30 may. 2015

Cuando la mente se va, la comparación desaparece, y cuando no hay comparación, surge la belleza de la existencia.

          "Cuando comparas, te equivocas; si caes en la comparación siempre estarás mirando a los demás.
          Y no hay dos personas iguales, no puede haberlas. Cada individuo es único y cada individuo es superior, pero su superioridad no es comparable.
          Ocurrió una vez que un discípulo vino a ver a un maestro zen y le preguntó:
          - Entre la gente, ¿por qué hay unos pocos inteligentes y unos pocos tan estúpidos? ¿Por qué algunos son tan guapos y otros tan feos? ¿Por qué esta inconsistencia?...
          El maestro dijo:
          - ¡Espera! Esto es algo tan secreto que sólo te lo diré cuando se hayan ido todos.
          ...Por la noche, cuando todo el mundo se fue, el hombre preguntó:
          - ¿Ahora?
Y el maestro le dijo:
          - Sal fuera conmigo.
La luna estaba saliendo; el maestro le llevó al jardín y dijo:
          - Mira, aquel árbol de allí es pequeño, y éste de aquí es muy grande. He estaba viviendo con estos árboles muchos años y nunca me han planteado la pregunta de por qué aquél es pequeño y éste es grande. Yo solía hacerme la misma pregunta sentado bajo estos árboles. Entonces, un día mi mente desapareció, y la pregunta desapareció con ella. Ahora sé. Aquél árbol es pequeño y éste es grande; no hay problema. ¡Mira! No hay problema.
          La mente compara. ¿Podrías comparar si no tuvieras mente? ¿Podrías decir que aquel árbol es pequeño y éste es grande? Cuando la mente se va, la comparación desaparece, y cuando no hay comparación, surge la belleza de la existencia. Se convierte en una erupción volcánica, explota. Entonces ves que lo pequeño es grande y lo grande pequeño; entonces todas las contradicciones se van y ves la consistencia interna".

Osho, El juego de la vida