10 ene. 2009

En cuanto alguien se enfada, pierde

"He oído una bella historia, una antigua historia.

Un hombre llegó a China. Cuando estaba entrando en el país... vio en la frontera a una muchedumbre. Dos personas estaban a punto de matarse. Gritando, saltaban, gesticulaban enfadados con las espadas en la mano. Pero lo que sucedía no era real. Era como una película, como una comedia. No se veía ni un asomo de ira en sus rostros. Sus ojos eran tranquilos y sosegados; sus caras estaban relajadas. Parecían muy centrados y conectados con la tierra. ¿Por qué entonces todo aquel griterío, aquel blandir las espadas, aquel saltar y correr uno en pos del otro?. No intercambiaban un solo golpe, ni tampoco nadie se lo impedía. La muchedumbre estaba allí, contemplando la escena.

Al cabo de un rato, uno de los hombres se cansó y se aburrió. No había exitación, no sucedía nada. Entonces el otro se enfadó. Su rostro enrojeció, sus ojos empezaron a llamear. ¡Y la muchedumbre se dispersó!. La lucha acabó allí.

El recién llegado no podía creérselo; era incapaz de comprender lo que estaba pasando. Y le preguntó a alguien:

- ¿Qué sucede? No lo comprendo. Estaban dispuestos a acabar el uno con el otro, pero cuando llegó el momento de pasar a la acción, cuando uno de los contrincantes se enfadó realmente, cuando perdió la compostura, entonces la muchedumbre desapareció...

Las personas que allí había le explicaron:

- Ambos son taoístas, seguidores de Lao Tse. Y éste es el criterio en las escuelas taoístas: en cuanto alguien se enfada, pierde. No es necesario luchar. Él mostró su impotencia, su miedo. ¡Eso es suficiente! Su ira revela que es un cobarde. Ahora pelear no tiene sentido: el otro ha ganado. Él es el vencedor: permaneció tranquilo. Nada pudo sacarlo de su centro. Nada pudo desconectarlo de la tierra. Permaneció integrado".

Osho, El ganso está fuera
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