27 ago. 2014

Con "festivo" quiero decir la capa­cidad de gozar, momento a momento, de todo cuanto llega a ti.

“La inteligencia, la focalización de la mente es un medio hacia la supervivencia, pero no hacia la vida. El sobrevivir no es la vida. Sobrevivir es una necesidad, existir en el mundo material es una necesidad, pero la meta es conseguir llevar a la superficie el potencial oculto, todo lo que se entiende con la palabra “tú". Si estás completamente satisfecho, si nada queda como semilla dentro de ti, si todo se realiza, si eres un constante florecer, entonces y sólo entonces puedes sentir la felicidad, el éxtasis de la vida.
La parte negada de ti, la parte inconsciente, puede ser activa y creadora sólo si le añades una nueva dimensión a tu vida: la dimensión de la fiesta, la dimensión del juego. Así, la meditación no es un trabajo, es un juego. El orar no es un negocio, es un juego. Meditación no es algo a hacer para conseguir un objetivo --paz, felicidad...-- sino algo para ser disfrutado como fin en sí mismo.
La dimensión festiva es la que más importa que entendamos...y la hemos perdido totalmente. Con "festivo" quiero decir la capa­cidad de gozar, momento a momento, de todo cuanto llega a ti.
Estamos tan condicionados y nuestras costumbres son tan mecánicas, que incluso nuestras mentes están ocupadas cuando no tenemos nada que hacer. Cuando no necesitas estar focalizado, sigues focalizado. Incluso cuando estás jugando, no juegas. No disfrutas del juego. Por ejemplo, cuando juegas a cartas, no gozas con ello; juegas para conseguir una victoria, y entonces el juego se convierte en trabajo. Lo que se está haciendo no es importante; en ese caso sólo cuenta el resultado.
En el negocio el resultado es lo importante. En la fiesta, es el acto mismo lo que cuenta. Si puedes hacer que cualquier acto tenga un significado en sí mismo, entonces estarás de fiesta y podrás celebrarlo.
Los límites, los límites que constriñen, se rompen siempre que estás de fiesta. No se necesitan; se desechan. Sales de tu corsé, el corsé de la concentración que limita y oprime la mente. Ahora no estás eligiendo; permites la entrada a todo lo que te llega y en el momento en que aceptas que entre en ti la totalidad de la Existencia, eres uno con ella.
A esta comunión, a esta celebración, a este ser consciente sin elección, a esta actitud sin ánimo de sacar provecho, la llamo meditación. La fiesta misma es ese momento, ese acto, y no es la preocupación por los resultados, por conseguir algo. No hay nada que conseguir, de modo que puedes disfrutar de lo que hay aquí y ahora.
Se puede explicar de otra manera. Estoy hablando contigo; si estoy preocupado por el resultado, la conversación se convierte en puro negocio, se convierte en un trabajo. Pero si hablo contigo sin ninguna expectativa, sin ningún deseo sobre el resultado, entonces la conversación es un juego. El acto en sí mismo es el fin. Así pues, no tiene porqué existir la limitación. Puedo jugar con las palabras, con los pensamientos. Puedo jugar con tus preguntas, puedo jugar con mis respuestas. El hecho deja de ser serio; es algo que te alegra el corazón. Y si me estás escuchando sin pensar en obtener algo podrás permanecer relajado. Entonces permitirás que esté en comunión contigo, y tu consciencia no estará limitada. Estará abierta, jugando, disfrutando.
Cualquier momento puede ser bueno para los negocios, cualquier momento puede ser bueno para la meditación. La diferencia está en la actitud. Si no lo has buscado, si estás jugando con ello, es un acto meditativo”.

Osho, Meditación: el arte del éxtasis
http://osho-maestro.blogspot.com/