23 abr. 2014

Nunca me siento a meditar. No necesito sentarme porque haga lo que haga estoy meditando.

          "Una mujer me dio una mano de plástico con una pila para rascar la espalda. Le pregunté: "¿Por qué me has comprado esto?"  Ella me dijo: "Debes sentarte a meditar. En cuanto me siento a meditar mi espalda comienza a darme comezón. Necesito rascarme, pero resulta imposible llegar a ciertas partes. Así que adquirí esta mano mecánica. ¡Es muy práctica!  Sólo tienes que encenderla y te rasca donde sea".
          Le dije: "Nunca me siento a meditar. No necesito sentarme porque haga lo que haga estoy meditando. Si necesito rascarme la espalda lo hago mientras medito".

OSHO, El libro de la comprensión. Trazando tu propio camino hacia la libertad
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