19 ago. 2008

La vida puede vivirse por su utilidad -a tu estilo-, o puede ser vivida como alegría

"El conocimiento es muy útil. ¡La sabiduría es lo inútil! Se necesitan muchos conocimientos en el mercado, en los negocios, en la política... Por todas partes el conocimiento es necesario: en la tecnología, en la ciencia. En todas partes se requieren conocimientos. El conocimiento es muy útil, práctico. La sabiduría es completamente inútil... pero ésa es su belleza. No es un objeto, no puedes utilizarla de ninguna manera, no puedes venderla, no puedes comprarla. No pertenece al mundo de lo práctico. Es un florecimiento...

Recuérdalo: el mundo exterior es el mundo de lo útil; el mundo interior es el mundo de lo significativo, no de lo útil. El mundo exterior pertenece a una dimensión totalmente diferente: la de la necesidad. Necesitas pan, necesitas mantequilla, necesitas una casa, medicinas, ropa, un cobijo, necesitas miles de cosas. Pero el mundo interior simplemente es un lujo; no es una necesidad. Es alegría, es puro regocijo...

El mundo funciona perfectamente sin músicos. ¿Quién necesita a unos músicos? No saben conducir un tren, no saben pilotar un avión; no son gente fiable.

Me encontraba viajando por la India... Unos de mis amigos -que falleció hace sólo unos meses- era un gran amante de los viajes. Yo solía utilizar en lo posible los trenes más rápidos porque tenía que recorrer todo el país y a él le encantaba viajar con los que se detenían en cada estación, en todas las pequeñas estaciones. Un viaje que podía completarse en diez horas duraba cuatro, cinco y a veces hasta siete días. Y siempre que venía conmigo insistía...

Una vez accedí... y realmente fue un placer porque él conocía los lugares con el mejor té, los que tenían la leche más pura, los de los dulces más exquisitos, los que ofrecían las mejores manzanas, los mejores mangos... En cinco días de viajar con él olvidé nuestro destino... ¡No había ninguna necesidad de ir a ninguna parte! Y todos lo conocían: los maleteros, los jefes de estación, los conductores... porque siempre viajaba en esos pequeños trenes. Y en cada estación el tren se detenía una hora, media hora, dos horas...

Había una pequeña estación que era realmente un lugar muy bonito. Toda ella estaba rodeada de un gran bosque de mangos, de cientos de mangos. Él me hizo salir de la estación y empezó a subirse a un árbol. Yo pregunté:

- ¿Qué estás haciendo?
Él me contestó:
- ¡Los mangos están maduros!
Yo le dije:
- Si el tren se va, nos habremos metido en un lío.
Él me dijo:
- No te preocupes. Ven conmigo.
Así que lo acompañé. Yo no paraba de decirle:
- Ya es la hora. El tren se va a ir.
Y él me replicaba:
- No te preocupes. ¿Ves al hombre que está ahí, por encima de nosotros?
Allí había un hombre.
- Él es el conductor. ¡A menos que baje, el tren no puede marcharse!

¡Cómo disfruté aquellos instantes!

La vida puede vivirse por su utilidad -a tu estilo-, o puede ser vivida como alegría. La música, el amor, las flores, las estrellas, la poesía, la pintura, la danza... todo eso pertenece al mundo interior".

Osho, El ganso está fuera
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