14 abr. 2012

Yo enseño la aventura, el coraje, el riesgo. Yo enseño a estar vivo

     "Si ocultas la flor en una habitación donde no le da el sol, donde no le llega el aire, quizás pienses que la estás protegiendo, pero la estás matando, estás cometiendo un asesinato. Lo haces con buenas intenciones por supuesto, es por el bien de la flor, fuera hay viento y hay demasiada lluvia y demasiado sol y quieres proteger el delicado brote. Para que se pueda convertir en una flor la ocultas en tu habitación y cierras todas las puertas y las ventanas. Se morirá.
     Sólo se puede abrir cuando está conectada con el sol, sólo se puede abrir cuando danza al viento, sólo se puede abrir cuando puede disfrutar de bañarse en la lluvia, cuando dialoga con las estrellas.  Pertenece al todo; sólo se puede abrir si está completamente arraigada en el todo.
     El hombre sigue siendo un brote, su dicha permanece siendo un brote por la sencilla razón de que está demasiado preocupado por la seguridad, tiene demasiado miedo del peligro, de la inseguridad, del riesgo. De modo que se mantiene a sí mismo dentro de ciertos límites y se encierra a sí mismo con un muro protector.  Así es como se convierte en un prisionero.
     La vida sólo se puede vivir como inseguridad, la vida sólo se puede vivir como peligro; no hay otra manera. Sin embargo, en nombre de la seguridad nos perdemos toda la oportunidad de abrirnos. Nos perdemos la inmortalidad porque tenemos miedo a la muerte.  Si aceptamos el peligro y nos sumergimos en él, nos regocijamos en él, lo convertimos en una aventura, entonces la vida es dicha.  Y sólo estas almas aventureras han conocido lo que es Dios. Yo enseño la aventura, el coraje, el riesgo. Yo enseño a estar vivo".


Osho, Meditaciones para empezar el día
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