12 ene. 2008

¡Ahora ya nadie podrá obligarme a fumar!

"Yo vivía con un amigo. Un día se quedó muy preocupado al ver a su hijo fumando. Su hijo era muy pequeño, no más de diez años, y él se quedó muy preocupado. Era un hombre muy bueno, muy religioso. Y me preguntó:

- ¿Qué puedo hacer?

Yo le dije:

- Tráeme un paquete y envíame a tu hijo.

Y obligué al muchacho a que fumara veinte cigarrillos, amenazándole con pegarle si no se acababa el paquete entero. Llorando y quejándose, fumando y tosiendo, conmigo allí de pie con un palo para pegarle.... ¡se acabó! Me dijo:

- ¡Ahora ya nadie podrá obligarme a fumar!

Es bueno que lo malo sea asociado con la esclavitud... pero no ocurre así. Tu padre no quiere que fumes, tu madre no quiere que fumes. De súbito surge en ti el impulso de liberarte de todo esto. Quisieras fumar; eso te proporciona un sentimiento de libertad, de independencia. Te da la sensación de ser tú mismo, de no preocuparte de todo lo que la gente dice. Ellos, realmente, te están obligando a fumar.

Si prohíbes algo, estás obligando a la gente a hacerlo. Prohíbe algo y eso se volverá más y más atractivo. Permítelo y será olvidado".

Osho, Tao Los tres tesoros, volumen III