25 feb. 2010

El amor no es una flor de temporada, tarda años en crecer

¿Es esto una bendición? Después de pasar mucho tiempo solo, me he enamorado de tres mujeres a la vez. Al principio era fácil, pero en cuanto intenté profundizar en una relación, o yo salía corriendo hacia la siguiente, o ella quería estar con otra per­sona. Por supuesto, volvió a suceder lo mismo en cuanto sintonicé con otra de las mujeres. De modo que la alegría y el sufrimiento están muy próximos, y me pregunto ¿estaré evitando algo?

"¿No te parece que tres es más que suficiente? ¿Te parece que estás evitando la cuarta? Una mujer es bastante para crear un in­fierno, y me estás preguntando "¿Es esto una bendición?". Debe de ser una maldición disfrazada...


Debes tener un gran espíritu..., tan inconsciente que ni si­quiera tres mujeres te pueden alterar, o tan iluminado que "¿a quién le importa?"...

Tres mujeres, ¡y ni siquiera estás casado! Te van a usar de ba­lón. Y estás preguntando, "¿esto es una bendición?"... con in­terrogación, por supuesto. Ten un poco más de cuidado. Este si­tio es peligroso para la gente como tú. Aquí hay tantas mujeres que, si sigues así, pronto no quedará nada de ti y habré perdido innecesariamente a un discípulo. Piensa también en mí...

El amor es importante, es una buena situación de aprendi­zaje, pero sólo es un aprendizaje. Una escuela es suficiente, tres es demasiado. Y con tres mujeres no podrás aprender mucho porque ¡con tanta actividad! Es mejor estar con una mujer para que puedas ser uno con ella totalmente, para que puedas enten­der sus deseos y los tuyos más claramente, para estar menos preocupado, atormentado, porque al principio el amor sólo es un fenómeno inconsciente. Es biológico, no es demasiado valio­so. Sólo si le pones tu consciencia, sólo cuando te vas volviendo más meditativo acerca de él empieza a parecerte valioso, empie­zas a surcar los cielos.

La intimidad con una mujer o un hombre es mejor que las relaciones superficiales. El amor no es una flor de temporada, tarda años en crecer. Y sólo cuando crece va más allá de la bio­logía y comienza a contener algo espiritual. Estar con muchas mujeres o muchos hombres te hará superficial.... distraído tal vez, pero superficial; ocupado indudablemente, pero es una ocu­pación que no te va a ayudar en tu crecimiento interior.

Pero una relación de uno a uno, una relación duradera en la que os podáis entender mejor, es enormemente beneficiosa. ¿Por qué ocurre esto? ¿Qué necesidad hay de entender mejor a la mu­jer o al hombre? La necesidad es que todos los hombres tienen una parte femenina en su ser, y todas las mujeres tienen una par­te masculina. La única forma de entenderla, la forma más fácil, la más natural, es estar en una relación íntima con alguien. Si eres un hombre debes estar en una relación íntima con una mujer. Deja que crezca la confianza para que caigan todas las barreras. Acercaos el uno al otro tanto para que puedas mirar profundamente a la mujer y la mujer te pueda mirar profunda­mente. No seáis falsos con el otro...

De modo que si tienes muchas relaciones no podrás bucear en las profundidades del alma de la mujer. Y es lo único que ne­cesitas, conocer tu parte femenina interna. La relación se con­vierte en un espejo. La mujer se mira en ti y empieza a encon­trar su parte masculina, el hombre se mira en la mujer y empieza a descubrir su propia femeneidad. Y cuanto más cons­ciente te haces de tu parte femenina -el polo contrario-, más ín­tegro podrás ser, más equilibrado. Cuando tu hombre y tu mujer interiores desaparezcan el uno en el otro, se disuelvan, cuan­do ya no haya separación, cuando se hayan convertido en uno solo, te habrás convertido en un individuo. Carl Gustav Jung lo denomina proceso de individualidad. Tiene razón, ha escogido la palabra acertada. Y lo mismo le sucede a la mujer.

Pero mariposear con mucha gente te hará superficial, te mantendrá distraído, ocupado, pero no crecerás; y a fin de cuen­tas, lo único que importa es el crecimiento, el crecimiento de la armonía, de la individualidad, de tu centro. Ese crecimiento pre­cisa que conozcas a la otra parte. El planteamiento más sencillo es conocer primero a la mujer en el exterior, para que puedas co­nocer a la mujer interior.

Como un espejo -el espejo refleja tu cara, te muestra tu cara-, la mujer se convierte en tu espejo, el hombre se convier­te en tu espejo. El otro refleja tu rostro, pero si tienes alrededor tantos espejos, y estás corriendo de un espejo a otro, y engañan­do a cada espejo con el otro, será un caos, te volverás loco..."

Osho, El libro del hombre
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