12 oct. 2009

Dios no tiene otras manos que las tuyas

"Confía en Alá, pero antes ata el camello". Me gusta este dicho sufí, pero no sé quién o qué es el ca­mello.

"Es cambiante. El camello no es una entidad fija, se mani­fiesta en todo tipo de formas y tamaños. El camello es sólo un símbolo. Simplemente está diciendo una cosa: no seas pasivo. Dios no tiene otras manos que las tuyas. Confía en Alá, con­fía en Dios, pero eso no debe ser una excusa para que te vuel­vas sucio y perezoso.


Hay tres tipos de personas en el mundo. Unas que piensan que tienen que hacer algo; son las hacedoras. No confían en el todo, en la englobante totalidad. Simplemente viven de su pe­queña, pequeña energía, y naturalmente son derrotadas una y otra vez y demuestran ser unas fracasadas. Si vives sólo de tu diminuta energía en contra de la vasta energía que te rodea, vas a ser un perdedor, estás desahuciado. Y sufrirás grandes agoní­as y angustias. Toda tu vida será una continua desgracia.

El segundo tipo de persona es aquella que piensa: "Si Dios está haciéndolo todo, no necesito hacer nada. No tengo que hacer nada". Simplemente se sienta y espera. Su vida se vuel­ve cada vez más perezosa, y llega un momento en que deja de vivir, simplemente vegeta.

Esos dos tipos representan Oriente y Occidente. Occiden­te representa el hacedor, el tipo activo, y Oriente, el no hace­dor, el tipo pasivo. Occidente se está volviendo loco él solo. El problema de la humanidad occidental es la excesiva actividad, la falta de con­fianza, la exagerada dependencia de un mismo tipo: "Tengo que hacerlo todo"; "Estoy sólo"; "A la existencia no le importo nada". Naturalmente esto produce ansiedad, y la ansiedad es abrumadora, inaguantable. Produce todo tipo de neurosis, psico­sis; mantiene a las personas en vilo, tensas, nerviosas...


Oriente ha tenido demasiado éxito en relajarse, en estar excesivamente en un estado de dejarse llevar. Se ha vuelto muy perezoso. La gente sigue muriendo, pasando hambre, y están felices así, no les preocupa, confían en Dios. Se adaptan a cualquier tipo de situaciones horribles. Nunca cambian nada. Son grandes dormilones, y hay una cierta calma y tran­quilidad en ellos, pero están vegetando... Ni ellos hacen nada, ni a nadie le preocupa. "¡Debe de ser el deseo de Alá!".

Este dicho sufí quiere crear un tercer tipo de hombre, el hombre real: que sabe cuándo hacer y cuándo no hacer; que puede ser un hacedor cuando lo necesita y decir ¡sí!, y puede ser pasivo cuando lo necesita y decir ¡no!; que está absoluta­mente despierto durante el día y completamente dormido du­rante la noche; que sabe cuándo inhalar y cuándo exhalar; que conoce el equilibrio de la vida...


Tú haz todo lo que esté en tu mano: eso no garantiza el resultado, no es una garantía. Por eso haz todo lo que tú puedas, y luego pase lo que pase, acéptalo. Ese es el significado de atar el camello: haz todo lo que esté a tu alcance, no evites tu responsabilidad, y luego, si no sucede nada o algo va mal, confía en Alá. Él sabe más".

Osho, La sabiduría de las arenas. Charlas sobre sufismo
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