24 mar. 2015

El hombre que tenga miedo a la muerte tendrá miedo a la vida, tendrá miedo al amor, porque el amor es una flor.

          "La gente que tiene demasiado miedo a la muerte llega a tener miedo a la vida. Entonces empiezan a acumular bienes: un gran palacio, un gran automóvil, millones de dólares, de rupias, esto y lo otro...objetos inmortales. Una rupia es más inmortal que una rosa. No se interesan por las rosas; sólo siguen acumulando rupias. Una rupia nunca muere, es casi inmortal; pero una rosa...Por la mañana estaba viva y por la tarde ha dejado de existir. Ellos sienten temor hacia las rosas; no las miran. O, a veces, si surge el deseo, compran flores de plástico. Están muy bien; puedes estar tranquilo con las flores de plástico porque te ofrecen la sensación de inmortalidad. Perduran por y para siempre. Una auténtica rosa por la mañana está viva; por la tarde, se ha marchitado, los pétalos han caído al suelo, ha vuelto al origen mismo. Surge de la tierra, florece un rato y lanza su fragancia a toda la Existencia. Entonces, misión cumplida, mensaje entregado. Vuelve en silencio a la tierra y desaparece sin una sola lágrima, sin luchar. ¿Has visto cómo caen a tierra los pétalos de una flor? ¡De qué bella manera y con qué gracia caen!  Sin aferrarse; ni por un instante intentan retenerse. Sopla una brisa y toda la flor cae a tierra, vuelve a su origen.
          El hombre que tenga miedo a la muerte tendrá miedo a la vida, tendrá miedo al amor, porque el amor es una flor; el amor no es una rupia. El hombre que tiene miedo a la vida podrá casarse, pero nunca se enamorará. El matrimonio es como una rupia; el amor es como una rosa... Un matrimonio es algo a lo que aferrarse; supone una certificación, una fuerza legal. Tras él están la fuerza de la policía y del presidente; todos ellos aparecerán si algo sale mal.
          Pero con el amor...tiene la fuerza de las rosas, evidentemente, pero las rosas no son policías, no son presidentes, no pueden protegerlo. El amor viene y va; el matrimonio simplemente viene. Es un fenómeno muerto, es una institución...
          La conciencia puede asumir dos posiciones. Una es tener miedo a la vida porque a través de la vida llega la muerte. Otra es amar a la vida tan intensamente que empieces también a amar a la muerte porque es el centro más profundo en ti.  La primera surge del pensamiento; la segunda actitud surge de la meditación...
          Si la conciencia se vuelve meditativa entonces aceptas la muerte, entonces la muerte no es algo aparte; eres tú. Entonces aceptas la muerte como un reposo; entonces aceptas la muerte como una última relajación; entonces la aceptas como una jubilación. Te retiras. Durante todo el día has estado trabajando duramente; por la tarde vienes a casa y entonces te vas a dormir, te retiras".

Osho, Tao. Los tres tesoros, Volumen II
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