3 nov. 2008

¿Por qué no celebras ahora mismo?

"No hay ninguna necesidad de aplazar la celebración. Inmediata­mente, en este mismo instante, puedes celebrarlo. No necesitas nada más. Para celebrarlo sólo se necesita la vida... y a la vida ya la tienes. Para celebrarlo sólo es necesario el ser... y al ser ya lo tienes. Para celebrarlo son necesarios los árboles y los pájaros y las estrellas... y están aquí. ¿Qué más necesitas?. ¿Necesitas ser coronado y encerrado en un palacio de oro para celebrarlo? En realidad, entonces no sería posible. ¿Has visto nunca a un empera­dor riendo y bailando y cantando por las calles?. No. Está atrapa­do, es un prisionero --la etiqueta, los modales...

En algún lugar Bertrand Russell ha escrito que cuando por primera vez visitó una comunidad de primitivos aborígenes que vivía en la espesura de unas montañas, se sintió muy celoso; muy, muy celoso. Sintió que la forma en que ellos bailaban... era como si todos fueran emperadores. No tenían coronas, pero habían con­feccionado coronas con hojas y flores. Cada mujer era una reina. No tenían un Koohinoor, pero lo que tenían era mucho más; les era suficiente. Bailaron toda la noche y entonces cayeron dormidos allí mismo, en el sitio en que habían bailado. Por la mañana volvie­ron de nuevo a trabajar. Trabajaron durante todo el día y otra vez, por la noche, estaban preparados para celebrar, para bailar. Russel dice, "Ese día, sentí verdaderos celos. Yo no puedo hacerlo".

Algo ha ido mal. En ti hay frustración. No puedes bailar, no puedes cantar. Algo en tu interior te lo impide. Vives una vida mutilada. Para ti nunca ha sido importante que estuvieras parali­zado, pero vives una vida de incapacidad, vives como un inválido. Y continúas pensando que eres vulgar... entonces ¿cómo vas a celebrar?. No hay nada especial en ti. ¿Pero quién te dijo que para celebrar es necesario algo especial?. En realidad, cuanto más bus­ques lo especial, más y más difícil te será bailar.

Sé normal. No hay nada de malo en lo corriente, porque en tu normalidad, eres extraordinario. No te preocupes por las ­condiciones para decidir cuándo has de celebrar. Si te preocupas por satisfa­cer determinadas condiciones, ¿acaso piensas que entonces celebra­rás?. Nunca celebrarás; morirás como un mendigo. ¿Por qué no celebras ahora mismo?. ¿De qué careces?. Ésta es mi observación: si eres capaz de empezar ahora mismo, de inmediato la energía empezará a fluir. Y cuanto más bailes, más fluirá y te sentirás más capaz de celebrar.

El ego necesita condiciones que satisfacer; la vida no. Los pájaros pueden cantar y bailar; los pájaros son vulgares. ¿Has visto nunca a pájaros extraordinarios cantando y bailando?. ¿Aca­so piden ser primero un Raví Shankar o un Yehudi Mehudhin?. ¿Necesitan primero ser grandes cantores y acudir a academias de música para aprender y empezar entonces a cantar?. Simplemente danzan y simplemente cantan; no necesitan ninguna preparación.

El hombre ha nacido con la capacidad de celebrar. Cuando incluso los pájaros son capaces de celebrar, ¿por qué no tú?. Pero creas barreras innecesarias, creas una carrera de obstáculos. No hay barreras. Eres tú el que las pone y entonces dices, "A menos que las traspasemos y las saltemos, ¿cómo vamos a bailar?". Lu­chas contigo mismo, te mantienes dividido contra ti mismo, eres el enemigo de ti mismo. Y todos aquellos que predican en el mundo, insisten en decirte que eres corriente y que por tanto ¿cómo vas a atreverte a celebrar?. Has de esperar. Primero has de ser un Buda, primero has de ser un Jesús, un Mahoma y entonces podrás.

Pero el caso es justamente el opuesto. Si eres capaz de bailar, entonces eres ya un Buda. Si eres capaz de celebrar, entonces eres ya un Mahoma. Si eres capaz de ser dichoso, entonces ya eres un Jesús. Lo contrario no es cierto, lo contrario es una falsa lógica. Dice: primero sé un Buda y entonces podrás celebrar. Pero ¿cómo podrás ser un Buda sin celebrar?. Y yo te digo, "¡Celebra y olvídate de todos los Budas!". En tu celebración descubrirás que te has convertido en un Buda. Los místicos Zen insisten, "El Buda es la barrera; olvídalo".


Osho, Yoga: la ciencia del alma, Vol. IV
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