5 jul. 2008

Sólo tú eres capaz de despertar, porque sólo tú puedes quedarte dormido

     "Lo que quiero señalar muy claramente es que la idea de que otra persona, no importa quién -Jesús, Moisés, Krishna o Mahoma-, la idea de que otra persona lo hará por ti, es absolutamente equivocada. Pero esta idea ha prevalecido y es muy fácil de aceptar, es muy sencillo dejarse impresionar por ella, porque la responsabilidad recae sobre otro. En este mundo las personas están muy prestas a hacer responsable a otro. Piensan que quitándose la responsabilidad se liberan de la carga. Están absolutamente equivocados. Responsabilidad es libertad, y en el momento en que dejas tu responsabilidad a otra persona, también le estás entregando tu libertad...
     Yo amo a Gautama Buda por la sencilla razón de que es el único hombre, en la larga historia de la humanidad, que ha rechazado asumir la responsabilidad de redimir a nadie...
     Deja que ello se sumerja profundamente en tu corazón. Sólo tú eres capaz de despertar, porque sólo tú puedes quedarte dormido. Nadie más es responsable de tu sueño. ¿Cómo puede ser alguien responsable de tu despertar?...
     Gautama Buda parece ser el único hombre que no está interesado en tener seguidores, que no está interesado en ser un  pastor, en reducirte a una oveja. Todo lo contrario; durante toda su vida solamente insistió en una cosa: "Vosotros sois exactamente como yo, la diferencia es muy pequeña. Un día yo estaba dormido, hoy estoy despierto. Vosotros hoy estáis dormidos, mañana podéis estar despiertos; y si sois inteligentes podéis despertar en este mismo instante"...
     ¿Te has fijado en los pajarillos? Ven a sus padres volando a su alrededor y ellos también agitan sus alas. Pero, naturalmente, tienen miedo porque nunca han volado y no pueden creer que sea seguro salir de su acogedor nido. Ese inmenso cielo, sin experiencia en volar..., a pesar de ser capaces de volar, de tener alas y de lo que disfrutarían volando en el cielo bajo el cálido sol.
     Finalmente, los padres de esos pequeños pájaros tienen que empujarlos. Ésa es la argucia, es un ardid zen. Pero los padres tienen que esperar a que sus alas sean lo suficientemente fuertes; hacen muchas cosas que a mí me parecen exactamente lo que un maestro zen hace a sus discípulos. La madre vuela delante de ellos, mostrándoles que si ella puede volar, ¿por qué no van a poder ellos? Los pequeños pájaros agitan sus alas para ganar confianza, para familiarizarse con el hecho de que ellos también tienen alas. ¡Es verdad!
     Pero dar el salto... Llegan hasta el mismísimo borde del nido, sopesan todos los pro y los contra. Tienen un gran anhelo de saltar, pero también miedo porque van hacia lo desconocido. Quién sabe: puede que se estampen contra el suelo, y se acabó. La madre vuela hacia otro árbol y, desde allí, comienza a llamarles: ¡Vamos, es irresistible! Lo intentan, pero una barrera invisible se lo impide.
     Cuando los padres ven que ya son perfectamente capaces, que solamente el miedo se lo impide, un día, sin decirles nada, de pronto: ¡un empujón zen! Por supuesto, al principio aletean de manera fortuita, pero ahora saben que, aunque no estén volando como deberían, pueden mantenerse en el aire. Entonces la madre empieza a llamarles desde árboles más lejanos. Primero van a los árboles que están más cerca, pero después empiezan a alejarse, hasta que un día se van al infinito para siempre, nunca regresan. Entonces todo el cielo es suyo".

Osho, Zen. Su historia y enseñanzas
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