24 oct. 2014

¡Él sabía que si él era un tipo raro, yo lo era muchísimo más!

          "En cierta ocasión...
          Me hospedaba en casa de una familia cristiana en Hyderabad. Estaba todo el día ocupado con reuniones y entrevistas.  Por la noche, cuando ya me encontraba a punto de irme a dormir, mi amigo, que era mucho mayor que yo, me dijo:
          - No he tenido ocasión de verte en todo el día y no quería molestarte porque sé que estás muy ocupado, pero tengo un problema. Perdóname: sé que es muy tarde y que ibas a acostarte, pero necesito contártelo. Mi joven hijo era un fanático de Jesús. Nadie lo tomaba en serio, y no había nada malo en que estuviese leyendo y citando la Biblia todo el tiempo. Pensamos que se trataba sólo de una fase y que se le pasaría, pero, desafortunadamente, ahora el fanático de Jesús ha dejado de serlo y ¡se ha convertido en Jesucristo!
          "Llevamos dos meses realmente preocupados. Mientras fue un fanático de Jesús lo tolerábamos; somos cristianos y leer cosas de Jesús, venerar a Jesús... era algo aceptable; aunque se estuviera volviendo un poco pesado porque se pasaba las veinticuatro horas del día diciendo: "Jesús, Jesús"...
          Va diciendo por ahí que es Jesucristo, y la gente se ríe de él; los mocosos le tiran piedras. Ahora estamos realmente preocupados y tristes. Y ha echado a perder todo su futuro profesional...
          -- Mañana por la mañana, en cuanto me lo encuentre, tendré una charla con Jesucristo -le prometí-; creo que será lo mejor.
          Conocía al joven; me había hospedado antes en casa de su familia. Y  sabía que era un poco raro, pero nunca me había molestado estando allí. ¡Él sabía que si él era un tipo raro, yo lo era muchísimo más!. Así que se lo dejé bien claro de una vez por todas: "Recuerda, a mí la Biblia y Jesucristo no me importan en absoluto; será mejor que molestes a otro. Además, soy un huésped en tu casa, así que compórtate como un anfitrión".  Lo entendió perfectamente, pero en ese época sólo era un fanático, ahora es Jesucristo.
          - Deja que antes me familiarice con la situación -le dije a mi amigo.
          De modo que, a la mañana siguiente,  en vez de esperar a que el padre me lo trajera, fui a su habitación.
          - Hola, Jesucristo,  -le saludé.
          - ¡Has dicho "Jesucristo"!, exclamó.
          - Sí -respondí.
          - Pero nadie me cree; ni mi padre, ni mi madre, hasta mis amigos me han dejado -me explicó-. Desde que me convertí en Jesucristo, no tengo amigos.
          - Puedes confiar en mí. Los fanáticos no me gustan, pero Jesucristo... repuse-. ¡Qué gran idea!  Ven, ahora que estamos en el mismo barco podemos hablar.
          - ¿A qué te refieres  --preguntó.
          - Tú ven. Estamos en el mismo barco; enseguida entenderás a qué me refiero -contesté...
          Lo intenté de muchas formas, pero él estaba a la defensiva. Sospechaba que el padre podría estar detrás de todo aquello y que me estaba utilizando para persuadirle de que se limitara a ser un fanático de Jesús, para que le dijera: "Ya está bien. Estamos en el siglo veinte, sería muy difícil... Si ya en tiempos de Jesús era muy difícil, en la actualidad lo será todavía más".
          No se avenía a razones. Entonces llegó su padre y, dirigiéndome a él, dije:
          - Creo que realmente es Jesucristo. Ahora lo que necesita es ser crucificado.
          - ¡Qué! -exclamó el joven.
          - Sin crucifixión no recuperarás la razón -afirmé...
            Su padre también se quedó sorprendido cuando dije que lo que necesitaba era ser crucificado.
          - Tú has los preparativos -pedía a mi amigo.
          - ¿Lo dices en serio? -preguntó el joven.
          - Yo siempre hablo en serio -contesté-. Como te he dicho, si tú eres fanático de Jesús, yo lo soy muchísimo más. Y si eres Jesucristo, también lo soy muchísimo más. Me aseguraré de que seas crucificado; y, además, te esperaré aquí hasta que resucites.
          - Perdóname -dijo dirigiéndose a su padre-, me limitaré a ser un fanático de Jesús. No quiero ser crucificado porque no creo que pueda resucitar. Sería demasiado complicado". 

Osho, Nacer con una pregunta en el corazón
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