21 may. 2012

El eterno presente, el único tiempo que existe, la única vida que hay

    "¿Te has dado cuenta?: Si te vas de vacaciones a los Himalayas o a Suiza, y durante meses has estado planeando llegar allí, en el mismo instante en que llegas, tu mente empieza a planear el momento de regresar, cómo regresar a casa. ¡Observa! Durante meses planeas cómo llegar y cuando llegas, o aún antes de llegar, cuando estás en camino, tu mente ya ha empezado a pensar en volver: en cómo volver.
     Cada una de tus llegadas es el principio de una salida. Y nunca estás ahí porque eres incapaz de estar ahí. De nuevo en casa volverás a pensar. A la vuelta empezarás a pensar acerca de lo que ocurrió en los Himalayas, y repasarás las maravillosas experiencias que tuviste allí. Es como si lo hubieras leído, como si alguien te lo hubiera contado. Buscas en la memoria como si la memoria funcionara por sí misma, tomando fotografías y convirtiéndose en un álbum. De vuelta a casa abrirás el álbum y lo mirarás, y le contarás a los amigos: "¡Ha sido maravilloso!".  Y empezarás a planear otra vez cómo ir a los Himalayas el próximo año.
     La mente no está nunca donde estás tú: la consciencia está siempre donde estás tú.  Ve abandonando más y más la mente y el darle vueltas a la mente, y hazte más y más consciente y atento. Tráete a ti mismo al momento.
     Al principio será difícil. Porque debido al hábito, la mente se irá una y otra vez. Tráela de vuelta. ¡No hay necesidad de luchar!  Simplemente dile que vuelva, dile: "Ven".  De nuevo se irá..., en unos segundos ya no estará ahí. Dile de nuevo que vuelva.
     Y poco a poco, cuando empieces a disfrutar de este momento (el eterno presente, el único tiempo que existe, la única vida que hay), cuanto más empieces a disfrutarlo, más presente estará la mente en ello. Y menos se irá.
     Entonces se produce una sintonización. De repente estás aquí, en casa, y la realidad se desvela. La realidad siempre ha estado ahí, tú eres el que no estaba ahí. No es la verdad lo que hay que buscar, sino que eres tú el que tiene que volver a casa".

Osho, El libro de la nada
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