6 nov. 2007

Entrometerse en la libertad de los demás

"En el momento en que el amor exige se convierte en una prisión. Ha destruido tu libertad; ya no puedes volar por el cielo, estás enjaulado. Entonces uno piensa...; en especial, yo pienso. La gente piensa sobre mí que qué hago solo en mí habitación. Y yo pienso sobre ellos: ¿Qué hacen estos dos que siguen juntos? Al menos, me encuentro cómodo. Si hay alguien más, empieza el problema; algo va a pasar. Si hay otra persona, ya no se puede estar en silencio: el otro te preguntará algo, te dirá algo, hará algo o te forzará a ti a hacer algo. Es más, si la misma persona continúa día tras día...

El hombre que inventó la cama de matrimonio era uno de los mayores enemigos de la humanidad. Incluso en la cama, ¡sin libertad! No te puedes mover; la otra persona está al lado. Y por lo general, la otra persona ocupa casi todo el sitio. Si consigues algo de espacio, tienes suerte; pero recuerda, la otra persona sigue creciendo. Este es un mundo muy extraño, en el que las mujeres siguen creciendo y los hombres van menguando. Pero toda la culpa la tiene el hombre; él es el que hace engordar a las mujeres, las deja embarazadas. Más problemas a la vista. Una vez que juntas a dos personas, un hombre y una mujer, pronto llegará un tercero. Si no llega, los vecinos empiezan a ponerse nerviosos: «¿Qué pasa? ¿Por qué no tienen ningún niño?».

He vivido con mucha gente, en distintos lugares. Siempre me ha sorprendido una cosa: ¿Por qué la gente tiene tantas ganas de crearle problemas a los demás? Si no estás casado, se preocupan: «¿Por qué no te casas?», como si el matrimonio fuera una ley universal que todo el mundo tuviera que seguir. Torturado por todo el mundo, uno piensa que es mejor casarse; así, al menos, la gente dejará de torturarte. Pero te equivocas: una vez que te casas empiezan a preguntarte: «¿Cuándo vais a tener niños?».

Ahora, el problema es más difícil. Ya no depende de ti: puede que llegue el niño, puede que no llegue, y llegará a su debido tiempo. Pero la gente te seguirá incordiando... «Una casa sin niños no es un hogar». Es verdad, porque sin niños parece un templo silencioso; con un niño, la casa parece un manicomio. Y con muchos niños los problemas se multiplican.

Yo me he pasado la vida sentado en silencio en mi habitación. No molesto a nadie, nunca le he preguntado a nadie: «Por qué no te has casado? ¿Por qué no has tenido niños?». No creo que sea muy educado preguntar esas cuestiones, hacer esas preguntas; me parece entrometerse en la libertad de los demás.

La gente sigue viviendo con sus parejas, con sus hijos, y dado que cada nuevo miembro que entra en la familia va a incomodar en muchas cosas, tú te vuelves automáticamente cada vez menos sensible. Oyes menos, ves menos, olfateas menos, saboreas menos".

Osho. Amor, libertad y soledad. Una nueva visión de las relaciones
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