23 ene. 2010

No se trata de ser afectuoso sólo con los seres humanos, sino de amar en general

"Un viajero alemán fue a ver en una ocasión a un célebre místico. Debía de estar enfadado por alguna razón. Se desató encolerizado los zapatos, los tiró a un rincón y abrió la puerta bruscamente, dando un golpe...

El místico le dijo:

- Aún no puedo responder a su saludo. Primero pida perdón a la puerta y a los zapatos.

- Pero ¿qué le pasa? -preguntó el hombre- ¿Cómo voy a pedirle perdón a una puerta y a unos zapatos? ¿Acaso están vivos?

- Ni siquiera pensó usted en eso al descargar su furia sobre esos objetos inanimados -replicó el místico-. Ha tirado los zapatos como si fueran seres vivos culpables de algo, y ha abierto la puerta con tal agresividad que parecía que fuera su enemiga. Como ha reconocido la personalidad de esos objetos descargando su furia sobre ellos, ahora debería pedirles perdón. Si no lo hace, no hablaré con usted.

El viajero pensó que había recorrido un largo camino desde Alemania para conocer a aquel místico, y que algo tan trivial no le iba a impedir hablar con él. De modo que se acercó a los zapatos y con las manos entrelazadas dijo:

- Perdonadme por haberme portado mal, amigos. Y, dirigiéndose a la puerta, añadió: Lo siento. No quería haberte empujado así.

El viajero escribió en sus memorias que al principio se sintió ridículo, pero que cuando terminó de pedir perdón se quedó sorprendido: sentía una paz y una serenidad increíbles...

A continuación fue a sentarse junto al místico, que se echó a reír:

- Ahora sí -dijo-. Ahora podemos iniciar el diálogo. Ha demostrado cierto amor, y puede relacionarse. Incluso puede comprender, porque ahora se siente ligero y alegre, se siente dichoso.

No se trata de ser afectuoso sólo con los seres humanos, sino de amar en general".

Osho, El libro del sexo. Del sexo a la superconsciencia
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