14 jul. 2013

Vive naturalmente. Vive pacíficamente. Vive interiormente

"Un viejo sacerdote sermoneaba a su congregación sobre el pecado.
     "El pecado --dijo-- es como un gran perro. Está el gran perro del orgullo, el gran perro de la envidia, el gran perro de la avaricia y, finalmente, está el gran perro del sexo. Tienes que matar a esos grandes perros antes de que ellos te maten a ti y te impidan llegar al cielo. Es posible; lo sé, porque durante años yo lo he hecho. Maté al gran perro de la envidia, al gran perro del orgullo, al gran perro de la avaricia y sí, hijos míos, maté al gran perro del sexo".
     "Padre --se oyó una voz desde atrás-- ¿está seguro de que el último perro no murió de muerte natural?".
     No puedes cambiar la naturaleza. Si puedes vivir naturalmente, la transformación llega. Cuando llega, el sexo desaparece; pero no por tus esfuerzos. Es por ellos que sigue a tu alrededor. Cuanto más lo reprimes, más presente está. Cuanto más lo vives, mayor es la posibilidad de trascenderlo.
     "De acuerdo amigos --comenzó--, Dios os quiere curar a todos. Lo único que tenéis que hacer es poner una mano en la radio y la otra en la parte del cuerpo que esté enferma".
     La vieja se levantó, arrastró los pies hasta la radio y puso la mano sobre su artrítica cadera. Entonces el viejo puso una mano en la radio y la otra en su bragueta.
     Su mujer le miró con desprecio y dijo: "Viejo idiota. El hombre dijo que curaría a los enfermos no que resucitaría a los muertos".
     Vive naturalmente. Vive pacíficamente. Vive interiormente. Date un poco de tiempo a ti mismo, para estar solo, en silencio, observando la escena interior de tu mente. Lentamente los pensamientos desaparecen. Poco a poco un día la mente estará tan quieta, tan en silencio como si no estuviera...
     En este silencio de tu interior, encontrarás una nueva dimensión de la vida. En esta dimensión no hay avaricia, ni sexo, ni ira, ni violencia. No es algo que tú consigues; es una nueva dimensión más allá de la mente donde el amor existe puro, impoluto por la necesidad biológica; donde la compasión existe sin ningún otro motivo; no para recibir alguna recompensa en el cielo, ya que la compasión es una recompensa en sí misma.
     Existe un gran deseo de compartir todos los tesoros que has descubierto dentro de ti, y de gritar desde lo alto de los tejados a la gente: "¡No sois pobres! El paraíso está en vuestro interior".
     No necesitas ser un mendigo, has nacido emperador. Tan sólo tienes que descubrir tu imperio, y tu imperio no es del mundo externo; tu imperio es el de tu propia interioridad. Está dentro de ti y siempre ha estado ahí. Esperando que vuelvas a casa".

Osho, Los misterios de la vida
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