Osho, ¿cómo orar?
“¡Sushila! La oración es el refinamiento del amor. La oración es la fragancia del amor. Si el amor es la flor, la oración es el perfume de la flor. El amor es un poco tosco; la oración es absolutamente sutil.
En el ámbito del amor, quizá se intercambien algunas palabras; en el ámbito de la oración, las palabras se vuelven completamente inútiles. Allí, solo el silencio hace la ofrenda.
Preguntas: «¿Cómo orar?».
La oración no es un método. La meditación tiene métodos; la oración no tiene ninguno. La oración es espontánea, un sentimiento natural. Quien ora mediante un método desperdicia su oración; su oración se vuelve artificial, falsa desde el mismo comienzo.
Orar es abrir los ojos, abrir el corazón y unirse a la gran celebración que está teniendo lugar en esta existencia. Los árboles están verdes: tú también vuélvete verde; ¡la oración ha sucedido! Las flores han florecido: florece tú también; la oración ha sucedido. El sol ha salido: despierta tú también; la oración ha sucedido. Los vientos están danzando: danza tú también; la oración ha sucedido.
La oración no tiene técnica, forma, figura ni estructura. La oración es éxtasis, embriaguez, locura divina. Oración es el nombre que recibe el acto de beber el vino de lo Divino…
La oración pertenece a lo más íntimo de tu ser. Quizá caigan lágrimas o quizá brote una canción: ¡quién sabe! Quizá bailes, te pongas cascabeles en los tobillos, tomes la flauta y comiences a tocar: ¡quién sabe! Quizá te quedes en silencio, en un silencio absoluto, y pierdas para siempre el habla: ¡quién sabe!
La oración sucede para cada persona de una manera incomparable, única. La oración de una persona no es la de otra. Por eso, no imites la oración. Y es precisamente aquí donde ha surgido el obstáculo. Nos han enseñado oraciones: las de los hindúes, los musulmanes, los jainistas y los cristianos. Alguien recita el Gayatri y lo repite como un loro. Alguien canta el mantra Navkar y lo repite como un loro. Alguien lee versículos del Corán. Esos versículos son hermosos, esos mantras son hermosos y sus significados son bellos; pero la oración no sucede únicamente por eso. La oración no se puede tomar prestada. La oración es el fluir de tu propio corazón.
Sushila, agudiza tu sensibilidad hacia la belleza; entonces, la oración surgirá por sí sola.
Escucha música: la de las cascadas, la del viento que atraviesa los árboles o la de una veena en las manos de quien la toca. Escucha el canto de los pájaros al amanecer o el de los grillos en el silencio de la noche. Contempla la belleza: la de los árboles, la luna y las estrellas, los animales, los pájaros y los seres humanos. Allí donde percibas belleza, música, ritmo y el sabor de rasa, la esencia del deleite estético, siéntate con el corazón abierto. Allí está el templo; allí está el lugar de peregrinación. Poco a poco, llegará el gusto por la oración.
No puedo decir qué es la oración. Solo puedo decirte en qué condiciones se experimenta. Cuanto más profunda se vuelva tu sensibilidad, más intensamente sentirás la oración. Entonces, cuando la oración despierte, tu oración será tuya. No llevará el sello de nadie más. Solo llevará tu firma. Y únicamente llega a Dios aquella oración que es tuya, propia e íntima. Las palabras prestadas no llegan hasta allí.
La gente incluso encarga a otros que escriban sus cartas de amor. ¿Qué valor tendrá una carta de amor si la ha escrito otra persona? Por muy bellamente que alguien escriba, por muy erudito que contrates para que componga tu carta de amor...
Mulla Nasruddin estaba enamorado de una mujer. Después, el amor se acabó y él fue a reclamar las cosas que le había regalado. La mujer también estaba enfadada y se lo devolvió todo. Sin embargo, Mulla seguía allí, de pie.
Ella le preguntó:
—¿Qué más quieres? Te he devuelto todo lo que me diste.
Él respondió:
—¿Mis cartas de amor?
Ella le preguntó:
—¿Qué vas a hacer con las cartas de amor?
Mulla dijo:
—¿Qué sentido tiene ocultarlo ahora? ¡Yo hacía que un erudito me las escribiera! Y mi vida todavía no ha terminado. Amaré a otra persona. ¿Por qué tendría que volver a pagarle al erudito inútilmente? Devuélveme esas cartas de amor; me servirán otra vez. Solo tendré que cambiar el nombre que aparece al principio.
¿Vas a dejar que otros escriban incluso tus cartas de amor? ¿Vas a aprender tus oraciones de otras personas? Precisamente ahí es donde se produce el error.
No puedo enseñarte a orar. Solo puedo decirte en qué momentos nace la oración, desde qué perspectiva y en qué contexto.
Si me preguntas cómo convertir los capullos en flores, no puedo decirte nada. ¿Debería decirte que abras los capullos a la fuerza para que se conviertan en flores? Los capullos morirían; no se convertirían en flores. Si me preguntas cómo conseguir que los árboles den flores, ¿debería decirte que tires de ellas, que apliques fuerza? Así no sucede.
Solo puedo decirte: abónalos, riégalos, proporciónales tierra y coloca una cerca a su alrededor. Asegúrate de que la luz del sol pueda llegar hasta ellos. Proporciona las condiciones necesarias. Un día, las flores florecerán. Los capullos se convertirán en flores por sí mismos. Tú proporciona las condiciones.
No aprendas a orar; crea las condiciones. Y esas condiciones son un sentido de la belleza, un sentido de la música. La condición es una sensibilidad profunda. En esa misma tierra florecerá la flor de tu oración. Y cuando la flor se abra, haz entonces lo que ella te pida. No te sientes con ideas preconcebidas. Haz lo que la flor te indique.
Y la flor te mostrará el camino. La flor se convertirá en tu guía. Si la flor te dice que bailes, baila. Si te dice que cantes, canta. Si te dice que te sientes en silencio, siéntate en silencio. Reconoce la señal de la flor que ha florecido dentro de tu sensibilidad y síguela. Ese delicado hilo te llevará a lo Divino; o, unido a ese delicado hilo, lo Divino vendrá a ti. En ambos casos, tanto si la gota cae en el océano como si el océano cae en la gota, la realidad es una sola”.
Osho, «Hansa To Moti Chuge»
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