24 nov. 2007

El infierno es cuando estás tenso, el cielo es cuando estás relajado. La relajación total es el paraíso

Pregunta: 
¿Puedes hablar acerca de la relajación? Estoy percibiendo tensión dentro de mí y sospecho que probablemente nunca me he relajado totalmente.

Respuesta de Osho:


"La relajación total es lo definitivo. Ese es el momento en que uno se vuelve un Buda. Ese es el instante de la realización, de la ilu­minación, de la consciencia crística.


Ahora mismo no puedes relajarte totalmente; en tu interior per­sistirá la tensión. Pero empieza a relajarte. Empieza por la circun­ferencia; ahí es donde estamos, y solamente podemos empezar desde donde estamos. Relaja la circunferencia de tu ser, relaja tu cuerpo, relaja tu comportamiento, relaja tus actos. Camina de forma relajada, come de forma relajada, escucha de forma relajada... Reduce la velocidad de cada proceso. No tengas prisa. Muévete como si toda la eternidad estuviese a tu disposición. De hecho está a tu disposición; estamos aquí desde el principio y vamos a estar aquí hasta el final, si es que hay principio y hay final...

Tensión significa: prisa, miedo, duda. Tensión significa un esfuerzo constante en protegerse, en buscar seguridad. Tensión sig­nifica preparar el mañana ahora... temeroso de que pasado mañana no serás capaz de afrontar la realidad; ¡así que prepárate! Tensión significa que el pasado --un pasado que no has vivido realmente sino solamente pasado de largo-- está en el aire, te envuelve, es como una resaca.


Recuerda algo fundamental acerca de la vida: cualquier expe­riencia que no haya sido vivida persistirá, te asediará: «¡Acábame! ¡Víveme! ¡Complétame!». Hay una cualidad intrínseca en toda experiencia que quiere ser acabada, completada, y tiende a ello. Una vez completada se evapora; incompleta, persiste, te mortifica, te persigue, atrae tu atención. Te dice: «¿Qué vas a hacer conmigo? Sigo sin completar: ¡complétame!».

Todo tu pasado te asedia porque no lo has completado, no lo has vivido realmente, lo has vivido parcialmente, a medias, tímida­mente. No ha habido intensidad, pasión. Has vivido como un sonámbulo. Por eso el pasado te asedia y el futuro te asusta. Y entre el pasado y el futuro se estruja tu presente, la única realidad.


Tendrás que relajarte desde la circunferencia. El primer paso de la relajación es el cuerpo. Recuerda mirar dentro del cuerpo tantas veces como te sea posible para ver si estás acarreando alguna tensión en alguna parte: en el cuello, en la cabeza, en las piernas. Relájala conscientemente. Simplemente céntrate en esa parte del cuerpo y persuádela, dile amorosamente: «¡Relájate!».


Te sorprenderá comprobar que si te aproximas a alguna parte de tu cuerpo, te escucha, te sigue; ¡es tu propio cuerpo! Cierra los ojos y adéntrate en tu cuerpo --desde los dedos de los pies a la cabeza­ en busca de dondequiera que haya tensión. Entonces háblale a esa parte amistosamente; deja que haya un diálogo entre tú y tu cuerpo. Dile que se relaje; dile: «No temas, no hay nada que temer. Estoy aquí para cuidarte; puedes relajarte». Poco a poco aprenderás el truco. Entonces el cuerpo se volverá más relajado.


El siguiente paso es un poco más profundo: es decirle a la mente que se relaje. Y si el cuerpo escucha, la mente también escucha; pero no puedes empezar con la mente, tienes que empezar desde el principio. No puedes empezar por la mitad. Mucha gente empieza con la mente y fracasa; fracasan porque empiezan desde un punto equivocado. Todo tiene que hacerse en su debido orden.


Si eres capaz de relajar tu cuerpo voluntariamente serás capaz de ayudar a tu mente a que se relaje voluntariamente. La mente es un fenómeno más complejo. Una vez que adquieras la confianza de que el cuerpo te escucha, ganarás una nueva seguridad en ti mismo.
Ahora incluso la mente puede escucharte. Requerirá un poco más de tiempo, pero sucederá.


Cuando la mente esté relajada, empieza a relajar el corazón --el mundo de los sentimientos, las emociones--, que es incluso más complejo, más sutil. Pero ahora te moverás con una gran confianza en ti mismo. Ahora sabes que es posible. Si es posible con el cuer­po y con la mente, también es posible con el corazón. Y solamente entonces, cuando has pasado por estos tres pasos, puedes dar el cuarto paso. Ahora puedes adentrarte en el centro de tu ser el cual está más allá de tu cuerpo, de tu mente y de tu corazón-, el propio centro de tu existencia. Y también serás capaz de relajarlo.
Y esa relajación te traerá, con toda seguridad, el mayor gozo posi­ble, el éxtasis supremo, la aceptación. Estarás lleno de gozo y feli­cidad. Tu vida albergará la cualidad de una danza.


Toda la existencia es una danza, excepto el hombre. Toda la existencia forma parte de un movimiento muy relajado. El movimiento está ahí, ciertamente, pero es un movimiento totalmente relajado. Los árboles están creciendo, los pájaros están cantando, los ríos están fluyendo, las estrellas están moviéndose: todo está moviéndose de forma muy relajada... sin prisas, sin agobios, sin desperdicios --excepto el hombre--. El hombre ha caído víctima de su propia mente...


Empieza por el cuerpo, y poco a poco adéntrate más profunda­mente. Y no empieces con algo a menos que hayas resuelto los pre­liminares. Si tu cuerpo está tenso, no empieces con la mente. Espera. Trabaja con el cuerpo. Esas pequeñas cosas son muy importantes.


Caminas a un cierto ritmo; se ha vuelto un hábito, algo automá­tico. Trata de caminar lentamente... Buda solía decir a sus discípu­los: «Caminad muy lentamente, dad cada paso conscientemente».
Si puedes dar cada paso conscientemente, caminarás lentamente. Si andas con prisas, corriendo, te olvidarás de estar consciente. Por eso Buda camina muy lentamente.
Trata de caminar lentamente y te sorprenderás: una nueva per­cepción empieza a manifestare en el cuerpo. Come despacio y te sorprenderás de sentir una profunda relajación. Haz todo lentamen­te, simplemente para cambiar los viejos hábitos, para salirte de los viejos hábitos....


La relajación es uno de los fenómenos más complejos, ricos y multidimensionales. Todas estas cosas forman parte de ello: soltar­se, confiar, entregarse, amar, aceptar, fluir, unión con la existencia, disolución del ego, éxtasis. Todo ello forma parte de la relajación, y todo ello empieza a suceder si aprendes a relajarte.


Tus presuntas religiones te han vuelto muy tenso, porque han creado remordimientos dentro de ti. Todo mi esfuerzo consiste en ayudarte a que te deshagas de todos tus remordimientos y de todos tus miedos. Me gustaría decirte: no existen ni el cielo ni el infier­no. Así que no temas al infierno y no ambiciones el cielo. Lo único que existe es este momento. Tú puedes hacer de este momento un cielo o un infierno --eso es cierto-, pero no hay un cielo o un infierno en ninguna otra parte. El infierno es cuando estás tenso, el cielo es cuando estás relajado. La relajación total es el paraíso".


Osho, De la medicación a la meditación

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