12 oct. 2014

El odio es como una roca; el amor, como una flor.

          "¿Te has dado cuenta de que el amor es momentáneo? Viene y va como una brisa. Cuando te sucede, estás tan lleno de amor hacia una persona que ni te planteas la posibilidad de que ese amor pueda desaparecer nunca. En esos momentos la gente se pone romántica  y empieza a decir cosas que sólo se les permite decir a los locos o a los poetas. Pero ese sentimiento es tan desbordante que necesitan decir: "¡Te amaré para siempre!".  Y en ese instante es verdad. No están mintiendo, es lo que sienten: "Si volviera a nacer, no podría amar a alguien que no fueses tú".
          E insisto, la persona no está mintiendo, es totalmente honesta. Está tan llena de amor que siente que será así, que la vida será demasiado corta para colmar ese amor, para compartirlo con la persona amada. Pero no se da cuenta de que sólo es una brisa que se filtra a través de una puerta, y que luego desaparece por otra, dejándote en el mismo estado en el que estabas antes, de vuelta a la tierra de nuevo...
          El amor es momentáneo, una fase; pero, al parecer, el odio es mucho más fuerte. Te enamoras, te desenamoras. Pero cuando caes en el odio...No es frecuente oír que un hombre se haya caído del odio. Se queda atascado, pegado. El odio tiene cierta fuerza; te mantiene pegado a él. Los enemigos siguen siendo enemigos durante generaciones...
          Pero el sentimiento del odio se prolonga mucho tiempo; sin embargo, el del amor es muy corto. Tal vez sean así las cosas. Por la mañana hay muchas rosas pero, al atardecer,  sus pétalos empiezan a caer; van desapareciendo. Pero ¿y la roca?. La verás ahí por la mañana y por la tarde, y seguirá estando ahí la mañana siguiente. Muchas rosas aparecerán y luego se irán, pero la roca permanecerá ahí. El odio es como una roca; el amor, como una flor".

Osho, Nacer con una pregunta en el corazón
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