22 may. 2012

En el terreno del amor puede crecer la semilla de la meditación

     "El amor te hace real; de otro modo sigues siendo una fantasía, un sueño, sin ninguna sustancia. El amor te da sustancia, el amor te da integridad, el amor te centra. Pero es sólo la mitad del viaje; la otra mitad hay que completarla en la meditación, en la consciencia. Pero el amor te prepara para la otra mitad. El amor es la mitad inicial y la consciencia es la mitad final. Entre las dos alcanzas a Dios. Entre el amor y la consciencia, entre estas dos orillas, fluye el río del ser.
     No evites el amor. Pasa por él, con todos sus dolores. Sí,  duele; pero si amas no importa. De hecho, todo ese dolor te fortalece. A veces duele muchísimo, terriblemente; pero todas esas heridas son necesarias para provocarte, para desafiarte, para hacer que estés menos adormecido. Todas esas situaciones peligrosas son necesarias para hacer que estés alerta.  El amor prepara el terreno, y en el terreno del amor puede crecer la semilla de la meditación..., y sólo en el terreno del amor.
     De modo que los que escapan del mundo por miedo nunca llegarán a la meditación. Pueden sentarse en cuevas del Himalaya durante vidas y vidas...; no alcanzarán la meditación. No es posible; no se la han ganado.  Primero hay que ganársela en el mundo; primero hay que preparar el terreno.  Y sólo el amor prepara el terreno.
     Por eso insisto en que mis sannyasins no renuncien al mundo. Permanece en él, acepta su reto, acepta sus peligros, sus dolores, sus heridas. Pasa por él; no lo evites. No trates de encontrar un atajo, porque no hay ninguno.  Es una lucha, es arduo, es un camino cuesta arriba, pero ésa es la manera de llegar a la cima.
     Y la alegría será muchísimo mayor que si te dejaran en la cima con un helicóptero, porque llegarías allí sin haber crecido; no podrías disfrutarlo.  Piensa en la diferencia... Te esfuerzas por llegar al Everest;  es muy peligroso, existen todas las posibilidades de que te mueras por el camino, todas las posibilidades de que nunca llegues a la cima... Es arduo, peligroso; la muerte te espera a cada paso.  Hay tantas trampas y tantas posibilidades de fracasar en vez de tener éxito;  de cien posibilidades, sólo hay una de que puedas llegar.  Pero cuanto más te acercas a la cima, más elevada es la alegría que nace en ti; tu espíritu vuela muy alto.  Te lo ganas, no es gratis,  y cuanto más hayas pagado por ello, más lo disfrutarás.  Entonces piensa: te pueden dejar en la cima con un helicóptero. Estarás en la cima y simplemente parecerás un tonto, un estúpido: ¿qué estás haciendo ahí? En menos de quince minutos estarás listo. Dirás: "¡Ya lo he visto! ¡No hay nada que hacer aquí!".
     El viaje crea la meta. La meta no está puesta ahí al final del viaje, el viaje la crea a cada paso. El viaje es la meta...
     De modo que nunca te pierdas ninguna oportunidad de vivir, de estar vivo, de ser responsable, de estar comprometido, de estar involucrado. No seas un cobarde. Afronta la vida, vívela, y entonces, poco a poco, algo se cristalizará dentro de ti...
     Si puedes arriesgar toda tu vida en el amor, tu logro será grande: el amor te enviará de vuelta a ti mismo, te dará algunos reflejos de la meditación. Los primeros vislumbres de la meditación suceden en el amor, y entonces surge en ti un gran deseo de alcanzar esos vislumbres... El amor hace que pruebes el gusto de la meditación.
     Una experiencia amorosa, orgásmica, es la primera experiencia del samadhi, del éxtasis. Hará que estés más sediento.  Ahora sabrás que es posible y ya no puedes estar satisfecho con lo mundano. Lo sagrado ha penetrado en ti, lo sagrado ha llegado a tu corazón. Dios ha tocado tu corazón, has sentido ese contacto. Ahora te gustaría vivir en ese momento para siempre, te gustaría que ese momento se volviera toda tu vida...
     Por un  lado, el amor te dará una gran alegría, y por el otro, hará que tengas sed de la alegría eterna".

Osho, El secreto de los secretos. Charlas sobre el secreto de la Flor Dorada
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