25 ago. 2011

Saca el mejor partido de la vida: esa es tu prueba, tu oficio; esa es tu religión

"Os contaré una hermosa historia...

Hay un templo en el estado de Maharashtra, en India. Es un templo de Krishna y hay una extraña historia relacionada con el templo porque la figura de Krishna, que en  Maharashtra recibe el nombre de Bhittal, está sobre un ladrillo.

La historia cuenta que un hombre maravilloso, que disfrutaba de la vida a cada momento, en su totalidad, estaba tan satisfecho y feliz que Krishna decidió aparecérsele. Normalmente, hay personas que se pasan cantando y bailando toda su vida "Hare Krishna, Hare Rama", y ni Rama ni Krishna aparecen; no aparece nadie. A este hombre no le importaban ni Krishna, ni Rama, ni nadie.  Simplemente vivía su vida, pero la vivía de la manera que debe vivirse: con amor, con corazón, con belleza, con música, con poesía.  Su vida era una bendición en sí misma,   y Krishna decidió: "Este hombre necesita una visita mía".

Date cuenta de la historia: el hombre no piensa en absoluto en Krishna, pero Krishna, por su parte, cree que este hombre se merece una visita. Aparece de madrugada, para así no crear ninguna confusión en el pueblo. Encuentra abierta la puerta de la casa y entra.

La madre del hombre está muy enferma, y él le está dando un masaje en los pies. Krishna aparece a su espalda y le dice: " Soy Krishna y he venido a concederte una audiencia, una darshana".

El hombre respondió: "Este no es el momento oportuno: le estoy dando a mi madre un masaje en los pies".

Entretanto, justo a su lado había un ladrillo y le dijo que se sentara, que cuando hubiera terminado con su trabajo lo atendería. Pero estaba tan absorto en darle el masaje a su madre (ella estaba moribunda), que pasó la noche entera y Krishna se quedó allí parado.
Se dijo: "¡Vaya paradoja! La gente se pasa todo el día cantando "Hare Krishna, Hare Rama", y nunca los voy a ver. ¡Y vengo aquí y este tonto ni siquiera se ha vuelto a mirarme!".

Estaba amaneciendo, estaba saliendo el sol, y Krishna se asustó porque la gente le iría a ver. El camino estaba justo al lado de la casa y la puerta estaba abierta: si le veían ahí parado se iba a armar alboroto, se formaría una aglomeración. Así que desapareció, dejando sólo una figura de piedra de sí mismo sobre el ladrillo.

Cuando la madre se durmió, el hombre se volvió y dijo: "¿Quién es este hombre que ha venido a molestarme de madrugada?". Y se encontró con la figura de Krishna.

El pueblo entero se acercó. Era un milagro, ¿qué había pasado? Les contó toda la historia. Le dijeron: "Eres un tipo extraño; ha venido Krishna en persona, ¡qué tonto eres! Al menos podías haberle ofrecido algo de comer, o algo de beber. Era tu invitado".

El hombre respondió: "En aquel momento no había nada a mi lado excepto el ladrillo. Y siempre que estoy haciendo algo, me entrego totalmente. No quiero ninguna distracción. Si está tan interesado en que le vea, ya vendrá otro día, no hay prisa".

La figura permanece en el templo de Bitthal, encima de un ladrillo. Sin embargo, aquel hombre era realmente un gran hombre, sin preocuparse por recompensas o cosas parecidas, tan profundamente absorto en cada acción, que la acción en sí misma se convierte en la recompensa. E incluso si llega Dios, la recompensa que surge de la totalidad de la acción es más importante que Dios...

Así que olvídate de la espiritualidad, de la iluminación, de Dios; ya se las arreglarán ellos. Es asunto suyo. Allí están sentados sin clientes, , no necesitas preocuparte. Saca el mejor partido de la vida: esa es tu prueba, tu oficio; esa es tu religión. Y todo lo demás surgirá por sí solo".

Osho, El arte del té
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