hay algo que se relaja en mí; de repente des­aparece el poder que la rabia tenía sobre mí. En cuanto meto la mano en el bolsillo, se relaja y ya ni siquiera necesito leer el pa­pel. Cuando siento que me enfado, empiezo a ver el papel que está en el bolsillo. ¿Cómo es posible que haya podido tener ese efecto el papel? ¿Cuál es el secreto? -me preguntó.
-No hay ningún secreto -le dije-. Es sencillo: siempre que eres inconsciente se fortalecen las perversiones, los des­equilibrios y el caos de la mente. Pero cuando te das cuenta, todo eso desaparece.

La observación tiene dos resultados: en primer lugar, desarro­llas el conocimiento de tus propias energías, y ese conocimien­to te convierte en el amo; y en segundo lugar, disminuye el po­der que esas energías tienen sobre ti. Poco a poco, verás que primero aparece la rabia y después la observas; al cabo de un tiempo, gradualmente empezarás a notar que cuando aparece la rabia aparecerá la atención a la vez. Finalmente, verás que cuando está a punto de aparecer la rabia ya está ahí la atención. El día que aparezca la atención antes que la rabia ya no será po­sible que surja la rabia.

Observar las cosas antes de que ocurran tiene un valor. No tiene valor el lamentarlo, porque esto sucede después y ya no se puede hacer nada. Llorar y lamentarse después es inútil, por­que es imposible deshacer lo que ha sucedido. No hay posibili­dad de volver atrás, no hay ningún camino, ninguna puerta. Pero lo que todavía no ha sucedido se puede cambiar. Lamentar algo no es más que sentir pena por algo que ya ha sucedido. No tie­ne sentido, no es en absoluto inteligente. Te enfadas, eso es un error; y ahora lo lamentas, es otro error más. Te estás alterando innecesariamente. No tiene ningún valor. Lo que necesitas es es­tar atento de antemano. Esa atención se irá desarrollando a me­dida que observes las emociones del corazón".

Osho, El Libro del Hara. El viaje al centro del ser



Limpia a cada instante el espejo para que no acumule polvo y entonces el espejo reflejará siempre la vida tal como es

"El presente nunca crea futuro; solamente el pasado crea futuro. Entonces la vida se convierte en algo que se vive momento a mo­mento, sin ninguna continuidad con el pasado; vives en este ins­tante. Cuando este instante ha desaparecido, surge otro instante. Vives otro instante que no ha surgido del momento ya desapareci­do, sino de tu consciencia, de tu estar alerta, de tu sentir, de tu ser. Entonces no hay preocupación, ni sueños, ni imaginación sobre el futuro, ni restos del pasado; uno carece de peso, puedes volar...

¿Qué hay que hacer? Con los pasados karmas que has acumu­lado has de practicar el método de prati-prasav: has de ir hacia atrás, vivirlo, revivirlo, para que esas heridas sean cicatrizadas. Habrás acabado con el pasado; la herida se habrá cerrado.

Lo segundo es que cuando el pasado pendiente sea cancelado, entonces habrás acabado con él. Todos los recuerdos habrán sido quemados, las semillas habrán sido quemadas, como si tú nunca hubieras existido, como si hubieras nacido en este mismo instan­te; fresco, fresco como las gotas de rocío al amanecer. Entonces vives con consciencia. Hicieras lo que hicieras con tus recuerdos pasados, haz ahora lo mismo con tu presente. Revívelo conscien­temente, vive cada instante con consciencia. Si eres capaz de vivir cada instante conscientemente no acumularás karmas, no acumu­larás heridas, no acumularás nada. Vivirás una vida sin cargas.

Éste es el significado de "sannyas": vivir sin cargas. Limpia a cada instante el espejo para que no acumule polvo y entonces el espejo reflejará siempre la vida tal como es. Ser un sannyasin es vivir una vida sin cargas, vivir una vida fuera de la fuerza de la gravedad, vivir una vida con alas, vivir una vida a cielo abierto. En los antiguos, en los viejos libros se dice que un sannyasin es un pájaro en el cielo. ¡Lo es! De la misma forma que los pájaros volando en el cielo no dejan huellas, él no deja huellas. Si cami­nas por la tierra, dejarás huellas.

Un hombre inconsciente camina por la tierra. No sólo por la tierra, sino por la tierra húmeda, dejando huellas: el pasado. Un hombre de consciencia vuela como un pájaro. No deja huellas en el cielo; no deja nada. Si miras hacia atrás sólo hay cielo; si miras hacia delante sólo hay cielo. Sin huellas, sin recuerdos. Cuando digo esto no quiero decir que si un Buda se encuentra contigo, no sea capaz de recordarte. Tiene recuerdos, pero no re­cuerdos psicológicos...

Tiene recuerdos existenciales, pero no tiene recuerdos psicológicos. La distinción es muy sutil.

Por ejemplo: ayer viniste a mí y estabas enfadado. Hoy vienes de nuevo y yo me acordaré de ti porque tú viniste ayer. Recordaré tu cara, te reconoceré, pero no cargaré con la herida de tu ira. Eso es para ti. Yo no cargo con la herida que supone el que estuvieras enfadado. En primer lugar, nunca dejé que surgiera la herida. Cuan­do estabas enfadado, era algo que te estabas haciendo a ti, no a mí. Que yo estuviera allí fue simplemente una coincidencia. Yo no cargo con la herida. No me comportaré como si tú fueras la misma persona que ayer estuvo enfadada. La ira no se entromete­rá entre tú y yo. La ira no coloreará nuestra relación presente. Si la ira coloreara nuestra relación presente, eso sería un recuerdo psicológico; cargaría con una herida.

Y un recuerdo psicológico es un proceso de auténtica falsifi­cación. Tú puedes haber venido para solicitar ser perdonado y si yo estoy cargando con la herida no podré ver tu rostro actual que ha venido a por el perdón, que ha venido arrepentido. Si veo el antiguo rostro del ayer todavía veré tu ira en tus ojos, todavía veré al enemigo en ti. Y si te has arrepentido, ya no eres el enemigo. No pudiste dormir durante toda la noche y has venido para ser perdonado. Y yo me comportaré así porque proyectaré el ayer sobre tu rostro. El ayer destruirá completamente la posibilidad del nuevo ser que ha nacido. No aceptaré tu arrepentimiento, no aceptaré que estás arrepentido. Pensaré que eres astuto, pensaré que tras ello hay algo más debido a que la ira-el rostro de un hombre enojado-está todavía presente entre tú y yo. Y puede que lo proyecte tanto que sea imposible para ti arrepentirte. O puede que lo proyecte tan intensamente que te olvides por com­pleto de que has venido para pedir perdón. Mi comportamiento puede convertirse de nuevo en una situación en la cual te vuelvas a enfadar. Y si te vuelves a enfadar, mi proyección será reforzada, fortalecida. Esto es el recuerdo psicológico".

Osho, Yoga: La Ciencia del Alma, Vol. IV
http://osho-maestro.blogspot.com

11 feb. 2008

Solamente estás físicamente aquí sentado. Tu mente se ha ido al futuro

"Cuando descansas durante todo el día, ¿cómo vas a dormir por la noche? No has creado la necesidad. Un hombre trabaja durante todo el día, vive, y al llegar la noche está preparado para deslizar­se en el olvido, en la oscuridad. Lo mismo ocurre si has vivido una vida auténtica, verdadera. Si realmente la has vivido, la muer­te es un descanso. Llega el atardecer, la noche cae y tú estás dispuesto: te tumbas y esperas. Cuando vives adecuadamente no pi­des más vida, porque ya tienes suficiente, ya tienes más de la que puedes pedir; se te ha dado más de la que puedes imaginarte. Si vives cada instante en su plena intensidad, estarás siempre dis­puesto a morir.

Si la muerte me llegara ahora mismo; estaría dispuesto, por­que no me queda nada por completar. No he pospuesto nada. He tomado mi baño matutino y he disfrutado. No he aplazado nada para el futuro, de modo que si la muerte llega, no hay problema. La muerte puede venir y llevarme ahora mismo. No habrá ni si­quiera un ligero pensamiento sobre el futuro porque no queda nada incompleto.

¿Y tú? Todo está incompleto. No pudiste ni tomar el baño matutino porque tenías que venir a escucharme; te lo perdiste. Vi­ves en función del futuro y continúas perdiéndotelo. Si este per­derte la vida se convierte en un hábito --y se convertirá en uno­-- entonces te perderás mis discursos porque tú eres el mismo hombre que se perdió el baño matutino, el que se perdió el té de la mañana, el que se las arregló para tomarlo, pero que lo dejó incompleto.

Está revoloteando alrededor de tu cabeza. Y eso que has dejado incompleto es como un enjambre de abejas a tu alrededor. Se con­vertirá en un hábito. Y me escucharás, pero te estarás preparando para ir a la oficina, o a la tienda, o al mercado; no estarás aquí. Solamente estás físicamente aquí sentado. Tu mente se ha ido al futuro. Nunca estás en ninguna parte. Estés donde estés, estás yéndote a otra parte. Esta vida incompleta, crea la pasión por vi­vir. Has de completar muchas cosas".

Osho, Yoga: La Ciencia del Alma, Vol. IV
http://osho-maestro.blogspot.com/

Cuanto más te aferres, más obligarás a la mujer a que escape de ti porque tu aferrarte se convertirá en una carga para ella.

"He oído de un erudito alemán que llegó a tener una de las mayores bibliotecas del mundo, de todos los países, de todas las lenguas. Nunca fue capaz de leer un solo libro porque continua­mente estaba aumentando su colección, yendo a la China a buscar un libro rarísimo escrito sobre piel humana, luego yendo a Bor­neo, luego a la India, luego a Ceilán, luego a Afganistán. Ésa era toda su vida. Cuando alcanzó los setenta, había reunido una inmensa colección de libros, de libros muy raros. Siempre aplazaba su lectura; los leería cuando su biblioteca estuviera completa.

Le llegó la muerte. Cuando se estaba muriendo, las lágrimas empezaron brotar de sus ojos. Le preguntó a un amigo, "¿Qué hago ahora? No me queda tiempo. He acabado la biblioteca pero ya no me queda vida. ¡Haz algo! Trae cualquier libro de la bi­blioteca y léeme algo para que pueda entenderlo. Al menos me sentiré un poco satisfecho". El amigo se acercó a la biblioteca, cogió un libro, regresó... pero el erudito estaba muerto.

Esto le sucede a todo el mundo, casi a todo el mundo: conti­núas haciendo preparativos para vivir. Piensas que se han de hacer millones de preparativos y que luego podrás disfrutar y que luego podrás vivir. Pero para entonces, la vida se ha ido. Los preparati­vos se han terminado, pero no hay nadie para disfrutarlos. Y de ahí surge el miedo. Lo sabes en tus mismas raíces, lo sientes: esta vida está transcurriendo y a cada instante te estás muriendo, a cada momento te estás muriendo...

El temor a la muerte es básicamente un miedo a la vida que se está escapando de tus manos.
Entonces tienes miedo, te aferras a la vida. Pero el aferrarse nunca puede convertirse en una celebración. El aferrarse es re­pugnante, el aferrarse es violento. Cuanto más te aferras a la vida, más impotente te vuelves.

Por ejemplo: amas a una mujer; te aferras a ella. Cuanto más te aferres, más obligarás a la mujer a que escape de ti porque tu aferrarte se convertirá en una carga para ella. Cuanto más trates de poseerla, más tratará ella de descubrir cómo liberarse, cómo escapar de ti. Y yo te digo que la vida es una mujer; no te aferres a ella. Sigue a aquellos que no se le aferran. Llega abundante­mente a aquellos que no se le aferran. Si te aferras, este mismo aferrarte te desconecta de la vida; tu mendicidad hace desaparecer la vida.
Sé un emperador, sé un soberano. Vive la vida, pero no te aferres a ellas, no te aferres a nada. 

El aferrarte te hace violento y repugnante. El aferrarte te convierte en un mendigo y la vida es para aquellos que son emperadores, no para los mendigos. Si mendigas, no obtendrás nada. La vida da mucho a aquellos que nunca mendigan. La vida se convierte en una constante bendición para aquellos que no se aferran a ella. Vívela, disfrútala, celébrala, pero no seas ruin, no te aferres a ella. Este aferrarse a la vida es el origen de tu miedo a la muerte porque cuanto más te aferras, más ves que la vida se va, que se está yendo, yendo, yendo. Entonces surge el miedo a la muerte".

Osho, Yoga: La Ciencia del Alma, Vol. IV
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Si quieres vivir, vive aquí y ahora. Olvídate del pasado, olvídate del futuro; ... éste es el único momento existencial. Vívelo.

"Hay una antigua historia. En los días de los Upanishads había un gran rey, Yayati. Le llegó la hora de la muerte. Tenía cien años. Cuando la muerte llegó, empezó a sollozar y a llorar y a gemir. La muerte le dijo, "Esto no encaja contigo. Un gran emperador, un hombre valeroso, ¿qué estás haciendo? ¿Por qué lloras y gimes como un niño? ¿Por qué tiemblas como una hoja al viento? ¿Qué te ha sucedido?" Yayati dijo, "Tú has llegado y yo aún no he sido capaz de vivir. Por favor dame un poco más de tiempo para que pueda vivir. He hecho muchas cosas, he luchado en muchas gue­rras, he acumulado mucha riqueza, he construido un gran imperio, he incrementado en mucho la fortuna de mi padre, pero no he vivido. En realidad no me quedó tiempo para vivir... y tú has llegado.
No, es injusto. ¡Dame un poco más de tiempo!" La muerte le dijo, "Pero me he de llevar a alguien. De acuerdo, hagamos un pacto. Si uno de tus hijos está dispuesto a morir por ti, me lo llevaré".


Yayati tenía cien hijos, miles de esposas. Llamó a sus hijos y les preguntó. Los más viejos no le quisieron escuchar. Se habían vuelto astutos y se encontraban en la misma trampa. Uno, el ma­yor, tenía setenta años. Le dijo, "Pero yo tampoco he vivido. ¿Y qué hay de mí? Al menos tú ya has vivido cien años; yo he vivido sólo setenta; debería tener otra oportunidad".

El más joven --que solamente tenía dieciséis o diecisiete-- se acercó, tocó los pies de su padre y le dijo, "Yo estoy dispuesto". Incluso la muerte sintió compasión por el chico. La muerte sabía que él era inocente, que no estaba versado en los caminos del mundo, que no sabía lo que estaba haciendo. La muerte susurró al oído del niño, "¿Qué haces? ¡Estúpido! Mira a tu padre. Tiene cien años y no está dispuesto a morir, ¡Y tú tienes sólo diecisiete! ¡No sabes lo que es la vida!" El chico insistió, "¡Se acabó la vida! Mi padre ha llegado a los cien y todavía cree que no ha sido capaz de vivir, de modo que ¿para qué? Incluso aunque viviera cien años, sería lo mismo: Es mejor dejarle vivir mi vida. Si él no ha sabido vivir en cien años, entonces todo este asunto es una tontería".


El hijo murió y el padre vivió cien años más. De nuevo la muerte llamó a su puerta y de nuevo él empezó a llorar y a gemir. Dijo, "Me olvidé por completo. De nuevo empecé a acumular más ri­queza, a expandir mi reino; y los cien años han pasado como en un sueño. Tú estás aquí de nuevo y aún no he vivido".


Y esta situación continuó. La muerte fue una y otra vez y cada vez se llevaba uno de sus hijos. Yayati vivió mil años más.


Una hermosa historia, pero lo mismo ocurrió otra vez. Pasaron mil años y llegó la muerte. Yayati estaba temblando y llorando y gimiendo. La muerte le dijo, "Ya es demasiado. Has vivido mil años y todavía dices que no has sido capaz de vivir". Yayati le dijo, "¿Cómo puede uno vivir en el aquí y ahora? Siempre estoy posponiendo: mañana y mañana. ¿Y mañana? Y de repente tú estás aquí".


El posponer la vida es el único pecado al que yo llamo pecado.
No la pospongas. Si quieres vivir, vive aquí y ahora. Olvídate del pasado, olvídate del futuro; éste es el único instante, éste es el único momento existencial. Vívelo. Una vez pase, no podrás re­cuperarlo, no podrás reclamarlo.


Si empiezas a vivir en el presente, dejarás de pensar en el futuro y no te aferrarás a la vida. Cuando vives, cuando conoces lo que es la vida, te encuentras satisfecho, saciado; tu ser, al completo, se siente dichoso. No hay necesidad de ninguna compensación. No hay necesidad de que la muerte venga al cabo de cien años y te vea temblando y llorando y gimiendo. Si la muerte llega ahora mismo, estarás dispuesto; habrás vivido, disfrutado, celebrado. Un solo instante de estar realmente vivo es suficiente; mil años de una vida irreal no son suficientes. Mil años o un millón de años de una vida que no haya sido vivida, no son nada; y yo te digo que un solo instante de una experiencia vivida, es una eternidad en sí misma. Estás más allá del tiempo; tocas el alma misma de la vida. Y entonces no hay muerte, ni preocupación, ni apego. Puedes abandonar la vida en cualquier instante y sabes que no dejas nada. La has disfrutado plenamente, al límite. Estás rebosante de ella; estás dispuesto.

Un hombre que está dispuesto a morir sintiéndose alegre es un hombre que realmente ha vivido. El aferrarse a la vida revela que no has sido capaz de vivir. Abrazar la muerte como parte de la vida revela que has vivido como debías. Te sientes satisfecho".


Osho, Yoga: La Ciencia del Alma, Vol. IV

Si vives en el futuro eres un mendigo; si vives ahora, aquí, eres un emperador

"El apego a la vida es algo muy profundo. Patanjali lo denomina abhinivesh, pasión por la vida. ¿Por qué existe si hay tanto sufri­miento? La gente viene a mí y con gran angustia me habla de sus sufrimientos, pero nadie parece dispuesto a abandonar la vida. Aun con todas sus miserias, la vida parece valer la pena. ¿De dónde surge esta esperanza? Es una paradoja y ha de ser comprendida.

En realidad, te aferras más a la vida si eres desgraciado. Cuanto más desgraciado eres, más te aferras. Un hombre feliz, no se afe­rra a la vida. Superficialmente resulta paradójico, pero si indagas profundamente en ello comprenderás el porqué. La gente que sufre siempre tiene esperanzas, son optimistas. Esperan siempre que algo les sucederá mañana. La gente que ha vivido entre grandes sufrimientos y en el infierno, ha creado el cielo -esa idea: el pa­raíso. Siempre está en el mañana; y nunca llega. Siempre está ahí, manteniéndose como un señuelo delante de ti en un lugar del futuro.

El cielo es un truco de la mente, el truco supremo. La mente está diciendo, "No te preocupes por el hoy; mañana será el paraí­so. Arréglatelas para pasar el hoy. No es nada comparado con la felicidad que te está esperando mañana". Y el mañana parece es­tar muy cerca. Evidentemente, nunca llega, no puede llegar. El ma­ñana es algo que no existe. Todo lo que puede llegar, llega siem­pre hoy... y el hoy es el infierno.
Pero la mente se consuela; ha de consolarse porque sino sería casi imposible soportarlo. El sufrimiento es intolerable y uno ha de soportarlo. ¿Cómo podrás soportarlo? La única forma es teniendo esperan­zas. La esperanza en contra de todas las esperanzas, el soñar. El soñar se convierte en el consuelo. El sueño diluye tus sufrimientos de hoy. Puede que el sueño no se cumpla, pero no importa. Al menos hoy pudiste soñar y soportar el sufrimiento presente. De esta forma puedes ir posponiéndolo. Los deseos siguen frente a ti en el futuro, insatisfechos. Pero la esperanza misma de que el maña­na llegará y de que todo se arreglará, te ayuda a continuar, a persistir...

Pero el hombre se aferra a la vida porque el hombre es desgra­ciado. Tú creías que ocurriría lo contrario, que un hombre desgra­ciado no se aferraría a la vida. ¿Qué tiene la vida para darle? ¿Por qué tiene que aferrarse? Habrás pensado en esto muchas veces viendo a un mendigo en la calle, en la cuneta, ciego, con lepra, sin pies, sin manos; esa idea ha de haber cruzado por tu mente: "¿Por qué se aferra este hombre a la vida? ¿Qué le queda? ¿Por qué no se suicida y acaba con esto?"...

Puede que pienses que un hombre tan desgraciado debería suicidarse o, al menos, pensar en acabar con esto. Pero nunca es así; un desgraciado nunca piensa en ello; no puede. El sufrimiento crea su propia compensación, la desgracia crea su antídoto. El cielo es el antídoto: "Mañana todo se arreglará. Sólo es cuestión de algo más de paciencia".

Un mendigo vive siempre en el futuro y tú serás un mendigo si vives en el futuro. Éste es el criterio para juzgar si un hombre es un emperador o un mendigo: si vives en el futuro eres un mendigo; si vives ahora, aquí, eres un emperador.

Un hombre que es dichoso vive aquí y ahora. No se preocupa por el futuro. El futuro no le representa nada; el futuro carece de significado para él. En realidad, el futuro no existe; este momento es la única existencia. Pero eso sólo es posible para un hombre dichoso. Para un hombre miserable, ¿cómo va ser este instante la única existencia? Entonces sería insoportable, demasiado, impo­sible. Ha de crear el futuro, ha de crear un sueño en alguna parte, ha de compensar tanto sufrimiento...

Osho, Yoga: La Ciencia del Alma, Vol. IV
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8 feb. 2008

Si quieres excederte comiendo, excédete. Quizás a través del excederte vuelvas a tus cabales

"¡Excédete! Si quieres excederte comiendo, excédete. Quizás a través del excederte vuelvas a tus cabales. Puede que a través del excederte alcances una madurez, un punto de madurez que te muestre tu estupidez.
Recuerdo que Gurdjieff decía gustarle una determinada clase de fruta. Es originaria del Cáucaso y siempre le había sentado mal. Siempre que la comía, su estómago resultaba alterado; tenía dolo­res y calambres y náuseas y de todo. Pero le gustaba tanto la fruta que era imposible dejar de comerla. Al cabo de unos días volvía a comerla; una y otra vez. Él dice, "Un día mi padre fue al mercado y me llevó con él y compró gran cantidad de esa fruta. Yo estaba muy feliz y sorprendido. "¿Porque que me la está comprando? Siempre se había opuesto, siempre me había estado diciendo que no la comiera. ¿Qué ha ocurrido? ¡Qué padre tan bueno!"

Gurdjieff tenía solamente nueve años; su padre cogió un bas­tón y le dijo, "Cómetela toda. Si no, te daré una paliza hasta ma­tarte". Y era un hombre peligroso. A Gurdjieff se le caían las lágrimas mientras comía y tuvo que comérsela toda. Vomitó, pero su padre era un hombre muy, muy duro. Vomitó y durante tres se­manas estuvo enfermo de disentería, vomitando y con fiebre. Y aquí se acabó esa fruta. Él dijo, "Incluso ahora que tengo sesenta años, si por casualidad me cruzo con esa fruta, todo mi cuerpo se pone a temblar. ¡No puedo ni siquiera mirarla!"

El exceso creó esa profunda comprensión, llegando hasta las raíces mismas del cuerpo. Yo te digo, "¡Ve y excédete!". No hay nada de malo en que te excedas. Si realmente autoindulges y no te refrenas, saldrás de ello más maduro. Si no, la idea de excederte persistirá siempre, te acechará, se convertirá en un fantasma".

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¿Cuál es la diferencia entre un hombre vivo y un hombre muerto?

"Un hombre vivo será sensual. ¿Cuál es la diferencia entre un hombre vivo y un hombre muerto?. El hombre muerto ha dejado de ser sensual; le tocas y no siente nada; le besas y no te responde.

He oído una anécdota sobre Picasso. Una dama estaba alabando los cuadros de Picasso y le dijo: “Ayer fui a casa de un amigo y allí vi su autorretrato. Y me gustó tanto, quede tan impresionada, que besé el retrato”Picasso miró a la señora y le dijo: ”¿ Y el retrato?. ¿Le devolvió el beso?. Como respuesta, ¿Le dio un beso el retrato?”
La Sra. Le dijo: “¡Qué estupidez! ¿Cómo va a contestarme un cuadro?”

Entonces Picasso le dijo: “Entonces no era mío. ¿Cómo podría ser mío algo que no tuviera vida?”
Si estás vivo, tus sentidos funcionarán a su máxima capacidad; serás sensual. Si tienes hambre, saborearás la comida; si te das un baño, sentirás la frescura del agua; pasearás por el jardín y aspirarás su fragancia. Serás sensual. Junto a ti pasará una mujer y en tu interior se levantará una brisa. Ha de ser así, ¡estás vivo!. Pasa una hermosa mujer por tu lado ¿y no sucede nada en ti?. Estás muerto; te has matado a ti mismo".

Osho, Yoga: La Ciencia del Alma, Vol. IV
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La vida es una mujer

"Por ejemplo, si alguien te dice: “Cuando voy a nadar al río, es tan hermoso y me siento tan feliz y relajado, flotando en el agua bajo el sol. Me olvido de todas las preocupaciones, me olvido de todas las tensiones, y estoy tan relajado, el mundo no existe. Y me siento tan feliz, me llega un gozo tan profundo con ello”, entonces surge tu avaricia y dices: “Entonces yo también lo probaré”. Así que vas, pero vas muy directamente. Tu mente no está en el nadar, tu mente no está con el río, tu mente no está con el sol, tu mente no está con el viento. Tu mente es como una flecha que va directamente hacia la diana de la felicidad --y te la perderás. Porque la vida es muy tímida. Se esconde de la gente que es agresiva. Se rebela sólo a los que la persuaden de forma muy sutil e indirecta. A la vida hay que persuadirla y seducirla. La vida es una mujer.

No seas agresivo con ella. No puedes violarla. Si tratas de violarla estarás con las manos vacías, no ganarás nada con ello…

Vas al río, pero tu mente está continuamente pensando y anhelando la felicidad. No miras al río, no estás sensible. Eres sólo avaricioso. Entras en el río, pero simplemente te sientes cansado y no relajado. Nadas, pero estás preguntando constantemente: “¿dónde está esa felicidad de la que hablabas?. Veo el sol, veo el río, veo el movimiento de los vientos, ¿pero dónde está esa felicidad de la que hablabas?”.
Esto es ataque directo; nadie puede alcanzar la felicidad de esa forma. Tienes que olvidarte de ti mismo al nadar y olvidarte de que estás allí para alcanzar la felicidad. Olvídate de ti mismo y olvida la avaricia y olvida las metas. Cuando se olvida la meta se alcanza la diana . Puedo parecer paradójico pero no puedo ser otra cosa; no tengo opción, porque es así como es la vida. Olvídate de la diana y la flecha dará en ella; mira la diana, mírala demasiado –y la flecha yerra… No comprendes que la vida es femenina, es realmente una mujer. Tendrás que persuadirla, tendrás que jugar a muchos juegos con ella, indirectos, sutiles. No vayas y preguntes a una mujer directamente: “¿Te gustaría venir a la cama conmigo?”. Ella llamará a la policía.

Sé un poco más poético. Escribe hermosas cartas de amor a la vida… Una pequeña agresión y te la perderás. El amor, la felicidad, la meditación, la verdad, o lo que tú quieras, todo lo que es hermoso sólo puede alcanzarse de una forma sutil.

Osho, Tao Los tres tesoros, Vol. I
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Si quieres vivir cómodamente, entonces es mejor ser un cobarde

"Si quieres vivir cómodamente, entonces es mejor ser un cobarde; pero una vida cómoda no es otra cosa que una muerte cómoda . Una vida real se quema por los dos cabos. Es una llama rodeada siempre de peligro, rodeada siempre por la muerte. Cuando la muerte te rodea, el peligro te rodea, sólo en ese contexto llega la vida a su cima".

Osho, Tao Los tres tesoros, Vol. I
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Llega un momento en que la fama se convierte en difamación, en el que el éxito se convierte en fracaso

"Sólo el equilibrio dura, nada más; y el equilibrio es lo más difícil de la existencia, de la vida, porque requiere de una tremenda sabiduría.

Sucedió que el discípulo de Lao Tse, Chuang Tse, vivió en una ciudad durante muchos años; luego, un día, dijo a sus discípulos que se iba. Ellos dijeron: “¿Pero qué ha sucedido para que te vayas?. No lo entendemos. ¿Por qué tienes que irte a otra ciudad?. Todo está bien, todo está establecido, es cómodo. De hecho, ahora has logrado que todo sea cómodo; ahora te vas otra vez. ¿Qué ha sucedido?”.

Chuang Tse dijo: “Ahora la gente ha empezado a conocerme, mi fama se extiende. Y cuando hay fama uno debería estar alerta, porque pronto esa misma gente me difamará. Debería dejar esta ciudad antes de que empiecen a difamarme”.

Llega un momento en que la fama se convierte en difamación, en el que el éxito se convierte en fracaso -–recuerda siempre permanecer en el medio. Es necesario una alerta constante, sino la tendencia de la mente es a pensar que cuando estás triunfando, ¿por qué no triunfar un poco más?. La mente dice: Cuando estás triunfando ¿por qué no intentar un poco más?. El camino es claro y nadie obstaculiza tu avance, así que ¿por qué no intentar un poco más?. La mente sigue; es obsesiva. Cualquier cosa que consigue, se vuelve obsesiva respecto a ello. Está loca por el éxito, tiene éxito-manía, entonces va obsesivamente tras el éxito -–hasta que fracasa…

Intenta comprender la naturaleza de la mente. Es obsesiva. Si haces algo, la mente sigue haciéndolo las 24 horas, no te dará un descanso. Es como un demonio. No te permitirá descansar, y descansar es necesario. Haz, pero no hagas demasiado: sino, la misma energía se convertirá en
deshacer".

Osho, Tao Los tres tesoros, Vol. I
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No puedes amar a una persona las 24 horas del día

"Todo es un ritmo en la vida. Sólo en la muerte son las cosas absolutas y no hay ritmo. En la vida hay un ritmo --viene el día y luego la noche. Dice Heráclito: “Dios es verano e invierno, día y noche, hambre y saciedad, vida y muerte”. La vida es un ritmo, un fenómeno que vibra constantemente entre dos polaridades. No puedes amar a una persona las 24 horas del día: si lo intentas el amor se morirá. Puedes amar a una persona intensamente durante unos pocos momentos, luego tienes que irte porque tienes que relajarte. Sino, el amor se convertirá en una fiebre tal, en un estado febril tal que ¿cómo vas a permanecer en él las 24 horas del día?. Al día tiene que seguirle la noche, un descanso, una relajación…

Si realmente amas a una persona, te enfadarás también, eso forma parte de ello y no tiene nada de malo… Piensa tan solo en un mundo en el que el sol nunca se pone y tienes que estar despierto las 24 horas del día -–en tres semanas os volveríais todos locos. Y eso es lo que ha sucedido en el amor -–os habéis vuelto todos locos, simulando, simulando, caras falsas, máscaras, hipocresía, mostrando lo que no hay…"

Osho, Tao Los tres tesoros, Vol. I
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7 feb. 2008

La realidad no se puede adaptar a mis sueños; en­tonces, me adaptaré yo a la realidad

"Alguien le preguntó a un viejo místico sufí, Bayazid, cuando esta­ba en su lecho de muerte:

-- ¿Quieres decir algo acerca del hombre, para que pueda apro­vechar?
-- Una cosa: el hombre nunca aprende --replicó.

Pasaste por muchas experiencias, ¿y qué aprendiste? Sigues igual, sigues jugando el mismo juego. ¿Observaste esto, que si­gues igual? Las situaciones pueden variar, pero el juego sigue sien­do el mismo.


Te enamoras de una mujer. En el momento en que te enamo­ras, no puedes creer que llegará un momento en que este amor desaparecerá; ¡no puedes creerlo! Es sencillamente imposible pensar que tu amor pueda desaparecer. Después, desaparece; después, te hartas de la mujer. La misma mujer que era tu sueño, tu deseo; si no la hubieras tenido, habrías llorado y gritado toda tu vida. La tuviste, la conseguiste, y tarde o temprano se instala el aburrimiento. Te sientes harto y te gustaría escapar. En ese mo­mento, nunca te pones a recordar. Nunca miras hacia atrás ni ves que esa es la misma mujer por la que estabas loco. Un día esta­bas loco por tener a esta mujer, y ahora estás loco por escaparte de su lado. Un día pensabas que era la persona más hermosa del mundo, y ahora esta misma persona es la más desagradable. ¿Con qué frecuencia piensan los maridos en matar a sus mujeres? ¿Con qué frecuencia piensan las mujeres en matar a sus maridos? ¿Con qué frecuencia piensan los niños, los niños pequeños, en matar a sus padres?...

Llega un momento en que el amante quiere matar a la amada.

Y ella era el objeto de todos sus deseos, de todos sus sueños, de toda su poesía. ¡Con qué alegría pensaba en estar con ella! Pero sólo en sueños. La realidad es difícil: destruye y aniquila todos los sueños. Ahora, quiere deshacerse de ella, y nunca aprenderá na­da. Más tarde o más temprano, volverá a enamorarse de otra mu­jer, y se repetirá lo mismo nuevamente. Lo mismo, sin ninguna diferencia. Otra vez pensará que esta mujer es la persona más hermosa del mundo, otra vez pensará que ya no hay necesidad de buscar a nadie más ahora que está satisfecho, que ha encontrado a la persona justa. Y no se dará cuenta de que se repite el mismo patrón. En unos días, se agotará nuevamente y comenzará a per­seguir a otra persona.

¿Aprendes algo alguna vez? ¿Aprendiste algo alguna vez? Y, si no aprendes, ¿cómo puedes madurar? Y si no aprendes y repites una y otra vez el mismo círculo vicioso, éste se cristaliza cada vez más en tu interior, llega a tus raíces mismas. Éste es el estado de la ignorancia.

Si empiezas a aprender, el círculo se quiebra por algún lado. Entonces, comienzas a ver todo el patrón de tu mente, cómo fun­ciona: primero el amor, después el hartazgo, luego el amor nue­vamente, después el hartazgo. El círculo gira. Y si lo entiendes, un día, la misma comprensión del sinsentido de este circuito te saca del mismo. No debes hacer nada; sólo tienes que comprender, tie­nes que aprender a través de la vida.

Muévete. Vive todas las experiencias que puedas, porque la ex­periencia es el único aprendizaje. Muévete y no tengas miedo; pe­ro aprende: no alcanza con moverse. Estuviste moviéndote y via­jando: eso no sirve. Si te sigues moviendo en un circuito incons­ciente, las cosas quedan cada vez más fijas. Te transformas prác­ticamente en un robot, te vuelves predecible: se puede decir todo acerca de ti...

Aprende a través de la vida; si no, las cosas no van a cambiar. Todo el mundo piensa: "Esta vez va a ser distinto”. Si tú no has cambiado, ¿por qué habría de ser diferente esta vez? Y, si obser­vas detalladamente, te darás cuenta de que no sólo repites el he­cho de enamorarte; te enamoras una y otra vez de la misma cla­se de hombre o de mujer; la misma clase. Así tiene que ser.

Supe de un hombre que se divorció ocho veces. Y, entonces, de repente, tomó consciencia: "¿Qué me está pasando? ¿Me están haciendo una broma, o qué? Porque siempre me enamoro otra vez de la misma clase de mujer”.

Nadie te está haciendo una broma... porque estás eligiendo tú y, si sigues igual y no aprendiste, ¿cómo podrías elegir otra clase de mujer? Volverá a atraerte la misma clase de mujer. Volverás a enamorarte de la misma clase de mujer y, entonces, se repetirá el mismo círculo. Ocho veces u ochenta; no hace ninguna diferen­cia. Si sigues igual, harás lo mismo; volverás a encontrar a la mis­ma persona primero atractiva y luego desagradable.

¡Aprende! Aprende a través de la vida; y la lección más impor­tante es que no ves la realidad tal como es. Proyectas cosas sobre ella y, cuando proyectas, seguro que tarde o temprano te frustra­rás, porque la realidad no encaja con tu proyección. ¿Cómo pue­de la realidad encajar con tu proyección? ¿Quién eres tú? Tú de­bes adaptarte a la realidad; no es la realidad la que debe adaptar­se a tu proyección. Por eso eres desdichado: porque siempre sien­tes que algo sale mal. Nada sale mal. Empiezas con un sueño, y la realidad no cree en tu sueño: eso es todo. ¿Cómo puedes obli­gar a la realidad a que se adapte a tus sueños?...

La realidad es enorme; es el todo. Tú eres sólo una parte y só­lo madurarás cuando dejes de hacer este esfuerzo absurdo. Y a es­to lo denomino sannyas: un hombre o una mujer que ha llegado a descubrir que "la realidad no se puede adaptar a mis sueños; en­tonces, me adaptaré yo a la realidad". De inmediato, se produce una revolución. Si sigues intentando una y otra vez que la realidad se adapte a tus demandas, a tus sueños, a tus deseos, a ti, eres in­fantil. ¿Quién eres tú? Pero esta idea falaz aparece....

Pero recuerda, todo el esfuerzo es erróneo, por una cosa bási­ca: que tratas de forzar la realidad en función de tus sueños. ¿Quién eres tú y cuál es tu sueño? Estás aquí por poco tiempo; la realidad existe sin principio. Tú vas a desaparecer de aquí, y la realidad existirá eternamente. ¿Quién eres tú? Un sueño que exis­te en la realidad durante setenta años. Setenta años no es nada para la realidad; un sueño adentro del sueño que trata de obligar a que la realidad se adapte a él. Todas las utopías son tontas e in­fantiles.

Quienes saben llegaron a aprender que "la realidad no se pue­de modificar; lo único que se puede modificar soy yo". Y, si, uno cambia, de repente uno puede ver: ésta es la pared y esa es la puerta. Entonces, no hará esfuerzos por atravesar la pared; irá ha­cia la puerta. La realidad se vuelve amigable".

Osho, Retorno al origen
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Si piensas en ti como si fue­ras alguien muy importante, cada día, en cada momento, descu­brirás que se está cometiendo una injusticia contigo

"Deja de lado los discursos y quédate con la realidad. No recla­mes nada, no pidas nada, no demandes. No creas que eres muy, muy valioso, y entonces, te sucederán muchas cosas. La existen­cia toda te aceptará. Cuando tú aceptas la existencia, la existen­cia te acepta a ti. Cuando reclamas, en cada reclamo te estás que­jando: "Yo soy más valioso”.

Hace apenas unos días me vino a ver un hombre; insistió. Por lo general, no quiero ver a personas que nunca han meditado, que nunca me han escuchado, pues será inútil. Pero, como este hombre insistió, accedí. Me había estado escribiendo cartas durante mu­chos años y en ellas decía que había un gran problema que quería discutir conmigo, y estaba muy triste. Habló sin parar durante media hora, diciendo que era graduado de la Universidad de Oxford, que ocupaba un secretariado de un puesto muy alto del Ministerio de Educación de Nueva Delhi, que había hecho esto y aquello. Una y otra vez traté de llevarlo al punto:

-- ¿Cuál es el problema?
Pero no iba al punto. Daba vueltas y vueltas. Le dije:
-- Pero tu tiempo está por terminarse; ve al punto. Éstos no son problemas. Eres un graduado de Oxford: bien, eso no es un proble­ma. ¿Cuál es el problema?
Entonces dijo:
-- El problema es que se han cometido muchas injusticias conmi­go. Soy un hombre muy capaz, con muchos títulos y logros importan­tes, y nadie se anoticia de mí. ¿Cómo puedo tolerar esta injusticia?

A él le hubiera gustado ser el primer ministro, el presidente o al­go así, pero entonces tampoco sería justo, porque nada puede ser justo cuando tienes expectativas.
Le respondí:
-- No hay problema. El problema no es cómo tolerar lo injusto, si­no cómo dejar de reclamar el propio valor.

Si piensas demasiado en ti mismo, si piensas en ti como si fue­ras alguien muy importante, cada día, en cada momento, descu­brirás que se está cometiendo una injusticia contigo. Nadie está siendo injusto. ¿A quién le importas? ¿Quién tiene tiempo de co­meter injusticias contigo? ¿A quién le interesa? Pero tú sientes que el mundo entero es injusto contigo. Nadie está cometiendo injus­ticias contigo; es tu reclamo.

Dice Lao Tse: "Si quieres ser el número uno del mundo, te en­contrarás siendo el último. Y, si puedes pararte al final de la fila, ser el último, puedes encontrarte siendo el número uno”...
Ocurrió un extraño fenómeno. Debes haber oído hablar de Houdini, el gran mago. Sólo falló una vez en su vida. Salvo esa vez, podía abrir cualquier tipo de cerradura, sin llave, en unos po­cos segundos. Cómo lo hacía sigue siendo todavía un misterio. Lo ataban con cadenas, lo encerraban en un baúl y lo tiraban al mar; en el lapso de algunos segundos, salía. Gran Bretaña tiene una de las mejores fuerzas policiales y uno de los mejores departamentos de investigaciones (Scotland Yard), pero no podían hacer nada. Hicieran lo que hicieran, Houdini siempre salía en el lapso de unos segundos. Sólo falló una vez: fue en Francia. Lo arrojaron dentro de una celda, en una cárcel, de donde no pudo salir por tres horas. Nadie podía creer lo que había pasado: "¿Está muer­to?". Entonces, salió, transpirando y muy cansado. Le habían he­cho una jugarreta y él no se había dado cuenta: no habían traba­do la puerta. Y él estaba tratando de destrabarla.

¿Cómo puedes destrabar una puerta que no está trabada? Si está trabada, existe una forma; algo se puede hacer. Ni se le ocu­rrió que la puerta no estaba trabada. Probó y probó de todas las maneras, pero la puerta estaba destrabada, no tenía cerradura, si bien él no pudo percibirlo durante tres horas. Entonces, ¿cómo salió? A raíz del cansancio, se cayó contra ella, y la puerta se abrió.

La existencia no te está negando nada. No hay injusticia; nun­ca la hubo ni puede haberla. ¿Cómo puede ser injusta la madre con el hijo? La existencia es tu madre: provienes de ella, y a ella retornas. ¿Cómo puede ser injusta contigo la existencia? Son tus reclamos, tus reclamos egoístas, los que causan el problema".


Osho, Retorno al Origen
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Es difícil ver el propio yo. Es muy fácil ver el yo de los demás

"El problema se vuelve múltiple, porque las personas que ayu­dan están en el mismo bote. Y querrían ayudar pues, cuando ayu­das a alguien, el yo se siente muy bien, muy, muy bien. Porque ayudas mucho, eres un gran gurú, un maestro; ayudas a mucha gente. Cuanto mayor es la multitud de tus seguidores, mejor te sientes. Pero tú estás en el mismo bote: no puedes ayudar. Más bien, harás daño.

La gente que aún tiene sus propios problemas no puede ayu­dar mucho. Sólo puede ayudarte alguien que no tenga problemas propios. Únicamente entonces tendrás la claridad para ver, para ver a través de ti. Una mente que no tiene problemas propios puede verte: te vuelves transparente para ella. Una mente que no tiene problemas propios puede ver a través de ella: por eso se tor­na capaz de ver a través de otros.

En Occidente hay muchas escuelas de psicoanálisis, muchas es­cuelas, pero la ayuda no alcanza a la gente; más bien, la daña. Porque la gente que ayuda a los demás, o que trata de ayudarlas, o que se posiciona como capaz de ayudar, está en el mismo bote.

Estuve leyendo las memorias de la esposa de Wilhelm Reich. Fue uno de los psicoanalistas más importantes, uno de los más re­volucionarios. Pero, cuando la cuestión se vuelve hacia los proble­mas propios, surgen las dificultades. Su esposa escribe en sus me­morias que él les enseñaba a los demás a no ser celosos, que el amor no es posesión sino libertad. Pero, con su propia esposa, siempre fue celoso. Si ella se reía con alguien, de inmediato ha­bía tristeza. Él hacía el amor con muchas mujeres, pero no podía permitirle a su esposa ni siquiera sonreír con alguien; ni siquiera le permitía que se sentara con alguien y hablara. Cada vez que él salía (a veces tenía que ir a ver a sus pacientes), lo primero que hacía al volver era preguntar a dónde había ido su esposa, con quién se había encontrado, quién había ido a la casa, y había un minucioso interrogatorio. Su esposa dice que ella simplemente suspiraba. Este hombre era tan sabio con los demás, pero consi­go mismo...

Es difícil ver el propio yo. Es muy fácil ver el yo de los demás. Pero ese no es el punto. No puedes ayudarlos. Trata de ver tu propio yo. Sólo míralo. No te apresures a abandonarlo; sólo ob­sérvalo. Cuanto más lo observes, más capaz te harás. De repen­te, un día, descubres que fue abandonado. Y, cuando cae por sí mismo, sólo entonces cae. No hay otra forma. Tú no puedes abandonarlo prematuramente. Cae igual que una hoja muerta: el árbol no hace nada; es sólo una brisa, una situación, y la hoja muerta; sencillamente, cae. El árbol ni siquiera tiene consciencia de que se ha caído una hoja muerta. No hace ruido, ni demandas, nada. La hoja muerta sencillamente cae y se apoya en el suelo: sólo eso.

Cuando maduras a través de la comprensión, de la consciencia, y has sentido totalmente que el yo es la causa de todas tus desdi­chas, un día ves la hoja muerta simplemente cayendo. Se apoya sobre el suelo y muere a su propio ritmo. Tú no has hecho nada y no puedes adjudicarte el abandono. Tú sólo ves que ha desapa­recido, y entonces surge el verdadero centro. Y ese verdadero centro es el alma, el yo, Dios, la verdad, o como quieras llamar­lo. No tiene nombre; así que todos los nombres vienen bien. Pue­des ponerle cualquier nombre, a tu gusto..."

Osho, Retorno al origen
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