19 may. 2008

¡Estamos profundamente dormidos!

"Somos incapaces de recordarnos incluso durante unos pocos segundos. Comienza tan sólo a contar tu aliento y recuerda cuántas inspiraciones eres capaz de contabilizar mientras recuerdas continuamente, recordando constantemente el proceso del respirar. El aliento que entra y el aliento que sale. Recuerda y cuenta. Cuentas hasta tres o cuatro, y ya te has olvidado. Algo distinto entra y ya te has olvidado. Y luego te acuerdas, "¡Oh, estaba contando, he contado tan sólo hasta tres y me he olvidado!".

El "recordar" es la cosa más difícil, porque estamos dormidos. ¡Estamos profundamente dormidos! Caminamos dormidos, hablamos dormidos, nos movemos, vivimos, amamos, lo hacemos todo estando dormidos, en un profundo sonambulismo. Una hipnosis profunda y natural. Por eso es por lo que hay tanta confusión y tanto conflicto, tanta violencia y tanta guerra. Es realmente un milagro cómo la raza humana ha sobrevivido. ¡Tan dormidos, y aún así nos las ingeniamos!

Pero estamos dormidos. Nuestro comportamiento no es un comportamiento al que podamos denominar alerta, atento, consciente. No lo estamos. Ni por un solo instante podemos ser conscientes de nosotros mismos. Pruébalo y siente cuán profundamente dormido estás. Si no me puedo recordar durante un solo minuto, durante sesenta segundos, ¡cuán dormido debo de estar!

Dos o tres segundos y el sueño se hace presente y dejo de estar ahí, ya me he ido. La consciencia ha sido abandonada, la inconsciencia ha entrado. Surge una densa oscuridad y, de nuevo, recuerdo que estaba intentando permanecer consciente.

P.D. Ouspensky estaba trabajando junto a Gurdjieff en este método de "recuerdo de sí". La primera vez que se encontró con Gurdjieff le dijo, "¿Qué quiere decir con "recuerdo de sí?". Yo me acuerdo de mí mismo. Soy P.D. Ouspensky".

Gurdjieff le dijo, "Cierra tus ojos y recuerda que eres P.D. Ouspensky, y cuando te olvides, dímelo. ¡Se honesto!".

Pasaron sólo dos o tres segundos y Ouspensky abrió los ojos y dijo, "He empezado a soñar. Olvidé que era P.D. Ouspensky. Lo he intentado tres o cuatro veces. Me he dicho a mí mismo, "Soy P.D. Ouspensky, soy P.D. Ouspensky, soy P.D. Ouspensky", y entonces un ensueño se presentó y deje de ser consciente".

A lo que Gurdjieff replicó. "El que tú sepas que eres P.D. Ouspensky, no es recuerdo de sí. En primer lugar no eres Ouspensky, y en segundo lugar esto no es recordarse. Cuando el recordarse se dé, tú serás el primero en negar que eres P.D. Ouspensky".


Durante tres meses Ouspensky lo intentó con toda su alma, a fondo. Cuanto más lo intentas más te das cuenta de lo duro que es. Cuanto más lo intentas más empiezas a sentir que "He estado dormido toda mi vida". Es una consciencia mecánica la que poseemos. Podemos funcionar con ella, hacer lo rutinario, pero nunca podemos profundizar. Durante tres meses, cuando lo intentó e intentó y se hizo consciente, surgió un nuevo pilar de consciencia. Cuando pudo sentir y permanecer consciente de forma permanente, Gurdjieff le pidió que fuera con él y saliera a la calle. Y Ouspensky dijo, "Por primera vez, en las calles de una gran ciudad, me di cuenta de que todo el mundo está dormido, de que todo el mundo se mueve en sueños. Pero yo había circulado por las mismas calles y nunca había sido consciente de ello. Y vi que todo el mundo estaba dormido, sólo que con los ojos abiertos". Se asustó tanto que tuvo que decirle a su Maestro, "No puedo seguir, tengo que regresar. Todos están tan dormidos que puede ocurrir cualquier cosa. No puedo seguir".

Siéntate junto a la calle y mira los ojos de la gente moverse. Te darás cuenta de que todos están encerrados en sí mismos. Nadie se da cuenta de lo que sucede a su alrededor. Alguno habla consigo mismo, algún otro mueve sus manos, haciendo gestos, puede que esté sumergido en algún sueño. Los labios se mueven, todos hablan por dentro; nadie es consciente de lo que sucede a su alrededor. Todos se mueven como autómatas. Van a sus casas, no necesitan ni recordar siquiera dónde están; se mueven automáticamente. Sus piernas se mueven, sus manos dirigen la dirección de sus automóviles, llegan a sus casas, pero todo el proceso en sí es sólo un sueño, una rutina mecánica. Los carriles están ahí y ellos lo único que hacen es circular por esos carriles. Por eso es por lo que siempre estamos temerosos de lo nuevo, porque entonces tenemos que crear nuevos carriles. Estamos asustados de lo nuevo porque con lo nuevo la rutina no funciona, y durante cierto tiempo debemos de estar alerta. Estamos siempre encajonados en nuestras fijas rutinas y estamos, en cierto modo, muertos. Una persona que duerme, en realidad está muerta. No se puede decir que esté viva".

Osho, La alquimia suprema, Vol. I
http://osho-maestro.blogspot.com