9 sept. 2008

Si eres desgraciado, eres desgraciado tú. Nadie te obliga.

A veces no siento, como dice Sartre, que "El infierno son los otros", sino que "El infierno soy yo mismo". Yo vivo en el infierno mismo. ¿Tengo que aceptar el infierno antes de conocer la dicha?. No veo cómo puedo hacerlo.

"No; no estás viviendo en el infierno. Tú eres el infierno. El ego mismo es el infierno. En cuanto el ego deja de estar ahí, no existe el infierno. El ego crea ciertas estructuras a tu alrededor, que te hacen desgraciado. El ego funciona como una herida, y todo empieza a hacerle daño. El "yo" es el infierno...

Dice Jean-Paul Sartre: "El infierno son los demás". Es algo que hay que comprender. Todo el mundo piensa así. Sartre simplemente expresa un malententido muy extendido, un espejismo muy común. Si eres desgraciado piensas que alguien te hace desgraciado. Si estás enfadado piensas que alguien te ha hecho enfadar, pero siempre es otro, no tú.

Si estás enfadado, estás enfadado tú. Si eres desgraciado, eres desgraciado tú. Nadie te obliga. Nadie puede hacer que te enfades a menos que tú decidas enfadarte... Nadie puede hacerte desgraciado a menos que tú decidas ser desgraciado. Entonces el mundo entero te ayuda a ser desgraciado.

El yo es el infierno, no el otro. La idea misma de "Soy alguien separado del mundo" es el infierno. La separación es el infierno. Olvida el ego y verás... De repente desaparece el sufrimiento, desaparece el conflicto.

Me preguntas: "¿Tengo que aceptar el infierno antes de conocer la dicha?". Desde luego que sí. Tendrás que aceptarlo y comprenderlo. Con esa comprensión y esa aceptación, el infierno quedará reabsorbido en tu unidad. Se disolverá tu conflicto, se disolverá la tensión. Serás más entero, más íntegro. Y cuando estás entero, no existe el ego...

Pero por lo general cultivamos el ego. Por un lado, intentamos no ser desgraciados y por el otro, cultivamos el ego. Todos nuestros esfuerzos son contradictorios.

He oído contar lo siguiente:

Una altiva señora de alta sociedad murió y llegó a las puertas del cielo:
-Bienvenida. Entre -le dijo San Pedro.
-Ni hablar -replicó la señora con desdén-. Si aquí puede entrar cualquiera sin haber reservado mesa, no es esa la idea que tenía yo del cielo.

Si aún por casualidad llega un egoísta a las puertas del cielo, no entrará. No es esa la idea que tenía del cielo... ¿Sin reserva puede entrar cualquiera?. Entonces, ¿para qué?. Sólo se debería admitir a unas cuantas personas, muy selectas. Entonces el ego sí puede entrar en el cielo. En realidad, el ego no puede entrar en el cielo; sólo en el infierno. Sería mejor decir que el ego lleva su propio infierno adonquiera que vaya.

Ocurrió lo siguiente:

El mulá Nasrudin se cayó a un pozo negro y no podía salir. Se puso a gritar: "¡Fuego, fuego!", y al cabo de un par de horas aparecieron los bomberos.
-¡Aquí no hay ningún fuego! -exclamó el jefe de bomberos-. ¿Por qué ha gritado "fuego"?.
-¿Y qué querías que gritase? -preguntó el mulá- ¿Mierda?.

El ego es de tal manera que incluso si está en el infierno no lo admitirá. El ego se adorna continuamente".

Osho, Alegría. La felicidad que surge del interior
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