2 ago. 2010

Libre de la opinión de la gente

"Estar pendiente de uno mismo es una enfermedad porque estás constantemente consciente del yo: "¿Qué pensará la gente de mí? ¿Cómo me juzgarán? ¿Cuál es su opinión? Les caigo bien o no, me aceptan o me rechazan, me aman o no". Siempre el "me", el "yo", el ego sigue siendo el centro. Eso es una enfermedad. El ego es la mayor enfermedad que existe.

Y si cambias el foco, el énfasis; si el foco se mueve desde el yo a la consciencia, entonces no te preocupa si la gente te acepta o te rechaza. Cualquiera que sea su opinión, no importa. Entonces quieres ser consciente en cada situación. Te rechacen o te acepten, te amen o te odien, te llamen santo o pecador, eso no importa... Lo que digan, su opinión, eso es asunto suyo y su problema a solucionar por ellos mismos. Tú simplemente estás intentando ser consciente en cada situación.

Alguien viene, se inclina ante ti, cree que tú eres un santo: no te preocupes por lo que diga. Simplemente, permanece alerta, permanece consciente para que no te pueda arrastrar a la inconsciencia, eso es todo. Y alguien viene y te insulta y te tira un zapato viejo a la cabeza, tú no te preocupes por lo que está haciendo. Tú, simplemente, intenta estar alerta, para permanecer intacto; él no puede arrastrarte a ninguna parte.

En la apreciación o en la condena, en el fracaso o en el éxito, permanece igual. A través de tu consciencia, alcanzarás una tranquilidad que no puede ser molestada de ninguna manera. Te vuelves libre de la opinión de la gente.

Esa es la diferencia entre una persona religiosa y una persona política. Una persona política está pendiente de sí misma; el énfasis está en el yo, siempre preocupado por la opinión de los demás. Depende de la opinión de la gente, de sus votos. Al final, ellos son los jefes y los que deciden. Un hombre religioso es maestro de su propio ser; nadie puede decidir por él. Él no depende de tu voto o de tu opinión. Si vas a él, está bien. Si no vas a él, también está bien. No le crea problemas. Él es él mismo".


Osho, Aprender a silenciar la mente