13 jun. 2008

Tú no puedes ser sabio a menos que te vuelvas consciente

Pregunta:
¿Te has preguntado alguna vez cómo llevar la cualidad de ser testigo a tu vida cotidiana? O, ¿el usarla incluso para superar adicciones como fumar?

"Tener conciencia implica vivir con un testigo; la inconsciencia implica vivir sin un testigo. Cuando caminas por la calle, puedes caminar conscientemente –eso es lo que Buda dice que uno tendría que hacer- estás alerta, en lo profundo estás atento a tu caminar, estás consciente de cada movimiento. Estás consciente de los pájaros que cantan en los árboles, del sol temprano en la mañana atravesando los árboles, de los rayos que te tocan, de la tibieza, del aire fresco, de la fragancia de las flores recién abiertas. Un perro empieza a ladrar, un tren pasa por delante, respiras… lo estás observando todo.


No estás excluyendo nada de tu estado de alerta; estás absorbiéndolo todo. La respiración penetra, la respiración sale… estás observando todo lo que sucede. No es concentración, porque en la concentración te enfocas en una cosa y te olvidas de todo lo demás. Cuando te estás concentrando no escuchas el zumbido de las avejas o el canto de los pájaros; sólo verás aquello en lo que te concentras.

La concentración consiste en reducir tu conciencia a un punto. Es buena para el arco: tienes un blanco y tienes que ver sólo el blanco y olvidarte de todo lo demás. En el Mahabharata, una de las escrituras antiguas de este país ocurre esta historia:

Drona, un gran arquero, está enseñando a sus discípulos el tiro al arco. Arjuna gana finalmente, por la razón simple de que su concentración es la más fina. Un pájaro se posa sobre un árbol, y Drona les pide a todos sus discípulos que cojan sus arcos y flechas, se concentren en el pájaro, y se preparen para disparar. Luego se acerca a cada discípulo y le susurra una pregunta a su oído: “¿Qué estás viendo?”. Un discípulo dice: “Veo muchos árboles, el pájaro y los ojos del pájaro”. Drona se dirige a otro discípulo. Éste le dice: “Sólo veo un árbol y al pájaro posado en él y sus ojos”. Se dirige al tercero. Éste dice: “Veo sólo el pájaro”. Se dirige al cuarto. Éste le dice: “Veo sólo los dos ojos del pájaro”. Y Drona ha dicho que se tiene que penetrar en el ojo derecho: ése es el blanco. Finalmente se acerca a Arjuna y le pregunta. Arjuna responde: “Sólo veo el ojo derecho del pájaro y nada más”.

En cierto sentido Arjuna es el más concentrado, pero él se ha vuelto inconsciente del todo; es sólo un punto aislado de conciencia. Cuando hablo de conciencia no se trata de la conciencia que se necesita en el tiro al arco. Hablo de un fenómeno totalmente diferente: Una conciencia difusa, no concentrada, porque la concentración es agotadora, tensa, y tarde o temprano caerás en la inconsciencia. Cualquier cosa que canse no se podrá mantener por mucho tiempo.

La conciencia tiene que estar relajada: tiene que ser el equivalente a una apertura. Tú simplemente estás abierto a todo lo que está sucediendo. Te estoy hablando, y el tren pasa cerca, y el cucú llama a lo lejos… y tú estás consciente de todo ello. Estás abierto a todas las dimensiones de tu ser. Simplemente estás abierto y vulnerable, alerta, no dormido.

Esto es consciencia, y su opuesto es la inconsciencia. No estás abierto en absoluto, estás cerrado. Estás en una especie de sueño, de sueño metafísico. Los budas de todas las edades han estado luchando contra el sueño metafísico...

Lo he escuchado:

Mulla Nasruddin se emborrachó de tal manera, que se peleó con otro borracho y quedó con heridas y rayones por toda la cara. Volvió a casa a medianoche, se miró al espejo y pensó: “La cosa se va a poner difícil mañana por la mañana”. ¿Cómo ocultar todas estas heridas y rayones? Su esposa se va a enterar y le dirá: “¡Te has emborrachado nuevamente y has vuelto a pelear!”. ¿Cómo ocultarlo?

Se le ocurrió una gran idea. Buscó en el cajón de las medicinas y encontró un linimento. Se lo puso en sus heridas y rayones, muy feliz, complacido consigo mismo de que en la mañana las cosas no estarían tan mal… y se fue a dormir.

Temprano en la mañana cuando todavía estaba él en la cama, su esposa le gritó desde el baño: “¿Quién ha puesto linimento en el espejo?”. Por supuesto, un hombre borracho, un beodo, al mirar al espejo piensa que su cara es ésa. Es natural; si estás inconsciente todo lo que hagas va a estar equivocado.

Y, existe una gran borrachera metafísica. Por muchas vidas se ha convertido en una enorme carga para ti. Has vivido inconscientemente por tanto tiempo, que el esfuerzo de vivir conscientemente aunque sea por pocos minutos parece demasiado.

Tú amas, sucede inconscientemente, y se convierte en celos, posesividad. Deja de ser amor, porque el amor no puede ser inconsciente. Haces amigos sólo para crear enemigos. Ganas dinero para ser feliz, pero una vez has ganado dinero suficiente sólo te quedas profundamente tenso, gobernado por la ansiedad y no hay disfrute en ello. Corres tras el poder, la fama, y un día, si haces verdaderos esfuerzos, ciertamente lo consigues. Te vuelves famoso, pero te das cuenta del hecho de que nada se ha logrado al volverte famoso. Todo el mundo te conoce; eso es todo. Todo el mundo conoce tu nombre, pero ¿cómo va a hacerte esto feliz? Tienes poder, pero ¿qué vas a hacer con el poder? En las manos de un hombre inconsciente todo se vuelve ácido, amargo, ponzoñoso; todo se vuelve estúpido. Dale un consejo inteligente y, con seguridad va a caer en las manos equivocadas...

Tú no puedes ser sabio a menos que te vuelvas consciente, a menos que rompas con este viejo hábito de funcionar de manera inconsciente. Tienes que dejar de ser un autómata.

Hay cosas simples para pillar el truco. Por ejemplo, siempre caminas de prisa. Empieza a caminar despacio. Tendrás que estar alerta. En el momento en que pierdas la atención empezarás nuevamente a ir de prisa. Estos son pequeños recursos: Camina despacio, porque al hacerlo tendrás que estar consciente. Una vez pierdes la consciencia, el viejo hábito te atrapará inmediatamente e irás de prisa.

Si fumas cigarrillos, has de ello un proceso muy lento, tan lento que deje de ser automático. De otra manera no son las personas las que fuman cigarrillos, ¡son los cigarrillos los que se fuman a la gente! No son conscientes de lo que hacen. De forma muy inconsciente ponen las manos en los bolsillos, sacan el paquete, el cigarillo y la caja de cerrillas. Pasan por todas estas acciones pero no están alerta. Puede que estén pensando en mil cosas. En realidad, entre más inconscientes, tienden a fumar más. Cuando están más ansiosos, tensionados, preocupados, tienden a fumar más; esto les ayuda a poner una cara de relajamiento.

Haz de ello un proceso lento. Saca el paquete de cigarrillos del bolsillo tan lentamente como sea posible, tan conscientemente como sea posible. Ralentizar los procesos es muy útil. Sostén luego el paquete en tus manos, míralo, huélelo, siente su textura. Ábrelo luego muy lentamente, como si tuvieras todo el tiempo del mundo. Saca luego el cigarrillo y míralo por todas partes. Ponlo luego en la boca…¡espera! Coge luego la caja de cerillas; recurre nuevamente a los mismos movimientos lentos. Empieza luego a fumar muy despacio… inhala el humo muy despacio, sácalo muy despacio.

Y te quedarás sorprendido: si fumabas veinticuatro cigarrillos al día, fumarás seis como mucho; se quedará reducido a una cuarta parte. Y, poco a poco, sólo dos, uno, y un día, de repente, ¡encontrarás todo este asunto muy estúpido! Aún puedes seguir llevando el paquete de cigarrillos en el bolsillo por unos cuantos días, por si acaso, pero es algo terminado, no automático...

Duele aceptar que, “estoy inconsciente”, pero el primer acto de un ser consciente es aceptar que “estoy inconsciente”. La misma aceptación dispara en ti un proceso".

Osho, The Dhammapada: The Way of the Buddha
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