11 feb. 2012

Toda la existencia vive en el presente, excepto tú, excepto la mente humana. Y sólo la mente humana sufre

Es como conducir un coche hacia adelante y marcha atrás al mismo tiempo. No estoy yendo a ninguna parte. ¿No está en marcha o es que soy un mal conductor?

"La idea de ir a alguna parte es errónea desde su base. Nada va a ninguna parte. La existencia es ahora, aquí; no se dirige a ningún destino en particular. No hay ningún destino, no hay ningún propósito final. Pero durante siglos nos han enseñado que la existencia se dirige hacia una determinada meta. También nos han enseñado a vivir ambiciosamente, a demostrar que somos algo, alguien: "Sé alguien".  Pero la existencia carece por completo de propósito.
   No estoy diciendo que no sea importante.  Es importante, precisamente, por carecer de propósito, pero su importancia no es mercantil.  Se trata de un tipo de importancia totalmente diferente: la importancia de una rosa, la importancia de un pájaro en vuelo, la importancia de la poesía, de la música. Es un fin en sí misma.
   No tenemos que transformarnos en algo, ya lo somos. Ése ha sido el mensaje de todos los despiertos: no tienes que conseguir nada, ya te ha sido dado. Es un regalo de la existencia. Ya estás donde deberías estar, no puedes estar en ninguna otra parte. No hay que ir a ninguna parte, no hay que conseguir nada.  Y cuando no hay que ir a ninguna parte ni hay que conseguir nada, puedes celebrar. Entonces no hay prisa, ni preocupación, ni ansiedad, ni angustia, ni miedo al fracaso. No puedes fracasar. Por la propia naturaleza de las cosas, es imposible fracasar, porque no se trata en absoluto de éxito.
   Lo que origina el problema en ti sólo es un condicionamiento de la sociedad. Entonces, empiezas a pensar: "No estoy llegando a ninguna parte y la vida se me va escurriendo de las manos, la muerte se va acercando. ¿Lo conseguiré o no?". Y entonces surge un gran miedo a fallar, una gran frustración por lo mucho que se ha perdido. ¿Y quién sabe?, puede que mañana nunca llegue.  "Todavía no he podido demostrar mi valía. Todavía no soy famoso. No he acumulado mucha riqueza. No soy el presidente o el primer ministro de un país".
   O quizá, puede que empieces a pensar en términos espirituales, pero el proceso es el mismo. Puedes pensar: "Todavía no me he iluminado. Todavía no me he convertido en un Buda o un Jesús. Estoy muy lejos de la meditación. No sé quién soy".  Y puedes seguir creándote mil y un problemas.
   Todos estos problemas surgen porque la sociedad quiere que seas ambicioso, y la ambición sólo se puede generar cuando hay una meta en el futuro. Para la ambición, el futuro es imprescindible. Sin ambición, no se puede crear el ego.  Y el ego es la estrategia básica de la sociedad para gobernarte, para explotarte, para mantenerte oprimido y desdichado.
   El ego existe en la tensión entre el presente y el futuro: a mayor tensión, mayor ego. Cuando no existe tensión entre tu presente y tu futuro, el ego desaparece porque no tiene ningún lugar en el que cobijarse, en el que pueda existir.
   Por eso la sociedad te enseña: "Transfórmate en esto, transfórmate en lo otro". Te enseña a transformarte. Todo sus sistema educativo se basa en la idea de transformarse.
   Y lo que yo estoy diciendo aquí es justo lo opuesto. Estoy hablando de ser, no de transformarse. La transformación es un invento de los astutos políticos y sacerdotes, que son los que han envenenado a toda la humanidad. Ellos te van dando metas. Si te cansas de las cosas mundanas, el dinero, el poder, el prestigio, te hablas del paraíso, de Dios, del samadhi, de la verdad. Todo el proceso vuelve a empezar de nuevo.
   Y con las cosas mundanas es fácil acabar frustrado. Tarde o temprano, verás lo estúpido de tener más dinero o más poder. Tarde o temprano, verás la futilidad de la propia idea del "más" porque el "más" lo único que trae es desdicha. Se lleva toda tu felicidad, toda tu paz. Es destructivo. Lo único que aporta es miedo, inseguridad, ansiedad, neurosis. Te vuelve loco... Ha convertido el mundo entero en un manicomio.
   Pero ver que las metas espirituales, el nirvana, la liberación final, Dios, el paraíso, también son lo mismo es muy difícil. Ver que esas metas son de la misma calidad requiere una gran inteligencia. No hay ningún cambio cualitativo; todavía sigues pensando en términos de transformarte. Todavía sigues pensando en términos de futuro.
   El futuro no existe, es tan no-existencial como el pasado. El pasado ya no existe, el futuro todavía no existe; sólo existe el presente. Y en el presente no hay posibilidad de desear, no hay espacio suficiente para que el ego pueda existir.
   Cuando estás ahora y aquí no hay ningún ego. Eres un puro silencio...
   Dices: "Es como conducir un coche hacia adelante y marcha atrás al mismo tiempo. No estoy yendo a ninguna parte".
   No es necesario. Este mismo momento, dondequiera que estés, es una bendición, es divino. ¿A qué otro lugar quieres ir? ¿Por qué vivir en el pasado? Es el pasado lo que te da metas. Es el pasado que llevas en tu cabeza lo que proyecta metas en el futuro. El futuro no es más que un reflejo del pasado.
   Desde la infancia has estado siendo hipnotizado por la sociedad, por los sacerdotes, por los políticos, por tus padres, por los pedagogos, han estado todo el tiempo induciéndote hipnóticamente que tienes que tener una meta en la vida, que tienes que tener algún propósito, que tienes que ser un gran triunfador, que tienes que ser famoso, un premio Nobel o algo así, que no debes morir siendo un hombre corriente... Tienes que morir siendo presidente o primer ministro, ¡como si su muerte tuviese algo de especial!
   Por este continuo martilleo sobre tu cabeza, estás tan acostumbrado a la idea, que te está volviendo loco. Si no, la  vida es muy hermosa tal como es; no necesita ningún propósito, ninguna meta. El futuro puede ser abandonado por completo. Vives en el futuro para escapar del presente, y estás tan obsesionado psicológicamente con el futuro que te estás perdiendo lo que es, por lo que no es...
   Si eres inteligente, no te preocuparás por el futuro. Vivirás en y para el presente, porque no existe ninguna otra vida.
   Escucha a los pájaros piando, charlando...los árboles floreciendo... las estrellas, el sol, la luna. Toda la existencia vive en el presente, excepto tú, excepto la mente humana. Y sólo la mente humana sufre.
   ¡Sal del futuro! Es tu sueño. No tienes por qué ir a ninguna parte. Sé feliz dondequiera que estés. Confórmate con tu ser y abandona la idea de transformarte. Entonces, cada momento es precioso; entonces, cada momento tiene tal belleza, tal grandeza, tal esplendor. Entonces, cada momento es exquisito, puedes sentir lo divino en todas partes y en todo momento.
   El paraíso no es una meta, es la presencia ahora mismo. Si estás presente, lo divino está disponible. Si vives en el momento, estás iluminado; no existe ninguna otra iluminación. Entonces, la vida ordinaria es muy extraordinaria. Entonces, ser simplemente un nadie es muy satisfactorio. A esta forma de abordarlo todo yo lo llamo sannyas: abandonar las metas, los propósitos, el futuro; entrar a formar parte de la existencia en este mismo momento, no posponerlo. En este mismo momento puede darse una gran explosión en ti: el ego desaparece, tú ya no existes, sólo existe lo divino. Eso es bendición, eso es verdad".

Osho, Fama, fortuna y ambición. ¿Cuál es el verdadero significado del éxito?
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