30 abr. 2008

Tu vida se ha vuelto únicamente trabajo, sin diversión

"Tu vida se ha vuelto únicamente trabajo, sin diversión. La diver­sión es lo inútil, lo inmenso; el trabajo es lo útil, lo trivial, lo pequeño. Has llenado tu vida totalmente con el trabajo. Siempre que haces algo la primera cosa que te viene a la cabeza es, ¿Tiene al­guna utilidad? Si la tiene, la haces.

Sartre sitúa una de sus historias en el próximo siglo, el vein­tiuno. Un hombre muy rico dice, "El amor no es para mí, sólo es para los pobres. Por lo que a mí concierne, que mis sirvientes se lo queden".

Desde luego, ¿por qué debería un Ford perder el tiempo aman­do a una mujer? Un simple sirviente puede hacerlo. El tiempo de Ford es más valioso. Debería invertirlo en algo provechoso.

¡Es posible! Observando a la mente humana cómo funciona, es posible que en el futuro sólo los sirvientes hagan el amor. Cuando puedes delegar en un sirviente, ¿por qué ocuparte tú mis­mo? Cuando todo se mide en términos económicos, cuando un Ford, un Rockefeller pueden emplear su tiempo de una forma más adecuada, ¿por qué tendrían que malgastar su tiempo con una mujer? Pueden enviar a un sirviente, será menos problemático.

Parece absurdo hablar de estas cosas pero ya han ocurrido en muchas dimensiones de la vida. Nunca juegas, lo hacen tus sir­vientes. Nunca eres un participante activo en nada alegre, los de­más lo hacen por ti. Acudes a ver un partido de fútbol: otros lo juegan y tu tan sólo observas, eres un espectador pasivo, sin im­plicarte. Vas a ver una película, y otros están haciendo el amor, creando guerras, violencia, de todo; tu tan sólo eres un espectador en tu asiento. Es tan inútil que no necesitas preocuparte. Cualquiera puede hacerlo, tu tan sólo miras. El trabajo lo haces tu; la diversión, los demás por ti. ¿Y por qué no pues el amar? Usando la misma lógica, alguien lo hará.

La vida aparenta sin sentido porque su significado consiste en un equilibrio entre lo útil y lo inútil. Has negado lo inútil absolu­tamente. Has cerrado la puerta. Sólo queda lo útil y te abruma en demasía.

Es un síntoma de haber triunfado el que sobre los cuarenta ten­gas úlceras, demuestra que eres un triunfador. Si has superado los cuarenta y estás en los cincuenta y todavía la úlcera no ha apare­cido, eres un fracasado. ¿Qué has estado haciendo durante toda tu vida? Debes de haber estado perdiendo el tiempo.

A los cincuenta deberías de tener el primer ataque de cora­zón. Los científicos han calculado que hoy en día sobre los cua­renta un hombre debe de sufrir de úlcera, y a los cincuenta el pri­mer ataque de corazón. A los sesenta ha muerto y nunca ha vivi­do. No tenía tiempo para vivir. Había tantas cosas importantes que hacer, que no tuvo tiempo para vivir.

Mira a tu alrededor, mira a los triunfadores; políticos, millo­narios, grandes industriales, ¿qué les ocurre? No atiendas a lo que poseen, obsérvalos directamente, porque si miras las cosas serás engañado. Los objetos no tienen úlceras, los coches no tie­nen ataques de corazón, las casas no se hospitalizan. No atiendas a las cosas, sino serás engañado. Mira a la persona sin sus pose­siones, mírala directamente a ella y sentirás entonces su pobre­za. Incluso un mendigo puede ser entonces un millonario. Incluso un pobre puede ser más rico en lo que concierne a la vida.

El éxito fracasa, y nada fracasa tanto como el éxito, pues el hombre de éxito pierde su conexión con la vida, con todo. El hombre que triunfa está haciendo un mal trueque, cambiando lo real por lo irreal, tirando diamantes y coleccionando guijarros de colores de la playa; coleccionando guijarros y perdiéndose los diamantes.

Un rico es un perdedor, un triunfador es un fracaso. Pero debi­do a que miras con los ojos de la ambición atiendes a lo que se po­see. Nunca observas al político, ves su cargo, su puesto de primer ministro. Miras el poder, nunca miras a la persona que está senta­da ahí absolutamente inerte, perdiéndoselo todo, sin tener tan si­quiera un atisbo de lo que es la dicha. Ha comprado el poder, pe­ro al adquirirlo se ha perdido a sí mismo. Y es un mal negocio.

Oí una vez que, tras un mitin multitudinario, un líder político le gritaba a su manager. El manager no podía entenderlo. El líder le estaba diciendo, "¡He sido engañado!".

El manager le contestó, "No lo entiendo, el rally fue un éxito. Miles de personas acudieron, y ¡mira tus guirnaldas! Te han cu­bierto de flores, ¡cuéntalas! El líder le contestó, "He pagado doce y sólo hay once”.

Al final, todo triunfador siente que ha sido estafado. Eso tiene que ocurrir, ha de suceder, es inevitable, porque ¿qué estás dando y qué estás recibiendo? El yo interior se pierde por alcanzar pa­siones fútiles. Puedes engañar a los demás, pero ¿cómo podrás engañarte a ti mismo. Al final contemplarás tu vida y verás que te la has perdido por causa de lo útil.

Lo inútil debe de estar ahí. Lo útil es como un jardín, limpio, cuidado; lo inútil es como un bosque inmenso, natural, no puede ser tan limpio ni tan cuidado. La naturaleza tiene su propia belleza y cuando algo está tan limpio y arreglado, está ya muerto. Un jardín no puede estar muy vivo porque lo podas, lo cortas, lo ma­nipulas. Un gran bosque tiene una vitalidad, un alma muy pode­rosa. Métete en un bosque y siente el impacto; piérdete en un bos­que y sabrás de su poder. En un jardín no puedes sentir su poder; no está ahí, es hecho por el hombre. Puedes contemplarlo, es her­moso, pero es cultivado, está planeado, manipulado".

Osho, El bote vacío
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