30 oct. 2012

Y escucha con cuidado: cuando no necesitas al otro, puedes amar. Y ese amor no te hará desgraciado

     "Y eso es tu vida. Vas cambiando a la otra persona pensando que quizá esta mujer, este hombre, te traerá el paraíso que siempre has estado buscando. Pero todo el mundo te trae un infierno, ¡no falla!  Y no se puede condenar a nadie por ello, porque esas personas están haciendo exactamente lo mismo que tú: llevan consigo un yo irreal del que no puede crecer nada. No puede florecer. Está vacío: decorado, pero vacío y hueco por dentro.
     Por eso, cuando ves a alguien de lejos, él o ella te resulta atractivo. A medida que te acercas, el atractivo se reduce. Cuando te encuentras, no es un encuentro sino un encontronazo. De repente ves que la otra persona está vacía y te sientes engañado, timado, porque no tiene nada de lo que prometía.
     La otra persona está en la misma situación respecto a ti.  Todas las promesas fracasan y os volvéis una carga el uno para el otro, una desgracia el uno para el otro, una tristeza el uno para el otro, sois destructivos el uno para el otro.
     Os separáis. Durante algún tiempo te sientes aliviado, pero tu realidad interna no puede dejarte en ese estado durante mucho tiempo; pronto estarás buscando a otra mujer, a otro hombre y volverás a la misma trampa. Sólo cambian los rostros; la realidad interna sigue siendo la misma, está vacía.
     Si realmente quieres librarte de la miseria y del sufrimiento, entonces tendrás que entender que no tienes un yo. Eso no será un pequeño alivio, será un gran alivio. Y si no tienes un yo, la necesidad del otro desaparece. El yo irreal necesitaba ser alimentado por el otro. Tú no necesitas al otro.
     Y escucha con cuidado: cuando no necesitas al otro, puedes amar. Y ese amor no te hará desgraciado.
     Al ir más allá de las necesidades, de las demandas, de los deseos, el amor se convierte en un compartir suave, en una gran comprensión.
     El día que te entiendes a ti mismo, entiendes a toda la humanidad. Entonces nadie puede hacerte desgraciado. Sabes que sufren de un yo irreal, y lanzan su desgracia sobre cualquiera que esté por allí cerca.
     Tu amor te permitirá ayudar a la persona que amas a liberarse del yo.
     Sólo conozco un regalo...
     El amor sólo puede regalarte una cosa: que no eres, que tu yo sólo es imaginario. Esta comprensión entre dos personas de repente les hace una, porque dos nadas no pueden ser dos.  Dos algos serán dos, pero dos nadas no pueden ser dos: dos nadas empiezan a fundirse y mezclarse. Tienen que volverse uno.
     Por ejemplo, si estamos sentados aquí... Si todo el mundo es un ego entonces hay cierta cantidad de gente, que se puede contar.  Pero hay momentos que puedo ver --quizá vosotros también los veáis--  que hay un completo silencio. Entonces no puedes contar cuánta gente hay. Sólo hay una conciencia, un silencio, una nada, una ausencia del yo. Sólo en ese estado dos personas pueden vivir en la alegría eterna, y cualquier grupo puede vivir en una gran belleza; toda la humanidad puede vivir en una gran bendición".

Osho, Más allá de la psicología 
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