25 ene. 2013

La presencia de un maestro es la única doctrina que hay

"Una historia...
     Dogo, el anciano maestro Zen, tenía un discípulo llamado Soshin. Cuando Soshin llegó de principiante bajo Dogo, esperaba sin duda que el maestro le instruiría en el Zen de la manera en que un maestro de escuela instruye a sus alumnos. Pero Dogo no le dijo nada especial... Finalmente, Soshin no pudo aguantarlo más y le reprochó a su maestro que no le mostrase nada del Zen. "Pero te he estado dando lecciones de Zen desde que llegaste", dijo Dogo.
     "¿Ah, sí?", dijo Soshin, "¿y cuándo ha podido ser eso?".
     "Cuando me traes mi taza de té por la mañana", dijo Dogo, "la acepto. Cuando me sirves la comida la como. Cuando te inclinas ante mí, me doy por enterado. ¿De qué otra manera esperas aprender Zen?".
     El Tao se puede compartir, pero no se puede dividir. El Tao se puede mostrar, pero no se puede decir.
     El maestro vive en el tao. El discípulo tiene que embeber su espíritu. No es una enseñanza, no puede ser una enseñanza: todas las enseñanzas son superficiales. Tiene que ser más profunda que una enseñanza. Tiene que ser una transferencia de energía. Tiene que ser de corazón a corazón, de alma a alma, de cuerpo a cuerpo. No puede ser verbal. Y el discípulo tiene que ver, mirar, observar, sentir, amar la energía que se está manifestando en el maestro. Poco a poco, lentamente, sentándose simplemente al lado del maestro, el discípulo aprende muchos secretos, aunque nunca se le enseñen.
     Uno de los mayores secretos es que al sentarse junto al maestro, el discípulo empieza a respirar de la misma manera que respira el maestro. Se origina una sincronía, y en esa sincronía los dos se unen...
     El discípulo no tiene que aprender lo que enseña el maestro, sino cómo es el maestro...
     El maestro está diciendo: observa mis gestos, mi manera de andar, mi manera de sentarme, mi manera de respirar, mi manera de simplemente sentarme contigo, mi manera de mirarte, mi manera de responder de mil y una maneras. No esperes una doctrina; la presencia de un maestro es la única doctrina que hay. La verdadera enseñanza no es una enseñanza en absoluto, es una transferencia más allá de las palabras y más allá de las escrituras. Y la transferencia sucede mediante la armonía de la respiración".

Osho, El secreto de los secretos. Charlas sobre el secreto de la Flor Dorada
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