30 abr. 2008

La mente es exhibicionista

"La mente siempre piensa en términos de exhibición, es exhibicionista.

Mulla Nasruddin murió. Alguien se lo dijo a su esposa que es­taba tomando el té de la tarde; media taza estaba vacía. El hom­bre le dijo,'''Tu marido ha muerto, lo atropelló un autobús". Pero la esposa de Mulla Nasruddin continuó sorbiendo su té.

El hombre le dijo, "¡Qué! ¡No has ni dejado de tomar el té! ¿Es que no me oyes? Tu marido ha muerto y no has dicho ni mu!". La esposa dijo, "¡Déjame acabar, chico, y ya gritaré luego! Espera un momento".

La mente es exhibicionista. Ella gritará, ¡dale tan sólo un po­co de tiempo para prepararlo!

Oí una vez de un actor cuya esposa murió. Lloraba desconso­ladamente, gritaba, las lágrimas cayendo por sus mejillas.

Un amigo le dijo, "Nunca pensé que quisieras tanto a tu mujer".

El actor miró a su amigo y le dijo, "Esto no es nada. Deberías de haberme visto cuando murió mi primera esposa".

Incluso cuando demuestras tu angustia miras a los demás pre­guntándote que pensarán de ello. ¿Por qué pensar en un gran fu­neral? ¿Por qué grande? Haces de la muerte una exhibición, ¿Es realmente esto respetuoso? ¿O es la muerte algo comercial, un ar­tículo de consumo?

Nuestro Maestro ha muerto, por eso surge la competencia y de­bemos de intentar que tenga el funeral más grande; ningún otro Maestro habrá tenido uno como éste, ni nadie lo tendrá otra vez. Incluso en la muerte piensas en el ego. Pero los discípulos son así, seguidores. Pero no son auténticos seguidores, pues si hubieran seguido realmente a Chuang Tse no se habrían planteado el tema de un gran funeral. Hubieran sido humildes en ese instante. Pero el ego es fuerte.

Siempre que sostengas que tu Maestro es alguien muy impor­tante, mírate por dentro. Estás afirmando, "Yo soy alguien impor­tante, por eso es por lo que seguí a este gran hombre, soy un gran seguidor". Y todos los seguidores reclaman que su Maestro es el más grande, ¡pero no por el Maestro en sí! ¿cómo puedes ser tu un gran seguidor si tu Maestro no es grande? Y si alguien le dice que no es así te sientes ofendido, irritado, comienzas a discutir y a pelear.

Es una cuestión de la supervivencia del ego. En cualquier par­te el ego se afirma. Es astuto y muy sutil. Incluso a la hora de la muerte, no te abandonará, incluso en la muerte estará allí. El Maestro se está muriendo y los discípulos están pensando en el funeral. No han seguido para nada al Maestro, a un Maestro co­mo Chuang Tse cuya única enseñanza ha sido el ser espontáneo.

Cuando Chuang Tse estaba a punto de morir,
sus discípulos comenzaron a planearle un gran funeral.


No ha muerto aún y sus discípulos ya han empezado a planear, porque el tema no es Chuang Tse, el tema son los egos de los discípulos. Deben de ofrecerle una gran despedida y todo el mundo debe de saber que nunca antes se dio un hecho igual.

Pero no puedes engañar a Chuang Tse. Aun en su muerte no te abandonará; aún en su muerte no puede ser engañado; aun cuando está en su adiós, te entregará su corazón, su sabiduría; aun en su último momento compartirá lo que ha conocido y experi­mentado. Aun este último momento será un compartir.

Pero Chuang Tse dijo:

"Tendré al cielo y a la tierra como ataúd,
el sol y la luna serán símbolos de jade
prendidos junto a mí,
los planetas y las constelaciones brillarán
como joyas a mi alrededor,
y todos los seres estarán presentes
como plañideras en el velatorio".


¿Qué más se necesita? Todo es muy simple: sencillo, sufi­cientemente, dispuesto. ¿Qué más se requiere? ¿Qué más puedes hacer? ¿Qué más puedes hacer por un Chuang Tse, por un buda? Hagas lo que hagas no será nada, planees lo que planees será una trivialidad. No puede ser algo magnífico porque el universo al completo está preparado para recibirlo. ¿Qué más puedes hacer?

Chuang Tse dijo: El sol y la luna y todos los seres del cielo y de la tierra están preparados para recibirme. Y todos los seres, la existencia entera, serán los que plañirán. Por eso no necesitas pre­ocuparte, no necesitas contratar plañideros.

Contratas plañideros; ahora puedes encontrarlos en el merca­do. Hay gente a la que pagas y ella llora la muerte. ¿Qué clase de humanidad es la que está surgiendo? Si muere una esposa, si muere una madre, no hay nadie para llorarla, por eso has de con­tratar a plañideros profesionales. Están disponibles en Bombay, Calcuta, en las grandes ciudades, y hacen un trabajo tan bien he­cho que no puedes competir con ellos. Desde luego son más efi­cientes, practican diariamente, pero qué repugnante es cuando les pagas. Todo se ha vuelto falso.

La vida es falsa, la felicidad es falsa. Incluso el plañir es falso. Y tiene que ser así, tiene un significado lógico. Si nunca has sido realmente feliz con una persona ¿cómo puedes llorarla cuando muere? Es imposible. Si no has sido feliz con tu esposa, si no has conocido instantes de dicha con ella, cuando muera ¿cómo podrán brotar lágrimas auténticas de tus ojos? En lo más hondo de ti se­rás feliz, en lo más hondo sentirás cierta libertad: Ahora soy inde­pendiente, ahora puedo hacer lo que desee. La esposa era algo así como una cárcel.

Oí de un hombre que se estaba muriendo y su esposa le con­solaba diciéndole, "No te preocupes, antes o después me reuniré contigo".

El hombre le dijo, "Pero no me seas infiel". Debió de sentirse asustado. ¿Por qué este temor en el último momento? Este temor debió de estar siempre allí.

La esposa le prometió, "Nunca te seré infiel".

Por eso el hombre le dijo, "Si cometes un solo acto de infide­lidad hacia mí, me revolveré en mi tumba. Será muy doloroso pa­ra mí".

Diez años después la esposa murió. A las puertas del cielo San Pedro le preguntó, "¿A quién quieres ver primero?".

Ella contestó, "A mi marido desde luego",

San Pedro le: preguntó, "¿Cuál es su nombre?".

Ella le dijo, "Abraham".

Pero San Pedro le replicó, "Va a ser difícil para mí porque hay millones de Abrahams, que dame una pista sobre él".

La esposa se lo pensó y le dijo, "En su último suspiro dijo que si yo cometía alguna infidelidad hacia él, él se revolvería en su tumba".

San Pedro le dijo; "No digas más. Te debes referir a Abraham el "girador", el que se está revolviendo constantemente en su tumba. Durante diez años no ha tenido ni un sólo instante de paz. Y todo el mundo le conoce. No hay problema, le llamaré de in­mediato".

Ni fe, ni confianza, ni amor, ni felicidad alguna han surgido nunca de tus relaciones. Cuando la muerte llega, ¿cómo puedes llorarla? ¡Tu plañir será falso! Si tu vida es falsa tu muerte va a ser falsa. Y no creas que tú eres el único falso, todos los que te ro­dean, con todos los que te relacionas son falsos. Y vivimos en un mundo tan falso que es simplemente asombroso cómo podemos continuar".

Osho, El bote vacío