26 feb. 2009

La comparación crea competición, crea ambición

"Las personas se comparan continuamente con los demás, y se sienten felices o infelices debido a esas comparaciones.

Un día fui a ver a un famoso santo hindú. Este dijo a las personas que estaban con nosotros que se fijaran en lo que se transmitía entre él y yo.

—El secreto de la felicidad consiste en fijarse en quienes son infelices. Fijaos en los tullidos y os sentiréis felices de no ser tullidos. Fijaos en los ciegos y os sentiréis felices de no ser ciegos. Fijaos en los pobres y os sentiréis felices de no ser pobres.

Para callarle la boca a aquel imbécil, dije:

—No comprendes una cosa muy sencilla, que en cuanto una persona empieza a compararse con otras, no se compara sólo con las que son más desgraciadas. También se comparará con las que son más ricas, o más guapas, o más fuertes, o más respetables que ella, y se sentirá fatal. Tú no revelas el secreto de la felicidad; lo que revelas es el secreto del más absoluto sufrimiento.

Sin embargo, eso es lo que se ha predicado en el transcurso de milenios, con distintas palabras, pero el secreto es en esencia el mismo, en todas las religiones: date por satisfecho, porque hay personas muy desgraciadas, da gracias a Dios por no ser una de ellas.

Pero no es una cuestión unilateral. En cuanto aprendes a compararte, no te limitas a compararte con quienes son inferiores a ti; inevitablemente te compararás con quienes son superiores a ti, y te torturarás.

La comparación no es lo más adecuado. Tú eres tú, y no hay nadie con quien se te pueda comparar. Eres incomparable, como lo son las demás personas.

No compares, nunca. La comparación es una de las causas de tu encadenamiento a lo mundano, porque la comparación crea competición, crea ambición. Y no llega sola; va muy acompañada. En cuanto empieces a competir, no podrás ponerle fin; la competición acabará contigo antes que tú con ella. Cuando te haces ambicioso eliges el camino más absurdo para seguir con tu vida.

A Henry Ford le preguntaron en una ocasión... y me parece uno de los hombres más sensatos del siglo XX, porque sus declaraciones tenían mucho sentido. Fue el primero que dijo que "la historia es una bobada", algo totalmente cierto. Le preguntaron:

—¿Qué ha aprendido en su vida llena de éxitos?

Fue uno de los hombres de mayor éxito que se pueda imaginar; pasó de la pobreza a ser el hombre más rico del mundo, y conviene recordar lo que dijo.

Contestó:

—En mi vida de éxitos sólo he aprendido una cosa: he aprendido a subir escaleras. Y cuando llego al último peldaño de la escalera me siento imbécil, y me avergüenzo de mí mismo, porque ya no hay a donde ir.

"No puedo decir a quienes vienen detrás de mí luchando por llegar al final de la misma escalera que me siento estúpido. ¿Para qué he estado luchando? Nadie me haría caso si dijera: "Paraos donde estáis. No perdáis el tiempo... porque no hay nada. Cuando lleguéis arriba, os quedaréis atascados. No podréis bajar porque os parecerá que es caer. No podréis subir porque no hay a donde subir".

Los presidentes y los primeros ministros de los países se sienten atascados. Saben que sólo puede ocurrirles una cosa: caer. No hay nada hacia lo que ascender; no hay a donde ir, salvo caer de donde están, y por eso se aferran a sus poltronas.


Pero ese modo de vida no es el adecuado. Primero subes las escaleras, peleándote con los demás; por último te quedas atascado y te aferras al último peldaño para que nadie pueda echarte de allí. ¿Qué es esto? ¿Un manicomio?.

El ser humano ha convertido este planeta en un manicomio. Si quieres estar cuerdo, en primer lugar tienes que ser tú mismo, sin sentimiento de culpa, sin condenar. Acéptate con humildad y sencillez.

Es un regalo que te hace la existencia; agradécelo y empieza a buscar lo que te puede ayudar a desarrollarte como eres, no a ser una fotocopia de otro, sino a seguir siendo como eres.

No existe mayor éxtasis que el de ser tu naturaleza original".


Osho, La pasión por lo imposible
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