20 mar. 2010

Haz lo que quieras hacer... Hazlo porque te gusta. Hazlo porque te sientes feliz haciéndolo. Hazlo porque lo amas.

"Los padres intentan forzar en ti alguna utilidad. Les preocupa que te conviertas en un vagabundo, que vayas a ser un trotamundos. Les preocupa que puedas llegar a ser inservible. Les preocupa que acabes sin demostrar que sirves para algo en este mundo. ¿Quién te apreciaría entonces?

Sus egos están preocupados porque están planeando dar cierta satisfacción a sus egos insatisfechos. Sus padres hicieron lo mismo con ellos; ahora ellos lo hacen por ti. Y tú harás lo mismo con tus hijos.

Los muertos te acechan. Puede que tu padre esté muerto, pero no deja de acecharte. Siempre que te relajas, escuchas la voz de tu padre: "Pero ¿qué haces? ¡Estás haciendo el vago! ¡Haz algo!", y saltas de tu pereza y corres para hacer algo porque te estás volviendo inservible.

Como todo el mundo ha sido condicionado para ser de cierta utilidad, surge la pregunta: "¿Para qué?". Y si no puedes hallar la respuesta, te sientes muy confundido y perplejo. Suelta todas esas pamplinas. Te basta ser como eres.

No estoy diciendo que seas un vago. No estoy diciendo que seas un parásito. Estoy diciendo que vivas tu vida como un valor intrínseco. Haz lo que quieras hacer, pero no para demostrar que eres útil. Hazlo porque te gusta. Hazlo porque te sientes feliz haciéndolo. Hazlo porque lo amas. Y de repente todo cambia de color y se torna luminoso.

Mis propios padres querían que yo fuese científico: sí, un científico puro, médico o ingeniero, por lo menos. Les traicioné. Ahora lo han olvidado por completo y son felices. Son gente muy buena y sencilla. Pero en aquella época les traicioné, se sintieron muy heridos. Esperaban mucho de mí.

Todos los padres esperan, y a través de su esperanza destruyen a sus hijos.

Has de liberarte de tus padres, igual que un bebé ha de salir del vientre de su madre un día u otro. Ha de dejar a la madre, por doloroso que sea, y por muy vacía que pueda sentirse ésta, pero el niño ha de salir.

Luego, más adelante en la vida, el hijo ha de liberarse de las expectativas de los padres. Sólo entonces, por primera vez, se convierte en un ser por derecho propio, en sí mismo. Entonces se sostiene sobre sus pies. Entonces se libera de verdad.

Y si los padres ponen atención, si se tornan más comprensivos, ayudarán a los hijos a ser todo lo libres que les sea posible y todo lo pronto que resulte factible. No condicionarán a los hijos para que sean útiles; ayudarán a sus hijos a ser amantes.

Hay todo un mundo que espera a nacer, donde la gente trabajará... El carpintero trabajará porque ama la madera. El profesor enseñará en el colegio porque le encanta enseñar. El zapatero hará zapatos porque le gustará hacer zapatos.

Ahora mismo está sucediendo algo muy confuso. El zapatero se ha convertido en cirujano; el cirujano se ha convertido en zapatero. Ambos están furiosos. El carpintero se ha convertido en político; el político se ha convertido en carpintero. Ambos están furiosos.

Toda la vida parece muy furiosa. Fíjate en la gente, todo el mundo parece cabreado. Todo el mundo parece estar en un sitio en el que no debería estar. Todo el mundo parece ser un inadaptado. Todo el mundo parece estar insatisfecho a causa de este concepto de utilidad, que es obsesivo...

Los padres siempre esperan, y su esperanza se torna venenosa. Permíteme decirte que ames a tus hijos, pero que nunca tengas esperanzas de obtener algo a través de ellos.

Ama a tus hijos todo lo que puedas y haz que sientan que se les quiere por sí mismos, y no por la utilidad que pudieran tener. Ama muchísimo a tus hijos y hazles sentir que se les acepta tal cual son: no han de satisfacer demanda alguna. El que hagan esto o lo otro no implicará ninguna diferencia en cuanto al amor que se les da. El amor es incondicional.

Así es como puede crearse un mundo totalmente nuevo. Entonces la gente pasaría a hacer de manera natural aquello que le gusta. La gente iría de manera natural en la dirección en que se sintiesen fluir...

A menos que estés satisfecho, a menos que hayas encontrado algo que no sólo sea una profesión sino algo parecido a una vocación, nunca podrás sentirte feliz respecto a tus padres, porque ellos son los que te han traído a este mundo miserable. No puedes sentirte agradecido; no hay nada que agradecer. Pero una vez que te sientes satisfecho, entonces te sentirás tremendamente agradecido.

Y esa satisfacción es sólo posible si no te conviertes en una cosa. Tu destino es convertirte en una persona. Tu destino es convertirte en un valor intrínseco. Tu destino es llegar a ser un fin en ti mismo".

Osho, Nirvana, la última pesadilla. Charlas sobre el zen