17 sept. 2007

Ni expresar ni reprimir, observar

"Durante miles de años te han dicho que reprimas, y debido a la represión te has vuelto cada vez más inconsciente. Yo no te puedo decir que reprimas. Quisiera decirte justo lo contrario: no reprimas —observa, estáte alerta. Cuando se presente la cólera, siéntate en tu habitación, cierra tus puertas y obsérvala.
Tú conoces solamente dos maneras: estar enojado, ser violento, destructivo o reprimirlo. Tú no conoces la tercera manera, y la tercera manera es la manera de los budas: ni complaces ni reprimes —observa....

Si sólo se da esta opción, reprime o expresa, entonces yo sugeriría expresar. Pero ésta no es la verdadera elección; hay una tercera alternativa, mucho más importante que estas dos...

La indulgencia crea un hábito, la represión acumula el veneno en el interior. En indulgencia tú lanzas el veneno a otros, pero ellos no van a permanecer callados —te lo lanzarán de regreso. Se convierte en un combate: tú lanzas tu cólera a otros, ellos te lanzan su cólera —pero nadie recibe ayuda, todos resultan lastimados y heridos.

Y si reprimes... Debido a esta futilidad de la indulgencia, los sacerdotes inventaron la represión. Te mantiene fuera de peligro. La represión te hace un buen ciudadano, un caballero. Te mantiene fuera de los peligros de ser atrapado por la ley, de entrar en enemistad; te mantiene tranquilo. La represión te ayuda a volverte una persona social mejor, eso es cierto. Pero te hace una herida adentro, sólo una herida, y el pus va acumulándose en el interior. Al exterior funciona como un agente lubricante, pero por dentro te enfadas cada vez más.

Medita —meditación significa observación— y alcanzarás la libertad y la dicha".

Osho, The Dhammapada: The Way of the Buddha
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