5 ago. 2014

Llorar es una necesidad profunda.

       "Desde el principio el niño quiere llorar y reír. Llorar es para él una profunda necesidad. Todos los días tiene una catarsis a través del llanto.
       El niño tiene muchas frustraciones. Es inevitable; es por necesi­dad. El niño quiere algo, pero no puede decir qué, no puede expre­sarlo. El niño quiere algo, pero quizá los padres no estén en situa­ción de poder dárselo. Puede que la madre no esté disponible. Quizá ella esté ocupada haciendo otra cosa y él esté desatendido. En ese momento no se le presta atención, por eso se echa a llorar. La madre quiere convencerle, consolarle, porque le molesta, el padre está mo­lesto, toda la familia está alterada. Nadie quiere que llore, el llanto es una molestia; todo el mundo trata de distraerle para que se calle. Po­demos sobornarle. La madre le dará un muñeco, le dará leche ‑-cual­quier cosa para distraerle o para consolarle-‑, pero no debe llorar.
       Llorar es una necesidad profunda. Si puede llorar y se le permi­te, el niño quedará como nuevo; la frustración es expulsada a tra­vés de las lágrimas. De lo contrario, si contiene el llanto, conten­drá la frustración. Entonces se irá acumulando, y tú eres "un montón" de lágrimas. Ahora, los psicólogos dicen que necesitas el grito esencial. En Occidente se está desarrollando una terapia sólo para ayudarte a gritar, con tal totalidad que todas las células de tu cuerpo se impliquen. Si logras gritar tan enloquecidamente que todo tu cuerpo esté gritando, te liberarás de mucho dolor, de mu­cho sufrimiento que está acumulado".

OSHO, El libro del niño. Una visión revolucionaria de la educación infantil
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