7 mar. 2008

Está bien caerse alguna vez, hacerse daño, levantarse de nuevo; equivocarse unas cuantas veces. No pasa nada.

"--También solíamos ir (con mi abuelo paterno) a dar largos paseos por las mañanas y a veces por la noche, cuando había luna. Pero nunca le permití que me llevara de la mano. Y él me preguntaba:

--¿Pero, por qué? Puede que te caigas, puede que te tropieces con una piedra o con algo.

Le dije:

--Es mejor. Déjame que tropiece; no me voy a matar. Me enseñará cómo no tropezar, cómo estar alerta, cómo recordar dónde están las rocas. Pero si me llevas de la mano, ¿cuánto tiempo podrás asirme de ella? ¿Cuánto tiempo vas a estar conmigo?. Si me puedes garantizar que siempre estarás conmigo, entonces estoy dispuesto.

Era un hombre muy sincero; me dijo:

--Eso no puedo garantizártelo; no puedo hablar ni siquiera acerca de mañana. Y una cosa es segura, tú vivirás mucho y yo habré muerto, de modo que no voy a estar aquí siempre para llevarte de la mano.

--Entonces -le dije- es mejor aprender desde ahora, porque un día me dejarás y me quedaré indefenso. Por eso déjame solo, deja que me caiga. Trataré de levantarme. Espera, observa, y eso será más compasivo que llevarme de la mano.

Y lo entendió; me dijo:

--Tienes razón, un día dejaré de estar aquí.

Está bien caerse alguna vez, hacerse daño, levantarse de nuevo; equivocarse unas cuantas veces. No pasa nada. En el momento en el que te das cuenta de que te has equivocado, vuelve atrás. La vida se debe aprender a través del intento y el error.

Le solía decir a mi padre:

--No me des ningún consejo, ni aunque te lo pida. Tienes que ser muy claro con esto. Me tienes que decir: "encuentra tu propio camino". No me des consejos, porque cuando tienes a mano un consejo barato, ¿quién se molesta en encontrar su propio camino?".


Osho, Autobiografía de un místico espiritualmente incorrecto