5 nov. 2014

Una forma sencilla de parar la mente.

          "El ejercicio de parar era enormemente significativo; quizá una de las mayores aportaciones  al mundo moderno; y el mundo todavía no se ha dado cuenta de ello. Gurdjieff encomendaba a sus discípulos que desarrollaran todo tipo de actividades: unos cavaban en el jardín, otros cortaban leña, otros cocinaban, otros fregaban los suelos. Había numerosas actividades en marcha, hasta que, de repente, él decía "¡Stop!". Entonces, donde sea que te encontrases, en la postura que estuvieses, debías quedarte quieto. No se puede hacer trampa, porque entonces no tiene sentido hacer el ejercicio...
          Es sorprendente que un ejercicio tan simple consiga que seas tan consciente de ti mismo...
          Cuando te conviertes en una estatua no se te permite ni parpadear; en cuanto oyes la palabra "¡Stop!", tienes que quedarte exactamente como estás. Tan sólo significa "parad", nada más.  Para tu sorpresa, de pronto te conviertes en una estatua; y, en ese estado,  puedes verte con transparencia.
          Siempre estás inmerso en una actividad constante, y la actividad de la mente va asociada a la actividad del cuerpo. No pueden separarse, de modo que cuando el cuerpo se queda totalmente quieto, la mente, por supuesto, también se detiene al instante. Entonces puedes ver el cuerpo, congelado, como si fuese el cuerpo de otra persona; puedes ver cómo la mente, al perder esa asociación, se queda inmóvil de repente...
          Los estudios de Gurdjieff eran mucho más profundos. Descubrió una forma sencilla de parar la mente...
Gurdjieff gritaba "¡Stop!" y todo el mundo se quedaba inmóvil. Cuando el cuerpo se queda de pronto inmóvil, la mente se siente un poco rara: ¿Qué ha ocurrido? Al no sentirse asociado con el cuerpo inmóvil, la mente queda conmocionada. Están sincronizados, en profunda armonía, se mueven a la vez. Pero ahora el cuerpo se ha quedado totalmente inmóvil. ¿Qué se supone que debería hacer la mente? ¿A dónde puede ir?
          Durante un momento se produce un  silencio absoluto; pero basta un momento así para darte a conocer el sabor de la meditación".

Osho, Nacer con una pregunta en el corazón
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