25 nov. 2014

Olvídate de la competencia y de la envidia.

          "La envidia te impide percibir un hecho muy simple: te han enseñado a sentirte inferior o bien superior a alguien. Y eres tan inconsciente de ello que juzgas a la gente constantemente como inferior o superior, buena o mala, correcta o equivocada. No juzgues; cada persona es un mundo, acéptala como es. Pero sólo podrás hacerlo si te aceptas a ti mismo como eres, sin vergüenzas ni sentimientos de inferioridad.
          ...Cuando comparas, te alejas mucho en dos direcciones. En una de ellas hay una fila interminable de gente superior a ti; en la otra, hay gente inferior a ti; y tú estás en el medio.
          No tienes tiempo de observarte. Te pasas la vida luchando para conseguir el puesto de aquel que está por encima de ti, y al mismo tiempo debes empujar al que está por debajo, porque pretende quitarte el sitio. Te tira de la pierna así como tú tiras del que tienes encima. Es una extraña cadena en la que todo el mundo tira de la pierna de todos. Y todos se encuentran en un aprieto porque alguien está tirando de ellos...
          Tu vida es como un estiramiento psicológico, por eso no tienes tiempo, ni energía, ni espacio para ti. Para sentirte bien siempre estás fijándote en los demás...
          Obviamente, si vas por este camino, sentirás envidia y competirás con todos aquellos que estén a tu alrededor...
          Olvídate de la competencia y de la envidia. No tiene ningún sentido. Es un método muy astuto inventado por los sacerdotes para que nunca puedas ser tú mismo... ya que eso es lo único que temen todas las religiones.
          Si eres tú mismo, te sentirás en paz, satisfecho, experimentarás el éxtasis. Entonces ¿a quién le importa Dios? Tú eres Dios. Has podido saborear la divinidad en tu interior. Ya no te importa el emperador ni te molesta que sea superior a ti. ¿Cómo puede ser superior a ti?  Lo que has saboreado es tan sublime que ese pobre diablo no puede ofrecerte nada. Tal vez te inspire pena, pero no te sentirás inferior a él.  No te sentirás superior ni junto a un mendigo, porque sabes que lo que tú has descubierto también está dentro de él.
          No hay una diferencia cualitativa entre el mendigo, el emperador y tú. Lo único que los separa son elementos externos: la ropa, los títulos, el elefante sobre el que se sienta el rey, y el mendigo con sus harapos. Pero no son estos los que marcan la auténtica diferencia.
          En tu interior descubrirás una tranquilidad, una serenidad, un silencio... un tesoro inconmensurable. Cuando lo descubres, te das cuenta de que todo el mundo posee ese tesoro; la cuestión es si lo sabes o no. Esa es la única diferencia: saberlo o no. Pero en lo que respecta a la existencia, toda la belleza, el éxtasis y la danza del planeta y del universo están en todos y cada uno de nosotros.  Sí, se expresa de diferentes maneras; sin embargo,  no hay motivos para pensar que alguien que lo exprese mediante la danza sea mejor que otro que lo haga a través de una canción o de su silencio. Están expresando exactamente el mismo éxtasis".

Osho, Nacer con una pregunta en el corazón
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