30 abr. 2008

Si es­tás vivo, ¿cuál es el problema?

"Chuang Tse está en su lecho de muerte, y cuando un hombre como Chuang Tse está en su lecho de muerte los discípulos debe­rían permanecer en el más estricto silencio. Este momento no de­be obviarse, porque la muerte es la culminación. Cuando Chuang Tse muere, muere en la cima. Sucede raramente que la consciencia alcance su culminación absoluta. Los discípulos deberían de estar en silencio, deberían contemplar lo que está sucediendo, de­berían mirar en lo hondo a Chuang Tse y no permitir que la men­te interfiriese ni empezar a preguntar cuestiones estúpidas.

Pero la mente siempre empieza a preguntar. Están preocupa­dos por el funeral y Chuang Tse está aún vivo. Pero la mente no está viva, no está nunca viva, la mente siempre piensa en térmi­nos de muerte. Para los discípulos, el Maestro está ya muerto. Están pensando en el funeral: qué hacer, qué dejar de hacer. Están creando un problema que en realidad no existe porque Chuang Tse está aún vivo.

Oí una vez de tres hombres que estaban sentados en un par­que, discutiendo sobre lo inevitable, la muerte. Uno de los hom­bres, de setenta y tres años, dijo: "Cuando muera me gustaría ser enterrado con Abraham Lincoln, el hombre más grande, querido por todos".

Otro dijo: "Me gustaría ser enterrado con Albert Einstein, el científico más grande, humanitario, filósofo, amante de la paz".

Luego ambos miraron al tercero, que tenía noventa y tres años.

Y dijo: "Me gustaría ser enterrado con Sofía Loren".

Los otros dos se sintieron molestos, se enfadaron y le dijeron, "Pero aún está viva". .

Y ese viejo contestó, "¡Y yo también!".

Este viejo debía de ser algo especial. Con noventa y tres años y dijo: "¡Y yo también!". ¿Por qué debería la vida preocuparse de la muerte? ¿Por qué debería la vida pensar sobre la muerte? Si es­tás vivo, ¿cuál es el problema? Pero la mente crea el problema. Y te confundes.

Sócrates se estaba mueriendo, y le ocurrió lo mismo que le ocurrió a Chuang Tse. Los discípulos estaban preocupados por el funeral. Le preguntaron: “¿Qué deberíamos hacer?

Se dice que Sócrates dijo: “Mis enemigos me dan veneno para matarme y vosotros planeáis como enterrarme, ¿quién es pues mi amigo y quién mi enemigo? Los dos estáis preocupados por mi muerte, nadie parece estar preocupado por mi vida”.

Osho, El bote vacío

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