14 nov. 2008

Tú tienes tu espacio, tu amante tiene su espacio. Y ahora hay que ser respetuoso y no interferir de ninguna forma en el espacio del otro

En mi relación a menudo me pierdo a mí misma y em­piezo a sentirme cerrada. ¿Qué puedo hacer?

Este es uno de los problemas fundamentales del amor. Todos los que aman tienen que aprenderlo; nadie nace sabiéndolo. Llega muy, muy despacio y a través de mucho dolor, pero cuanto antes llegue, mejor, que toda persona necesita su propio espacio, que no deberíamos interferir en ese espacio. Interferir es muy natural para los amantes, porque empiezan a tomar al otro por supuesto. Em­piezan a pensar que ya no están separados. No piensan en términos de "yo" y "tú"; empiezan a pensar en términos de "nosotros". También sois eso, pero sólo de vez en cuando.

«Nosotros» es un fenómeno poco frecuente. Alguna vez, du­rante algunos momentos, los amantes llegan al punto en que esa palabra tiene sentido, en que pueden decir "nosotros", en que "yo" y "tú" desaparecen el uno en el otro, en que los límites se super­ponen. Pero estos son momentos excepcionales; no deberían to­marse por supuestos. No podéis permanecer "nosotros" las veinti­cuatro horas del día, pero es eso lo que exige todo amante, y eso crea sufrimiento innecesario.

Cuando os acercáis de vez en cuando, os hacéis uno, pero esos son momentos excepcionales, preciosos, que deben ser celebrados, y no podéis hacer que sean una cosa continua. Si lo intentáis, los destruiréis; entonces se perderá toda la belleza. Cuando ese mo­mento se ha ido, se ha ido; de nuevo sois "yo" y "tú".

Tú tienes tu espacio, tu amante tiene su espacio. Y ahora hay que ser respetuoso y no interferir de ninguna forma en el espacio del otro; no hay que invadirlo. Si lo invades, hieres al otro; empie­zas a destruir la individualidad del otro. Y como el otro te ama, seguira tolerándolo. Pero tolerar es una cosa; no es algo muy bello. Si el otro está sólo tolerándolo, entonces tarde o temprano se ven­gará. El otro no puede perdonarte, y sigue cargándose, un día, y otro, y otro... Has interferido con mil y una cosas, y todas se acu­mulan, y luego un día explotan.

Por eso los amantes se pelean tanto. Esa pelea se debe a esta constante interferencia. Y cuando interfieres en su ser, él trata de interferir en el tuyo, y nadie se siente bien así.

Por ejemplo, él se siente feliz y tú te sientes abandonada por­que tú no te sientes feliz. Sientes como si te hubiera engañado. "¿Por qué está tan feliz?". Los dos deberíais sentiros felices, esa es tu idea. Eso sucede de vez en cuando. Pero a veces sucede que él está feliz y tú no estás feliz, o tú estás feliz y él no. Tenemos que comprenderlo, que uno tiene todo el derecho a sentirse feliz sin el otro... incluso si duele. Te gustaría participar, pero no estás así. Si insistes, todo lo que puedes hacer es: puedes matar su felicidad... y los dos perdéis de esa forma, porque si matas su felicidad, cuando tú sola estés feliz él matará tu felicidad. Poco a poco, en vez de
ha­cernos amigos, nos volvemos enemigos...

El requisito básico es que hay que dar al otro libertad absoluta para que sea él mismo.

Si está feliz, alégrate, está feliz. Si puedes estar feliz y partici­par en su felicidad, bien. Si no puedes, déjalo solo. Si está triste, si puedes participar en su tristeza, bien. Si no puedes participar y te apetece cantar y te sientes feliz, déjalo solo. No lo arrastres con lo que tú quieres; déjalo a su aire. Así, poco a poco, surge un gran res­peto mutuo. Este respeto se vuelve el cimiento del templo del amor".

Osho, El Libro de la Mujer
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