4 ene. 2011

Estoy aquí para disfrutar de la oportunidad que se me ha sido dada; estoy aquí para ser agradecido y celebrar

"La creencia es una necesidad muy profundamente arraigada en la gente. ¿Por qué es una necesidad tan profundamente arraigada? Porque sin creencia todo te parece un caos; sin creencia no sabes por qué existes; sin creencia no puedes ver ningún significado en la vida. No parece que tenga sentido alguno. Te sientes como un accidente, sientes que no hay ninguna razón para que estés aquí. Sin creencia, surge la pregunta: ¿Por qué existes? ¿Quién eres? ¿De dónde vienes? ¿A dónde vas? Y no hay ni una sola respuesta; sin creencia no hay respuesta. Uno se siente como si no tuviera sentido alguno, un accidente en la existencia, absolutamente innecesario, no indispensable. Te morirás y no le importará a nadie; todo continuará. Sientes que te falta algo, un contacto con la realidad, una creencia. Para eso están las religiones: para proporcionar creencias, porque la gente las necesita.

Una persona sin creencia tiene que ser muy, muy valiente. Vivir sin creencia es vivir en lo desconocido, vivir sin creencia es una gran osadía. Es algo que la gente corriente no se puede permitir. Con demasiada osadía entra la angustia, se crea ansiedad. Esto es algo de lo que hay que tomar nota: la persona realmente religiosa no tiene creencia. Tiene confianza, pero no creencia, y entre estas dos cosas hay una enorme diferencia.

La creencia es intelectual. Es algo que tú necesitas, por eso la tienes. Existe porque tú no puedes vivir sin ella. La creencia te da un sustento con el que vivir; te da cierto significado, falso no obstante; te da un cierto estilo de vida, una forma de moverse, una dirección. Te hace sentir que estás en la autopista, no perdido en el bosque. La creencia te da cierta comodidad, hay más creyentes como tú; te haces parte de la masa. Y entonces no necesitas pensar por ti mismo, entonces ya no eres responsable de tu propio ser ni de lo que haces. Entonces puedes pasar la responsabilidad a la masa...

La confianza es algo completamente diferente. La confianza no es un concepto intelectual. La confianza es una cualidad del corazón, no de la cabeza. La creencia es un puente entre el individuo y la masa, y la confianza es un puente entre el individuo y el cosmos. La confianza es en Dios, y cuando digo "Dios", no me estoy refiriendo a ninguna creencia en Dios. Cuando digo Dios, simplemente me estoy refiriendo al todo.

La confianza es la profunda comprensión de que tú sólo eres una parte, una nota de una gran sinfonía, una pequeña ola en el océano. Confianza significa que tienes que seguir al todo, fluir con el todo, estar en armonía con el todo. Confianza significa: yo no estoy aquí como enemigo, yo no estoy aquí para luchar; estoy aquí para disfrutar de la oportunidad que se me ha sido dada; estoy aquí para ser agradecido y celebrar. La confianza no es una doctrina: no necesitas ser hindú, no necesitas ser mahometano, no necesitas ser jaina o sij. La confianza es un compromiso entre el individuo y el todo. La confianza te hace religioso --no hindú, no mahometano, no cristiano--, simplemente religioso... La confianza sólo tiene una cualidad: la cualidad de rendirse al todo; la cualidad de moverse a ritmo con el todo; la cualidad de no imponer al todo que te siga, sino simplemente dejarte llevar con el todo. La confianza es una transformación; la confianza es algo que tiene que ser ganado; la creencia es algo dado por nacimiento. Nadie nace en confianza, todo el mundo nace en creencia: hindú, o jaina, o budista...

La confianza es algo completamente diferente. La confianza no está en las palabras, en las escrituras. La confianza es hacia la vida: la energía que mueve el todo. Tú confías en ella y flotas con ella. Si te lleva al fondo del remolino, tú vas al fondo con el remolino. Si te saca con la corriente, tú sales con la corriente. Tú vas con ella, no tienes ninguna opinión propia acerca de ella. Si te pone triste, tú te pones triste. Si te hace feliz, tú te sientes feliz. Tú simplemente vas con ella, sin opinión propia, y de repente, te das cuenta de que has alcanzado un punto donde la bendición va a ser eterna. También en tu tristeza te sentirás bendecido, porque no es asunto tuyo. El todo lo está haciendo de esa forma y tú vas con él. Que viene felicidad...está bien. Que viene tristeza...está bien. Para ti simplemente "está bien". Todo está bien. Eso es un hombre religioso: alguien que no tiene una mente propia. La creencia sí tiene una mente propia muy fuerte".

Osho, Zen. La hierba crece sola
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