6 nov. 2008

Recuerda siempre que tú eres tú. No eres ni Vivekananda, ni Buda, ni yo.

"Hace tan sólo unos días un joven acudió a mí. Preguntó, "¿Es bueno para mí que me case? Porque no quiero casarme ya que siento una inclinación espiritual". Yo le pregunté, "¿Has leído a Vivekananda?". Él contestó: "Sí, Vivekananda es mi gurú". En­tonces le pregunté, "¿Qué otros libros has leído?" Él dijo, "Sivananda, Vivekananda y otros Maestros". Le pregunté, "Esta idea de no casarte, ¿ha surgido de ti, o de Vivekananda y Sivananda y compañía?. Porque si sale de ti es absolutamente perfecta". Él dijo, "No, porque mi mente continúa pensando en el sexo, pero Vivekananda debe tener razón cuando dice que uno ha de luchar contra el sexo, pues si no, ¿cómo vas a mejorarte?. Uno ha de alcanzar la espiritualidad".

Éste es el problema. Ahora Vivekananda está añadiendo agua a la leche. Puede que fuera correcto para Vivekananda permanecer célibe; eso lo ha de decidir él. Pero si resultó influenciado por Buda y por Ramakrishna, entonces él también es impuro.

Uno ha de seguir su propio ser y su propia naturaleza; se ha de ser muy sincero y auténtico. Los caminos son infinitos y los abis­mos millones. La carretera se bifurca en muchas, muchas dimen­siones y direcciones. Puedes perderte. Tu mente piensa en el sexo; la enseñanza de Vivekananda dice, "¡No!" Y entonces, has de decidir. Te has de mover de acuerdo a tu mente.

Le dije al joven, "Es mejor que te cases". Y entonces le conté una anécdota.

Sócrates fue uno de los maridos que más sufrió en toda la his­toria. Su mujer, Xantipe, fue una de las mujeres más peligrosas. Las mujeres son peligrosas, pero ella fue la mujer más peligrosa. Pegaba a Sócrates. Una vez volcó el contenido de la tetera sobre su cabeza. Para el resto de su vida conservó media cara quemada. ¡Preguntarle a un hombre así qué hacer!... Un joven le preguntó, "¿Debería o no debería casarme?". Obviamente esperaba que Sócrates le dijera, "¡No!" --había sufrido mucho por eso. Pero él le contestó, "Sí; deberías casarte". El joven le dijo, "Pero ¿cómo puedes decir esto? He oído mucho rumores sobre ti y tu esposa". Él contestó, "Sí; te digo que deberías casarte. Si te casas con una buena esposa, serás feliz, y gracias a esa felicidad desarrollarás muchas cosas porque la felicidad es algo natural. Y si te casas con una mala esposa, entonces se desarrollarán el desapego y la renunciación. Te convertirás en un gran filósofo como yo. En ambos casos resultarás beneficiado. Cuando acudes a preguntar­me si te has de casar, la idea de casarte está en ti, ¿cómo si no ibas a venir?"

Le dije a ese hombre, "Has venido a preguntarme esto. Esto demuestra que Vivekananda no ha sido suficiente; tu naturaleza todavía sobrevive. Deberías casarte. Sufre, disfruta, tanto del dolor como el placer. Pasa de uno a otro y a través de la experiencia, madurarás lo suficiente. Una vez hayas madurado --no gracias a Vivekananda, ni a lo que diga otro, sino a que tú mismo hayas alcanzado la madurez y estés a punto-- la estupidez de la sexuali­dad desaparecerá; desaparece. Entonces surge el brahmacharya; surge el verdadero celibato, surge el puro celibato. Pero eso es distinto".

Recuerda siempre que tú eres tú. No eres ni Vivekananda, ni Buda, ni yo. No te dejes influenciar; el dejarse influenciar es aceptar impurezas. No te dejes influenciar; esa influencia es una impureza. Mantente alerta, observa, ve, y a menos que algo encaje con tu naturaleza, nunca lo aceptes; no es para ti o tú no eres para eso. Sea cual sea la situación, en este instante no es para ti. Has de avanzar mediante tu propia experiencia. El sufrir también es necesario para que alcances tu madurez, tu punto de madurez. Nada se obtiene deprisa.

La vida es eterna, no tiene prisa. No le falta tiempo. La vida es absolutamente paciente; en ella no hay impaciencia. Puedes ir a tu paso, no necesitas tomar atajos. Nadie nunca ha ganado nada a través de los atajos. Si tomas un atajo, ¿quién te va a proporcionar la experiencia del largo, largo viaje?. Te lo perderás. Y tienes todas las probabilidades de que vuelvas a ella y todo habrá sido una pérdi­da de tiempo y energía. Los atajos son siempre una ilusión. Nun­ca elijas el atajo; elige siempre lo natural. Puede que te lleve más tiempo; acéptalo. Así es como crece la vida; no puedes cambiarlo".

Osho, Yoga: la ciencia del alma, Vol. IV
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