4 nov. 2009

La religión es exactamente como el sexo

"Puedo hablarte del logos y tratar de explicártelo. Hasta podrías tener una vaga idea intelectual de él, pero eso no te dará entendimiento. Es como hablarle a un niño pequeño sobre el sexo. Puedes hablarle, apoyarte en todos los Freud y Wilhelm Reich del mundo, y hasta lograr que el niño escuche. ¿Pero puede el niño comprender de qué se trata? Si es muy inteligente, podrá entenderlo desde el intelecto, pero para comprender el sexo, se necesita un crecimiento biológico, una cierta madurez de las glándulas y las hormonas. Para comprender el sexo, el niño debe llegar a un punto en el cual lo desea; solamente entonces podrá comprenderlo, no antes.

Un día paseaba por la calle y delante de mí iban dos pequeños. Uno de ellos tendría siete años y el otro quizás ocho. El más pequeño le decía al mayor: "Todos los días voy al colegio con una niña. Le he llevado su maleta y sus libros siete veces y tres veces le he conseguido helado. ¿Qué piensas, debo besarla o no?.

El otro se quedó pensando y dijo: "Me parece que ya has hecho suficiente por ella. No creo que debas hacer nada más". Así son las cosas con los niños. No se le puede hablar de sexo a un niño. Primero, debe brotar el deseo sexual; el niño debe ser sexual primero. El mismo problema surge con la religión. No se le puede hablar a nadie sobre ella a menos que haya brotado el deseo.

La religión es exactamente como el sexo. El sexo es el deseo de encontrarse con el opuesto a nivel del cuerpo físico y la religión es el deseo de encontrarse con el opuesto en el nivel del ser. Es un deseo, una sed. Solamente se puede hablar de ella cuando se manifiesta... ¿Sientes la sed? ¿Ha surgido el deseo de encontrarte con el opuesto en el nivel del ser -no en el nivel del cuerpo o de la mente, sino en el nivel del ser, de la totalidad-? ¿Estás listo para ese salto? Sólo si estás listo, será posible el entendimiento".

Osho, La armonía oculta. Conversaciones sobre Heráclito
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