3 nov. 2007

¡Los huéspedes vienen y van, no se quedan!

"En tu interior está la intemporalidad. Sigues siendo el mismo, tanto si pasa una nube llamada depresión como si pasa una nube llamada alegría.

A veces en el cielo hay nubes negras, pero el cielo no cambia a causa de esas nubes. A veces hay también nubes blancas y el cielo no cambia a causa de esas nubes blancas. Las nubes vienen y van, pero el cielo permanece...

Tú eres el cielo y los pensamientos son las nubes. Si observas minuciosamente tus pensamientos, si no se te escapan, si los miras de frente, lo primero que tendrás es esta comprensión; y se trata de una gran comprensión. Es el principio de tu budeidad, es el principio de tu despertar. Ya no estás dormido, ya no te identificas con las nubes que vienen y van. Ahora sabes que tú te mantienes así para siempre. De repente, desaparece toda la ansiedad.

No hay nada que te pueda cambiar, nada te cambiará jamás; entonces, ¿para qué sentir ansiedad, para qué estar angustiado? ¿De qué sirve estar preocupado? La preocupación no te puede afectar. Son cosas que vienen y van, sólo son pequeñas ondas en la superficie. En el fondo de tu ser no se forma ninguna onda. Tú estás ahí y eres eso. Tú eres ese ser. La gente de zen llama a ese estado el estado de ser el anfitrión.

El sufrimiento surge porque normalmente te identificas demasiado con los huéspedes. Cuando llega un huésped te apegas demasiado a él, y cuando el huésped hace las maletas y se va, empiezas a llorar y a lamentarte y le sigues al menos para ver cómo se marcha y despedirte de él. Luego vuelves llorando ; se va el huésped y te sientes muy triste. Después llega otro huésped y de nuevo vuelves a caer, te identificas con el huésped, y otra vez se va...

¡Los huéspedes vienen y van, no se quedan! No pueden quedarse, no es necesario que se queden, su destino no es quedarse.

¿Has observado los pensamientos? Nunca se quedan, no se pueden quedar. Aunque quieras que se queden, no lo harán...

Los huéspedes son huéspedes, no se van a quedar para siempre. En cuanto te das cuenta de que todo lo que te sucede va a desaparecer, ¿para qué preocuparse? Fíjate: déjales estar ahí, déjales hacer las maletas, déjales marchar. Tú te quedas. ¿Te das cuenta de la paz que surge cuando sientes que tú siempre estás ahí? Es un estado sin preocupaciones. Es la ausencia de la angustia. El sufrimiento cesa en el momento que cesa la identificación; simplemente no te identifiques. Y si te fijas en una persona que vive en esta intemporalidad eterna, sentirás la gracia, la tranquilidad y la belleza que hay a tu alrededor".

Osho, Compasión. El florecimiento supremo del amor
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