11 mar. 2009

Trabaja, pero no te hagas adicto al trabajo

"Yo no estoy en contra del trabajo; el trabajo tiene cierta utilidad, pero sólo eso: cierta utilidad. No puede convertirse en la razón de tu vida. Tenemos una necesidad perentoria de comida, de ropa, de un techo. Trabaja, pero no te hagas adicto al trabajo. En cuanto dejas de trabajar, deberías saber relajarte.

Y no hace falta ser muy listo para relajarse; es un arte muy sencillo, y es muy sencillo porque lo conociste cuando naciste. Ya lo tienes ahí; sólo hay que activarlo, despertarlo del aletargamiento. Hay que despertarlo.

Todos los métodos de meditación no son sino métodos para ayudarte a recordar el arte de abandonarse. Si hablo de recordar es porque ya lo conocías, y sigues conociéndolo, pero la sociedad intenta reprimir ese conocimiento.

Hay que recordar unos principios muy sencillos, como que el cuerpo debe ser el comienzo. Al estar tumbado en la cama (y te tumbas en la cama todos los días, o sea que no hace falta nada especial), cuando estés tumbado en la cama, antes de que te invada el sueño, observa con los ojos cerrados la energía que surge de tus pies. Desplázate de ahí; observa sólo en el interior. ¿Notas alguna tensión, en las piernas, en los muslos, en el estómago? ¿Notas presiones, tensiones? Si notas tensión en alguna zona, intenta relajarla, y no te apartes de ese punto a menos que notes la relajación.

Repítelo con las manos, porque las manos son la mente, están conectadas con la mente. Si tu mano derecha está tensa, estará tenso el lado izquierdo de tu cerebro. Si tu mano izquierda está tensa, estará tenso el lado derecho de tu cerebro. De modo que fíjate en las manos —son casi las ramas de tu mente— y llega por último a la mente.

Cuando todo el cuerpo está relajado, la mente ya está relajada al noventa por ciento, porque el cuerpo no es sino una extensión de la mente. Y con ese diez por ciento de tensión que sigue en tu mente... limítate a observarlo, y por el solo hecho de observarlo desaparecerán las nubes. Tardarás unos días; tiene su truco. Y así revivirás la experiencia de la infancia, cuando estabas relajado".

Osho, La pasión por lo imposible
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