13 jul. 2008

Quien está dispuesto a aceptar fácilmente la derrota termina derrotado

"Un gran guerrero japonés, llamado Nobunaga, decidió atacar al enemigo pese a contar apenas con una décima parte de las fuerzas de su oponente. Aunque estaba convencido de que vencería, su soldados dudaban.

Por el camino se detuvo en un templo sintoista y les dijo a sus hombres: "Después de salir del templo lanzaré una moneda al aire. Si cae cara ganaremos; si cae sello perderemos. Estamos en manos del destino".

Nobunaga entró al templo y oró en silencio. Al salir lanzó la moneda y cayó cara. Tan grande era el deseo de luchar de sus soldados que ganaron la batalla fácilmente.

"Nadie puede cambiar el destino", le dijo su asistente después de la batalla.

"Por su puesto que no", dijo Nobunaga, mostrándole una moneda arreglada con caras en ambos lados...

La victoria es producto de una creencia superior, positiva y más fuerte. Quien está dispuesto a aceptar fácilmente la derrota termina derrotado....

"Un gran guerrero" es aquel que ha sido entrenado desde su infancia de acuerdo con una creencia hipnótica de victoria. De eso se trata el entrenamiento y la disciplina. ¿En qué se entrena y se disciplina el guerrero? No en el manejo de la espada y del arco, o en la lucha libre; esas son cosas secundarias. El elemento fundamental es la siguiente creencia hipnótica: "Seré un triunfador y nunca nadie podría vencerme"...

Un Samurai ha sido entrenado únicamente para vencer, de tal manera que está programado para hacerlo. Es por eso que Nobunaga sabe que vencerá y no tiene dudas al respecto... "pero sus soldados dudaban". Los soldados son soldados, todavía no son guerreros...

Fue apenas un experimento de hipnosis, pero logró hipnotizar a todo su ejército sin recurrir a ninguno de los métodos tradicionales. No les pidió que se concentraran en un punto negro en la pared, ni que repitieran un mantra, ni que cerraran los ojos. No pronunció palabra sino que utilizó un método puro, muy sutil. Entró al templo para orar en silencio.

Los soldados permanecieron afuera del templo a la espera del resultado, seguramente con congoja en el corazón la mayoría de ellos. El enemigo era diez veces más fuerte y la derrota era inevitable. Esos soldados seguramente temblaban ante la perspectiva de la matanza. Sabían que no regresarían. Todos sabían que las fuerzas enemigas eran diez veces más numerosas. Nobunaga estaba loco. No irían a una batalla sino a una muerte segura...

Seguramente esparaban afuera con el corazón palpitante, sobrecogidos de angustia. Entonces salió Nobunaga, lanzó la moneda y cayó cara. Todo cambió en un instante. Ahora todos sabían que saldrían vencedores. Eso sucedió hace cientos de años en un país oriental donde las personas creían ciegamente que lo que estaba destinado a suceder, sucedería. El destino lo era todo. Sabían que no serían derrotados ahora que el clima había cambiado.

El destino y los dioses estaban con ellos, y aquellos que momentos antes sólo pensaban en salir huyendo para ocultarse, ahora no veían la hora de entrar en batalla. Hacía un momento estaban seguros de la derrota . Seguramente su ataque fue imparable ese día porque era imposible vencer a todo un ejército convencido de que el destino estaba a su favor...

Nobunaga engañó a su ejército: la moneda tenía dos caras. Pero tan pronto como el ser humano cree, fabrica su realidad. Esa es la estructura de la hipnosis y también la estructura del mundo, el mundo en el cual vivimos cada uno de nosotros.

El Zen desea que trascendamos ese mundo y reconozcamos que todo es creencia: la derrota, la victoria, la debilidad, el pecado, la santidad; todo ello son creencias, conceptos mentales, juegos de la mente. Dios es un metajuego.

Al abandonar todas las creencias lo relativo desaparece y emerge lo real".

Osho, El principio Zen
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