10 feb. 2011

Un mentiroso sólo puede engañar a otro mentiroso

"Entrar en la religión es entrar en lo inexplorado, en lo desconocido. Los ladrones pueden medrar ahí muy fácilmente, pueden esperarte... y están esperando. Y algunas veces, aunque la persona no te esté engañando, tú quieres ser engañado. Enonces serás engañado. Nadie puede engañarte si, en el fondo, tú no estás dispuesto a ser engañado.

Hace tan solo unos días, un joven vino a mí y me dijo: Un baba me ha engañado, y es un gran yogui. Yo le pregunté: ¿Y qué ha hecho? Él contestó: él puede hacer oro con cualquier metal. Me lo ha enseñado, yo lo he visto con mis propios ojos. Luego me dijo que le debería traer todo el oro y que él lo multiplicaría por diez. Así que le entregué todas mis joyas y él huyó con ellas. Me ha engañado.

Cualquiera estaría de acuerdo en que lo ha engañado, pero yo le dije: Lo que te ha engañado es tu avaricia. No le eches la culpa a nadie más. Tú has sido el estúpido. La avaricia es estúpida. Eras tú quien quería que las joyas se multiplicaran por diez. Esa mente te ha engañado, la otra persona simplemente ha aprovechado la ocasión. Él no es más que una persona lista, eso es todo. El verdadero problema eres tú. Si no te hubiera engañado él, lo hubiera hecho cualquier otro.

Así que la cuestión no es quién engaña. Yo he observado que si alguien te engaña, es porque en ti hay cierta propensión a ser engañado. Y que si alguien puede mentirte, significa que tú tienes cierta afinidad con las mentiras. Un hombre sincero no puede ser engañado. Un hombre que vive en la verdad no puede ser víctima de mentirosos. Un mentiroso sólo puede engañar a otro mentiroso; es la única manera. Hay millones de personas dispuestas a ser engañadas, que simplemente están esperando que venga alguien y las engañe: por sus creencias, por sus deseos viciosos, por su avaricia... Tú quieres que alguien multiplique por diez tu oro; eso es avaricia. Si alguien te dice: "Yo puedo hacer que te ilumines", y tú caes inmediatamente. Eso también es avaricia.

Y yo te digo: Es mucho más fácil multiplicar el oro por diez que hacer que otra persona se ilumine. Porque eso no es un juego. El camino es arduo. En efecto, nadie te puede iluminar; te iluminas tú mismo; el otro, como mucho, puede ser un agente catalizador, nada más. Pero en realidad todo ocurre dentro de ti...

Así que no te preocupes y no culpes a los timadores: ellos están satisfaciendo una necesidad. Están ahí porque tú los necesitas. Nada existe sin una causa. A tu alrededor hay todo tipo de gente, porque tú los necesitas. Si hay ladrones, salteadores, explotadores, timadores, es porque tú los necesitas".

Osho, Zen. La hierba crece sola
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